Tramité mi permiso de cannabis y me lo negaron. Esto fue lo que pasó

Todo empezó con una simple pregunta: ¿por qué no puedo consumir libremente cannabis? Siendo sincero nunca me había preguntado por qué no se puede y, sobre todo, cuáles son las sanciones por hacerlo. Me había quedado en el imaginario colectivo de que simplemente está prohibido. Y entonces empecé a preguntarme con más insistencia “¡¿Por qué no se puede?!”. Fue así que me embarqué en una travesía por entender lo que no se puede, pero también, lo que sí. Porque si uno busca en Google “cannabis” o “marihuana” y “México”, aparecerán miles de resultados difíciles de traducir en peras y manzanas: que si no es legal, que si sí lo es, que si los diputados, que si los pacientes con permiso, que si los amparos, que si las zonas libres de consumo y un montón de cosas más, pero ninguna noticia me respondía algo tan sencillo y claro: por qué no puedo consumir. O por lo menos por qué no se podía, porque pronto me quedó claro —con la ayuda y explicación de varias personas expertas— que consumir no es un delito. Entonces en teoría sí puedo consumir libremente cannabis.

Ilustración: Izak Peón

Por más valiente que me sienta después de haberme enterado que consumir no es un delito, siempre he temido que la policía me detenga por hacerlo. Incluso si estoy en mi departamento: que algún vecino se moleste por el humo, llame a una patrulla y me lleven. Y peor aún, que, por esa detención, falte a mis tareas diarias de adulto funcional promedio; desde ir al trabajo, cuidar de mi familia, alimentar a mis mascotas, y que mi mamá se arrepienta de haberme dado la vida porque me detuvieron por consumir. Por eso decidí entrevistarme con abogadas especialistas en la materia quienes me aclararon por qué consumir no es delito, pero poseer sí.

Resulta que por tener marihuana en la bolsa de mi pantalón la policía sí me puede detener. A esto se le llama delito de posesión simple y que me detengan dependerá de dos cosas: que yo no cuente con un permiso de consumo y el gramaje, o sea, la cantidad que me cupo en la bolsa. Hasta el momento, la cantidad máxima es de cinco gramos aproximadamente, y si me paso y no tengo mi permiso, pues directo al Ministerio Público. Esta cantidad está escrita en el artículo 478 y 479 de la Ley General de Salud, en donde se menciona que el Ministerio Público no ejercerá acción penal en contra de una persona que sea farmacodependiente o consumidora, y posea para su estricto consumo personal, hasta cinco gramos de cannabis sativa, índica o marihuana.

Fuente: Ley General de Salud

Con esto en mente, pasé de preguntarme por qué no podía consumir, a preguntarme si me detienen, ¿qué me puede pasar? Y como aquí las preguntas se empezaban a tornar cada vez más difíciles tuve que abrir WhatsApp y preguntarle a quien sí sabía del asunto. Contacté a Víctor, un viejo amigo, abogado litigante que ha defendido por años, y de manera creativa, casos de personas que requieren de un acceso a medicamentos y el uso de determinadas drogas. A Víctor lo conocí cuando trabajábamos juntos en México Unido Contra la Delincuencia. Luego vino la pandemia y nuestros destinos se separaron. Le escribí y ahí y me enteré que en 2022, fundó, junto con un grupo de abogadas talentosísimas, una organización llamada Di-sentir, la cual tiene como uno de sus principales objetivos: “Defender, por todos los medios legales, judiciales y extrajudiciales que resulten procedentes, los derechos e intereses de la sociedad, especialmente de personas o sectores vulnerables”.

Reconecté con él para despejar mis dudas porque me negaba a creer que, en México, por esa cualidad pintoresca del México mágico sea justificable que consumir no sea un delito, pero poseer sí. ¿Qué clase de chiste malo es esto? Es decir, la marihuana no se da de a gratis, no aparece mágicamente en mis manos ni cae como gotas de agua junto con la lluvia. No puedo consumir sin poseer, tan simple como eso; además hay que traerla de algún lado y esa transportación (entre otras acciones) sí amerita sanción. Insisto: qué clase de chiste malo es este que me dice que sí puedo consumir, pero no puedo poseer. Es como si hoy en día la cerveza no estuviera regulada y me dicen que sí puedo beber cerveza pero no puedo tenerla. ¿Qué incongruencia es ésta? Y aquí es cuando la cosa se empieza a poner interesante porque el diablo está en los detalles y, en este caso, para consumir cannabis hay que poseer.

Si porto marihuana, camino por la calle y no tengo un permiso, la policía puede detenerme y lo más probable que me ocurra es que me extorsionen o me lleven al Ministerio Público. Como en las películas y noticias me sembrarán otras y más drogas y me presentarán como narcomenudista. Entonces, lo que yo tendría que hacer es comprobar que no, que no estaba traficando drogas y que lo que yo estaba portando era única y exclusivamente para mi uso personal. Planteando este escenario imaginario es que también tuve que preguntarme: ¿cómo le hago entonces para poseer sin que me lleven a la cárcel? Pues las abogadas de Di-Sentir me lo confirmaron: sí se puede poseer, pero teniendo un permiso. Es decir, puedo consumir libremente en mi casa porque existe un permiso que lo posibilita, pero puedo hacerlo siempre y cuando no lo haga frente a niños o personas que no autoricen que consuma cerca de ellas. Es un permiso exclusivo para un consumo personal y sólo en el ámbito de lo privado, pues en espacios públicos no está permitido.

Esta licencia o permiso se llama autorización para consumo personal de cannabis con la cual puedo —siempre y cuando sea sólo para mi consumo personal y adulto— consumir. ¡¿Y cómo obtengo ese permiso?! Lo que hice (y cualquiera lo puede hacer si aún no lo ha hecho) fue registrarme aquí, llenar un formulario con mis datos como nombre, dirección, RFC, CURP y agendar una cita para dejar documentación en físico. El trámite es verdaderamente sencillo. Me atrevería a decir que igual o más rápido que sacar un pasaporte o una licencia de conducir. Con la cita agendada fui a las oficinas de Cofepris en la colonia Nápoles, en Ciudad de México, dejé copia de mi identificación y escrito libre en el que justifiqué por qué estaba tramitando mi permiso y el resto fue esperar aproximadamente unos cuatro meses.

No negaré que cuando fui a tramitar mi permiso noté que, al saludar a los policías mal encarados, estos me lanzaban una ligera mirada juzgadora o de desdén. Pero entendí rápida y compasivamente que sus caras de enojo, disgusto o preocupación en realidad son apenas una mínima expresión de uno de los eslabones más bajos de esta cadena de irregularidades en las que el Estado es incapaz de regular el mercado de drogas. Y su único papel es permitir la entrada de personas de 9 am a 5 pm. Tan simple como eso.

Cofepris está cerca de la Avenida de los Insurgentes y luce como cualquier oficina de gobierno promedio: hay que apuntarse en libros de registro sobre una mesa blanca después de haberse formado en la fila con cita, o en la de sin cita. La gente de recepción y quienes atienden los trámites son medianamente rápidos y accesibles. Hasta sonrientes diría yo; sus escritorios llenos de objetos de cualquier oficinista de gobierno promedio como una bocina pequeña sonando los Ángeles Azules, fotos de sus familia, estampas y juguetes, vasos coleccionables del último Vive Latino al que fueron, la bolsa de basura de alguna galleta, recuerditos de algún viaje y folders amarillos. Los sillones de espera son cómodos y coloridos. Al final demoré media hora en solicitar mi permiso y firmar mi salida. Rápido.

Para quien no sepa a este momento qué es la Cofepris, pues es la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios, depende de la Secretaría de Salud del Gobierno Federal y su misión es (cito) “ proteger a la población contra riesgos a la salud provocados por el uso y consumo de bienes y servicios, insumos para la salud, así como por su exposición a factores ambientales y laborales, la ocurrencia de emergencias sanitarias y la prestación de servicios de salud mediante la regulación, control y prevención de riesgos sanitarios”. Durante la pandemia escuchamos mucho su nombre porque fue la institución encargada de aprobar las vacunas contra el covid-19.

Dicho en palabras de Andrea de Di-sentir: “Cofepris es la policía de la salud. Da licencias o permisos a personas o establecimientos. Y aunque actualmente depende de la Secretaría de Salud, en realidad es un Órgano Desconcentrado”. Pero hacen muchas cosas más: cuando yo esperaba para dejar mis documentos paré oreja y escuché de personas propietarias de consultorios o asilos que iban tramitar, por ejemplo, permisos para usar sustancias para pacientes y adultos mayores y la aplicación de sus tratamientos médicos. Y como eso, un montón de cosas, entre ellas la que me importaba a mí: obtener mi permiso de uso adulto de cannabis. En teoría.

Aquí es importante señalar que si bien Cofepris emite permisos (llámese aquí, el Poder Ejecutivo) quien debe emitir una regulación es el Poder Legislativo (Diputados y Senadores), pues son quienes definen las normas que sustentan leyes, en este caso para la regulación del cannabis y muchas otras drogas. ¿Y qué ha hecho el Congreso? Pues nada de lo esperado, la verdad. Desde 2018, es decir, desde hace seis años, el Congreso no ha hecho su trabajo. Seis años. Ni mi abuela con su bacalao congelado para el próximo año se atrevió a tanto.

Y no han hecho nada, o muy poco, porque lo que ocurrió el 28 de junio de 2018 fue un verdadero hito: la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) —que es el último de los tres Poderes de la Unión que me faltaba mencionar (Ejecutivo, Legislativo y Judicial)— emitió la Declaratoria General de Institucionalidad o DGI 1/2018 ¿Y qué significó esto? Pues que el máximo órgano encargado de impartir justicia en México siempre en aras de los derechos humanos y dando la protección máxima al individuo sobre la garantía y ejercicio de los mismos, resolvió que debía eliminarse la prohibición absoluta del consumo lúdico o recreativo de marihuana. Esto porque prohibir su consumo, transgrede y viola los derechos humanos de las personas.

Dicho en palitos y bolitas, pero para estudiantes de licenciatura de diseño gráfico: en la DGI 1/2018 la SCJN resolvió sobre la inconstitucionalidad de los artículos 235, último párrafo, y 247, último párrafo, de la Ley General de Salud, ya que estaban negando cualquier actividad de autoconsumo de cannabis a través del sistema administrativo de prohibiciones del consumo recreativo de los componentes de cannabis sativa, índica y americana, su resina, preparados y semillas, y el psicotrópico THC (tetrahidrocannabidol). Y como esto era inconstitucional por violar el derecho al libre desarrollo de la personalidad (previsto el artículo 1.° de la Constitución Política Mexicana), fue que la SCJN entró al quite y emitió la DGI 1/2018. Sus principales efectos fueron: la eliminación definitiva de los artículos 235 último párrafo, y 247 último párrafo, de la Ley General de Salud, un llamamiento al Congreso de la Unión para que legislara la regulación de las actividades de autoconsumo de cannabis y, finalmente, una orden a Cofepris para establecer los lineamientos y modalidad para la adquisición de la semilla de cannabis.

Menciono este breve resumen porque es importante y porque puede ayudar a entender el juego de pasarse la bolita entre nuestras autoridades, y en medio, como siempre afectadas, las personas usuarias. La SCJN detectó que había una falta de atención y resolvió en apego a la garantía de los derechos humanos asegurando que el sistema prohibitivo estaba mal. Y entonces le ordenó al Congreso regular el mercado de cannabis en aquel 2018. Pero los días, semanas, meses y años pasaron. El Congreso de la Unión desobedeció el plazo de noventa días que le otorgó la DGI 1/2018 para legislar sobre el uso recreativo de cannabis, y desde entonces seguimos sin una regulación sobre los artículos que regulen el autoconsumo de cannabis en la Ley General de Salud.

Seis años en donde el Congreso ha pedido prórrogas del plazo concedido y ha mantenido en el congelador varias iniciativas, pero sobre todo un proyecto de ley denominado Ley Federal para la regulación de Cannabis. Insisto: ni mi abuelita y su comida congelada se atrevió a tanto —suena a chiste, pero es anécdota—. Y bueno, del Poder Ejecutivo ni se diga; la Secretaría de Salud y Cofepris siguen sin emitir ningún reglamento o lineamiento que establezca los procedimientos que deben seguirse para realizar las actividades alrededor del consumo personal de la cannabis.

Para darse una idea de esto: en México la SCJN sólo ha emitido en toda la historia de nuestro país, dos DGI. Dos. Esta fue una de ellas. Y aunque con la DGI 1/2018 parecía que se vislumbraba una luz al final del camino puesto que por fin tendríamos un permiso de cannabis para las personas usuarias, tristemente debo ir adelantando que aún falta camino por recorrer. Yo particularmente estaba muy confiado en que obtendría mi permiso. Mi confianza radicaba en que estaba —según yo— técnicamente preparado para tramitarlo. Me había informado, había trabajado en una ONG que sabía del tema y me había alejado del desconocimiento promedio.

Realicé el trámite en noviembre de 2023 y en marzo de 2024, al entrar al sitio web de Cofepris para conocer el estatus, me salió una alerta de que ya podía ir a recoger mi resultado. Estaba muy emocionado. Llegué temprano en esta ocasión formándome en la fila sin cita y bajo el sol de primavera entré rápido para recoger el documento. Cuando por fin lo tuve en mis manos pasé de la emoción al enojo: leí detenidamente dos páginas de justificaciones inentendibles en las que la autoridad sanitaria me decía por qué no me otorgaba mi permiso. Releí varias veces porque, a diferencia de un estudio médico o diagnóstico donde es muy claro el o el no, el positivo o negativo, aquí había que descifrar entre menciones a uno y otro artículo de la Ley General de Salud y cosas que verdaderamente no entendí. Al final la respuesta descifrada fue muy simple: no se me autorizó mi permiso. Pero con todo y que se me negaba, en teoría y gracias a la SCJN ¡sí puedo consumir porque no es un delito! Si esto no es una contradicción de verdad que no sé cómo llamarlo, pero México mágico no tendría por qué ser.

La frustración fue más moral que otra cosa. Porque detrás de todo esto estaba genuinamente el querer hacer las cosas bien. En verdad quería tener un permiso que me permitiera consumir en galletas, brownies o fumando. Y hacerlo individualmente, sin molestar a nadie, sin tener que afectar a mis vecinos, sino yo solo y en mi casa. Yo, un tipo promedio en Ciudad de México con su permiso de cannabis en la bolsa. Porque verdaderamente creo que hay que hacer las cosas bien; dejar de andarse escondiendo y aprovechar los mecanismos institucionales que tenemos a la mano para ser un ciudadano medianamente decente.

Y además lo que debe ocurrir también es bajarle dos rayitas al estigma de las personas usuarias. Da igual si yo consumo una vez al año comiéndome una galletita o bien, fumando una vez al mes. Da absolutamente igual. No confesaré cuál de estos dos ejemplos es mi frecuencia de consumo porque justamente, ¡qué flojera estarse destapando como consumidor! Es como si estuviera destapando mi sexualidad cada vez que conozco a alguien y por cómo me veo, me juzgara y me asignara una identidad de género. Dos rayitas menos, por favor.

Para contrastar, un meme que vi alguna vez y me encantó: se trataba de una imagen al estilo de las láminas de oficios e historia de la primaria, llevaba por título Feliz día del marihuano y las imágenes eran en realidad de oficios promedio: bomberos, médicos, maestros, profesionistas, deportistas, etc. Efectivamente es así: somos las personas comunes y corrientes las que consumimos. Y está bien. Ya basta del estigma del marihuano pobre caminando en la calle con los ojos rojos, basta ya de tanta estigmatización y criminalización de las personas usuarias.

Todo esto tiene su origen en la prohibición de las drogas, es decir, en la falta de una regulación administrativa que regule ésta y todas las sustancias. Hay guías — como ésta— en las que me basé para tramitar mi permiso de uso adulto de cannabis y que cualquier persona con una computadora y conexión a internet puede hacer. Es muy sencillo, pero ni con todo esto me fue posible acceder al permiso. Al consultar con las abogadas de Di-sentir, me enteré que es muy común que se nieguen los permisos. Es más, que en realidad Cofepris siempre niega la autorización de consumo personal de cannabis aun cuando debe emitirlos. Es casi imposible obtener el permiso a la primera, y es por eso que hay que recurrir a otros mecanismos como, por ejemplo, ir con los jueces de distrito en materia administrativa. Este es el camino que ahora debo emprender.

Pero antes de eso debe quedar muy claro que el problema más grande es la falta de regulación del cannabis, que incluye esa mirada estigmatizante hacia las personas pobres y morenas consumidoras, quienes no sólo sufren desaforadamente este estigma, sino que es por el mismo por el que las policías destinan esfuerzos en sancionarlas y remitirlas, en vez de perseguir a los perpetradores de los delitos predatorios que más afectan a nuestro país. Yo estoy hablando sentado muy cómodamente desde mi privilegio haciéndome preguntas que suenan a berrinche porque me negaron el permiso, pero afuera de este artículo están las personas encarceladas por poseer cannabis cuando era para uso personal.

La evidencia señala que son hombres adolescentes, estudiantes, morenos y pobres, los principales grupos vulnerables de ser remitidos al Ministerio Público por poseer o consumir cannabis. Este es el principal perfil de las personas subidas a una patrulla de policía: lamentablemente, el registro de estas detenciones no está en los datos oficiales. Es el perfil, pero no sabemos cuántas personas son subidas a la patrulla. Lo que sí sabemos gracias al Inegi son las personas encarceladas, mas no las detenidas. Y muchas veces las detenidas son las extorsionadas o las que llenan las cárceles de personas inocentes por delitos como narcomenudeo o delitos contra la salud.

¿Qué nos hace ver todo esto? Temas estructurales que estallan en la cara: desigualdad social, marginalización, pobreza, violación a los derechos humanos, un Poder Legislativo dormido en sus laureles, la falta de regulación, el estigma asociado al consumo. El problema del cannabis es multifactorial y la negación constante de permisos de uso adulto es apenas la punta del iceberg.

Una regulación de todas las drogas atendería, además, dos de los grandes problemas que actualmente padece nuestro país: inseguridad y recaudación de impuestos. Porque regular el cannabis no sólo traería más ingresos al erario —¡imagínense recabar impuestos a las empresas que comercializan cannabis!—, sino que, además, las policías se concentrarían en atender delitos predatorios verdaderamente problemáticos como homicidio y feminicidio, secuestro, delitos contra la libertad sexual, violencia familiar, extorsión, entre otros, en vez de perder el tiempo criminalizando a mujeres y jóvenes quienes ahora están en la cárcel.

Es un asunto que se debe atender, que se debe hablar más y, por supuesto, se debe regular. Es como el alcohol o el tabaco, que son ejemplos cercanos y nos quedan a mano; están regulados por nuestra propia salud. Uno ya sabe lo que un Bacardí adulterado puede hacer en nuestros cuerpos, por eso sólo hay que tomar botellas que hayan pasado por la aprobación de la Secretaría de Salud. Lo mismo con la marihuana: necesitamos cannabis y drogas de calidad bien reguladas. Porque creer que la gente no consume drogas es vivir en una mentira, y estigmatizar ese consumo es querer vivir cegado. Para muestra un botón: de acuerdo a la Encuesta Nacional de Población Privada de la Libertad (Enpol) 2021 elaborada por el Inegi, una de cada diez personas en México aseguró haber consumido marihuana.

Por eso ahora, ya con la ayuda y asesoría que me dieron Guadalupe y Andrea, abogadas de Di-sentir, emprenderé una nueva travesía acompañada de nuevas preguntas. Después de que se me negó mi permiso, lo que haré es presentar una denuncia por incumplimiento de Declaratoria General de Inconstitucionalidad. Porque claro, la historia no se iba a acabar aquí. Existe este mecanismo público, gratuito y accesible para todas las personas y está disponible para ser usado ante la negativa de Cofepris en otorgar permisos de autoconsumo. Antes de la DGI se tenía que hacer una demanda de amparo, pero esto ya no es necesario, ahora se puede acudir a la denuncia, que es un proceso más sencillo y cuya resolución es hasta más rápida que una demanda de amparo. Aunque no hay una regla estandarizada de cómo va esta denuncia, lo que hay que hacer básicamente es escribir y decir al juez de distrito en materia administrativa que las razones que Cofepris me dio para negarme mi permiso son inconstitucionales y que vulneran mi derecho al libre desarrollo de la personalidad.

Lo que debo hacer, según me explicaron las abogadas, es denunciar a Cofepris, pero muy específicamente a la Dirección Ejecutiva de Regulación de Estupefacientes, Psicotrópicos y Sustancias Químicas. Le diré al juez por escrito que la directora de esta área de Cofepris me está negando la autorización de autoconsumo porque sigue aplicando, de manera tácita o explícita, los artículos inconstitucionales que vulneran el libre desarrollo de mi personalidad. En mi denuncia también diré que Cofepris negó mi solicitud echándole la bolita al Congreso de la Unión asegurando que no ha emitido regulación para el autoconsumo. Y le recordaré al juez que la DGI 1/2018 señala que mientras el Congreso de la Unión no emita una regulación correspondiente como autoridad legisladora, la Cofepris debe emitir las autorizaciones como autoridad ejecutora de normas. En resumen: Cofepris debe ejecutar la DGI 1/2018 y emitir mi autorización.

Lo que deberá ocurrir después es que el juez de distrito que reciba mi caso le notifique a Cofepris que responda a mi denuncia y ya luego el juzgado me dirá qué respondió la dependencia. Y lo mejor de esta historia que está por escribirse es que no hace falta que yo contrate a ningún abogado. El equipo de Di-sentir me explicó que hay que evitar pagar a abogados porque esto lo puede hacer cualquier persona. Tal y como se puede ver en este documento, o bien, revisando videos tutoriales de YouTube como éste. Porque al final de todo se debe democratizar el uso del Derecho para enfrentar a quien quiera cobrar por querer llevar la gestión de mi denuncia, por ejemplo, cuando se trata de un ejercicio ciudadano.

En Ciudad de México hay 17 Juzgados de Distrito en Materia Administrativa, cuya gran mayoría se ubican en Periférico 1950, Colonia Los Alpes. Esto es muy cerca del Metro Barranca del Muerto, al surponiente de la ciudad. Llevaré mi escrito de denuncia en original, copia para acuse y las copias extra que se necesiten, anexando por supuesto la respuesta que me dio Cofepris en original y copia. Pueden ocurrir algunas cosas del México mágico —fui advertido— como que incluso con la orden del juez, Cofepris ponga pretextos para negarme el permiso: que si mi carta poder ya venció, que si mi firma no coincide con la de mi INE, etc. Si tramitar mi permiso fue como subir al Cerro de la Estrella (altitud de 2460 m.s.n.m), la Denuncia por incumplimiento de Declaratoria General de Inconstitucionalidad es como subir al Pico de Orizaba (altitud de 5630 m.s.n.m). Pero que vale la pena porque —siguiendo con la metáfora del alpinista— no hay recompensa si no hay esfuerzo.

¿A dónde llegaré en esta nueva travesía? ¿Podré algún día tener mi permiso? Lo que ocurra en esta cuesta, ya será otra historia por contar.

 

Ulises Vera
Productor ejecutivo del pódcast universitario Latitudes. Doctor en comunicación por la Universidad Iberoamericana, melómano y amante del café de especialidad.

Referencias y enlaces de interés

Quiénes somos, Di-sentir

Qué hacemos, Cofepris

¿Te agarraron con mariguana? ¡No te paniquees! Herramientas para tu defensa, MUCD

MUCD celebra decisión de SCJN sobre uso personal de cannabis y urge al legislativo a regular, MUCD

Manual detallado Cannabis con permiso, MUCD

Puebla: lo que la policía no te cuenta sobre las drogas, Manatí

Anteproyecto de Ley para la regulación del cannabis, Senado de México

Curso: La Industria Emergente de la Cannabis en México, Instituto RIA

Eliminación de la prohibición absoluta del consumo lúdico o recreativo de marihuana, SCJN

¿Cómo tramitar mi permiso de uso adulto de cannabis?, MUCD

Encuesta Nacional de Población Privada de la Libertad (ENPOL) 2021, INEGI

Estadísticas a propósito del día internacional de la lucha contra el uso indebido y el tráfico de drogas 2022, INEGI

Estadísticas a propósito del Día Internacional de la Lucha contra el Uso Indebido y el Tráfico Ilícito de Drogas 2023, INEGI

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Publicado en: Justicia