Una comisión de investigación para el covid-19 en México

La medicina es una ciencia social,
y la política medicina a larga escala.
—Rudolf Virchow

Al desproveer de política el manejo gubernamental de la pandemia se crea una ilusión problemática e irresponsable: que es un evento natural incontrolable, como si fuera una plaga bíblica. Sin embargo, si entendemos la pandemia como el resultado de los actos de gobierno que organizaron a la sociedad y sus recursos para enfrentar una enfermedad transmisible, el covid-19 escapa de la lógica puramente biológica que se le ha querido dar para evitar el escrutinio público. Como decía Virchow, el padre de la patología moderna: la ciencia no significa nada más que el bien popular. La despolitización desprovee a los médicos de lo que Virchow defendió al involucrarse en política siendo médico: ser abogados y defensores de los pobres.

Como lo describió mi colega Diego Castañeda en su podcast Pandenomics (que pronto será libro), las pandemias son resultado de la combinación de condiciones socioeconómicas, demográficas y de decisiones políticas para enfrentarlas. Dada la escala global de la pandemia de covid-19 en 2020, se requirieron grandes esfuerzos políticos, logísticos, económicos y sociales, dignos solo de guerras totales. Tarde o temprano, como cuando las guerras totales o invasiones suceden, se requerirán años de investigación sobre cómo la humanidad reaccionó a la pandemia. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ya inició: se creó un panel independiente para investigar cómo dicho organismo manejó los anuncios de la pandemia, y un panel de la misma OMS pisa China para indagar el inicio de la pandemia.

Las pandemias, como las guerras, son eventos totales: es decir, transforman tantas condiciones que requieren que su liderazgo político y social tomen decisiones cruciales. Como dicen los historiadores militares, la niebla de la guerra, que cubre el horizonte de incertidumbre, y las decisiones en momentos cruciales con información limitada serán las que decidan el curso de los eventos. Aunque no se pueda planear con detalle, las experiencias del pasado, el conocimiento de las capacidades logísticas, y el entendimiento de las condiciones socioeconómicas, son cruciales para tomar decisiones. Desconocer éstos, tanto en guerras cuanto en pandemias, es costoso en términos de vidas humanas. Dichas vidas humanas perdidas no son resultado de un evento aleatorio e incontrolable como un volcán que surge del subsuelo sin aviso: son resultado de decisiones políticas que deben ser evaluadas, y con ellas, asignar responsabilidades políticas, si entendemos la política como acto de gobierno.

Ilustración: Víctor Solís

Empero, eventos totales como una pandemia son transformadores, y como las guerras, contienen en sí mismos escenarios, eventos y circunstancias tan profundas que se requiere que sean investigadas pieza por pieza antes de entender el evento total. En un pequeño ejemplo, crucial para el manejo de la pandemia en Reino Unido, Lawrence Freedman estudió el caso de la primera cuarentena en dicho país en marzo de 2020 bajo los lentes del estudio de la estrategia. Freedman, profesor del Departamento de Estudios de Guerra del King’s College London, ya tenía experiencia en la materia; fue integrante de la “Chilcot Inquiry’” la cual estudió por qué el Reino Unido se involucró en la Guerra de Irak en 2003.

Freedman, quien leyó las minutas del comité más importante en el manejo de la pandemia, el Grupo Científico Asesor para Emergencias (SAGE, en inglés), se preguntó por qué el gobierno del Reino Unido se tardó una semana más en imponer una cuarentena si ya había información suficiente proveída por el equipo de salud pública del Imperial College London y SAGE de que, sin una cuarentena, el sistema de salud podría colapsar y la mortalidad crecería de manera acelerada.

La semana de retraso de las medidas más astringentes de la movilidad causó lo que hoy ya quizás sentimos como pasado lejano: uno de los peores resultados de manejo de la pandemia en Europa después de Italia o España. ¿Cómo el error de retrasar la cuarentena pudo haber venido de un grupo de expertos científicos en uno de los países más avanzados del mundo? En general, el argumento de Freedman es que los asesores científicos del gobierno británico no fueron lo suficientemente enfáticos en sus recomendaciones porque buscaron un lenguaje técnico que no fue analizado por los ministros y asesores como una directiva política. En otros términos, su reporte fue tan anodino que permitió a los ministros interpretar dicha neutralidad como falta de urgencia.

El espíritu político y social de Virchow estuvo ausente en la forma técnica y apolítica en que SAGE actuó. Los expertos en salud pública, al igual que los economistas durante la crisis de 2008, o los expertos de inteligencia antes de la guerra de Irak en 2003, cometieron el mismo error: confiar demasiado en sí mismos y tratar de parecer neutrales. Por no parecer responsables políticos (o partidistas), la entrega técnica de los resultados en SAGE llevó a un mortal retraso de la cuarentena en Reino Unido. Ante ello, Freedman dice, a la luz de su previa experiencia en la “Chilcot Inquiry”:

La conclusión de la investigación sobre Irak fue que el problema no era que los expertos hubiesen sido disuadidos para llegar a conclusiones diferentes sobre las armas de destrucción masiva que no creían que existían. Sus conclusiones reflejaron exactamente lo que creían a pesar de la ausencia de evidencia. Esto dirigió la atención de los peligros del pensamiento grupal entre comunidades profesionales. Un síndrome que tanto puede afectar a epidemiólogos y médicos como a analistas de inteligencia y oficiales militares. La diferencia en este caso es que nueva información surgía todo el tiempo, reduciendo las incertidumbres y mejorando los modelos. Estos modelos tenían grandes implicaciones políticas, pero no estaban tan politizados como las evaluaciones previas a una guerra.

La conclusión de Freedman refuerza el argumento que han hecho diversos expertos y observadores en el mundo: los países que exageraron medidas ante la incertidumbre fueron los que tuvieron mejores resultados en términos de infecciones, muertes, y declives económicos. Esto se debe a que, en lugar de que los expertos confirmaran sus sospechas con exageradamente altos niveles de certidumbre y consensos unánimes, fueron más precavidos ante las dudas. Al final, la decisión, más que científicamente pura, fue estratégica y basada en experiencias del pasado como la epidemia de SARS: en lugar de esperar, mejor prevenir.

Como explica Castañeda, las cuarentenas son el dispositivo aprendido después de múltiples sociedades lidiando con pandemias a lo largo de la historia de la humanidad, en épocas con ciencia mucho menos sofisticada como la nuestra. Presumir que no se conocían que medidas se requerían en 2020, como dice Castañeda, es volver a cometer los errores de los países, imperios y reinos que fueron devastados por pandemias en el pasado. Eso sucedió en el Reino Unido, a pesar de que SAGE nació como un organismo que evitaría una pandemia de un coronavirus que se temía desde la epidemia de SARS de 2002. Eso parece suceder en México, a pesar de que se enfrentó una pandemia de AH1N1 en 2009.

No obstante, este artículo no es un caso contra la existencia de un comité para tomar decisiones estratégicas. Al contrario, SAGE, de manera comparada, ha tenido mejor desempeño que, por ejemplo, Suecia. Anders Tegnell, epidemiólogo en jefe de la Agencia de Salud Pública, que goza de autonomía legal, ha defendido una estrategia sin cuarentenas. El resultado en Suecia hoy en día es desastroso, tan así que, hasta el Rey, el cual ya no ejercía ningún papel político, ha condenado la estrategia después de un reporte gubernamental sobre la pandemia. El caso de Tegnell es un claro ejemplo de cómo dentro de una misma profesión los expertos pueden aproximarse de manera diferente a un mismo tema, a pesar de tener altos estándares científicos. Peor todavía, no hacer nada es catastrófico: solo basta ver a Estados Unidos y Brasil con liderazgos abiertamente negligentes.

Los altos índices de exceso de mortalidad y mortalidad asociada por covid-19 son ya un resultado hasta la fecha de las decisiones del gobierno de México (y aquí integro al federal y los estatales). Aun así, la historia que Freedman hace de la primera cuarentena en Reino Unido todavía no se escribe en México. Freedman pudo hacerlo gracias a que las reuniones de SAGE devienen de las minutas de sus reuniones, las cuales se hacen públicas semanas después justamente para el escrutinio público.

En México sabemos mucho de lo que comunica del gobierno, pero no de la lógica interna de sus decisiones. No sabemos qué propusieron las autoridades de salud, aunque ya tenemos indicios de que el presidente ha limitado los instrumentos de política que tenían a la mano: sin recursos derivados de la adquisición de deuda pública —en condiciones inmejorables de bajas tasas de interés globales—, la autoridad sanitaria en México puede ordenar cierres, cuarentenas, y hacer recomendaciones, pero no mantener a la población en sus hogares. Al igual que en la India, país con el que el presidente comparó a México a principio de la pandemia, la población tenía un dilema terrible: muerte por hambre o muerte por covid.

Hoy por hoy, muchos misterios permanecen: ¿Por qué se persistió con el modelo de vigilancia Centinela? ¿Por qué se han retrasado y cambiado tan a menudo los mecanismos de alerta a la población? ¿Por qué la mortalidad continuó siendo tan alta después de la primera cuarentena? ¿Por qué la Ciudad de México y el Estado de México tardaron tanto en imponer la segunda cuarentena cuando los datos de hospitalización ya estaban indicando una sobrecarga? ¿Por qué hay datos y modelos tan diferentes para un mismo evento? Y un largo etcétera que deberá ser revelado a partir de las minutas y documentos públicos.

Esto y mucho más requiere de ser investigado. México, como democracia, debe hacer cuentas de su acción gubernamental ante este evento total. El escrutinio público de la pandemia es moralmente urgente. Para ser abogados de los pobres en la pandemia, requerimos de toda la información para armar el caso sobre la estrategia gubernamental y sus consecuencias, asignar responsabilidades, y aprender de ellas para evitar otra perdida masiva de vidas humanas.

En su papel como representante popular, el Congreso de la Unión debería establecer una comisión independiente con plenos poderes para investigar la actuación del gobierno de México (federal y locales) en el manejo de la pandemia, tanto su liderazgo político como sus asesores científicos y médicos. Las vidas perdidas por negligencia gubernamental durante la pandemia requieren, al igual que las vidas perdidas en las guerras, de verdad, justicia y reparación del daño. La pandemia no fue una plaga incontrolable, sino una desgracia política.

 

Raúl Zepeda Gil
Politólogo y sociólogo. Estudiante de Doctorado en la Escuela de Estudios de Seguridad de King’s College London.

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Publicado en: Política, Salud

Un comentario en “Una comisión de investigación para el covid-19 en México

  1. Todos estamos esperando la opinión de la Dra Álvarez Bouylla, quien esta en contra ( dogmaticamente) de la biotecnología y los transgenicos, qué opina de que la población mexicana sea inoculada masivamente con RNA mensajero?
    ¿?….

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