Una vez concluida la auscultación presencial, la Junta de Gobierno de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) dio a conocer la lista de las personas que serían entrevistadas por este órgano de gobierno para elegir entre ellas a quien ocupará la rectoría en el periodo 2023-2027. El listado integrado inicialmente por diecisiete aspirantes se redujo a diez.
La selección se dio a conocer el 12 de octubre y recayó en Laura Susana Acosta Torres, Sergio Alcocer Martínez de Castro, Luis Agustín Álvarez Icaza Longoria, Raúl Juan Contreras Bustamante, Patricia Dolores Dávila Aranda, Germán Enrique Fajardo Dolci, William Henry Lee Alardín, Leonardo Lomelí Vanegas, Imanol Ordorika Sacristán y Guadalupe Valencia García.
Quienes integran esta lista ya presentan sus programas de trabajo en sesiones que se transmiten por los medios de comunicación universitarios (Radio y TV UNAM) y, como lo han venido haciendo desde el inicio del proceso, continúan exponiendo sus ideas en diferentes medios de comunicación.

Los diez
Una lista de diez es, en mi opinión, muy grande. De acuerdo con su comunicado del 12 de octubre, los criterios empleados por la Junta de Gobierno para llegar a esa selección fueron los siguientes: a) la trayectoria, b) sus logros profesionales, c) la experiencia académico-administrativa, d) los planes de trabajo, e) las opiniones de la comunidad, y f) la pluralidad de ideas y proyectos sobre la UNAM.
Todos estos elementos son sin duda muy importantes, aunque hay uno que puede servir de núcleo o eje para examinar esta decisión, se trata de la pluralidad, entendida en este caso como la diversidad de sectores que integran a la institución. Eso explicaría la razón de una lista todavía tan amplia. Si esto es así, la intención sería procurar que ningún sector se pueda sentir excluido, con el fin de mantener la cohesión interna durante el proceso hasta que se llegue a la decisión final.
Si lo vemos de este modo, se observa que la mitad de la lista está integrada por cinco altos funcionarios nombrados por el rector Enrique Graue: el secretario general, Leonardo Lomelí; el secretario administrativo, Luis Álvarez Icaza; la secretaria de desarrollo institucional, Patricia Dávila; el coordinador de la investigación científica, William Lee, y la coordinadora de humanidades, Guadalupe Valencia. Se podría pensar, no sin razón, que hay un exceso de funcionarios, pero como veremos enseguida, algunas de las personas mencionadas estarían representando simultáneamente a diversos sectores de la comunidad universitaria.
La lista incluye también a directores y directoras en activo,1 como Laura Acosta de la Escuela Nacional de Estudios Superiores (ENES) León, Raúl Contreras de la Facultad de Derecho y Germán Fajardo, de la Facultad de Medicina.
Para quienes gustan ver estos procesos a través de gremios con influencia y poder en la UNAM, además de los abogados y médicos como los dos directores citados, están presentes de manera significativa los ingenieros, representados por Luis Álvarez Icaza, mencionado arriba y Sergio Alcocer, quien ya había competido por la rectoría en 2015. Por su parte William Lee estaría representando al sector de los científicos.
En la lista se ha cuidado también que estén representadas las entidades foráneas o periféricas, como las ENES y las Facultades de Estudios Profesionales (FES), de las que son o han sido directoras Laura Acosta y Patricia Dávila, respectivamente.
Es importante destacar la presencia en la lista final del investigador del Instituto de Investigaciones Económicas Imanol Ordorika. Me parece una inclusión afortunada, pues se trata de una voz crítica de la estructura y funcionamiento actuales de la institución. Ordorika pone el énfasis más que en las virtudes —que no desconoce— en los problemas de la institución. Aunque ha sugerido en distintos momentos la necesidad de modificar la Ley Orgánica y ha sido crítico de las formas de elección de las autoridades, su inclusión tiene un doble propósito y acarrea un beneficio mutuo, pues al mismo tiempo que se mantiene la difusión de sus ideas sobre el camino que a su juicio debe seguir la UNAM, su presencia legitima el proceso conducido por la Junta de Gobierno tal y como lo establece la Ley Orgánica.
Con excepción de 2015, año en el que Rosaura Ruiz estuvo cerca de alcanzar la rectoría, en el pasado la inclusión de universitarias en el listado final de la Junta —a pesar de sus grandes méritos académicos— ha tenido un carácter puramente testimonial. Hoy la situación ha cambiado completamente. Patricia Dávila y Guadalupe Valencia, junto con Laura Susana Acosta Torres, son mujeres que, con pleno derecho, lejos de desempeñar un papel testimonial, están más cerca que nunca de la posibilidad de ocupar la rectoría de la UNAM.
La lucha que han emprendido las universitarias, estudiantes, académicas y trabajadoras administrativas —principalmente las estudiantes— por la equidad y en contra de la violencia de género está modificando de raíz a la Universidad Nacional. Una prueba de ello es que, sin excepción, quienes aspiran a la rectoría han incluido en sus programas de trabajo un capítulo sobre este tema. Además, no hay que olvidar que por primera vez la Junta de Gobierno está integrada mayoritariamente por mujeres. Ni qué decir a nivel nacional, donde hay dos candidatas a la presidencia de la República y, a menos que ocurra algo catastrófico, una de ellas será la próxima presidenta de México. En el Congreso se avanza en la equidad, la Suprema Corte la encabeza una mujer, entre muchos otros ejemplos, que constituyen una especie de presión muy real sobre la Junta a la hora de tomar su decisión final.
¿Rectoría de transición?
La Junta de Gobierno podría optar por un rector o rectora de transición, es decir, por una persona que estaría en funciones sólo por cuatro años sin posibilidades de reelección, para continuar luego con un rectorado de más largo alcance. Esto es posible por las edades de quienes fueron seleccionados para la etapa final. En ese caso se encuentran el ingeniero Álvarez Icaza; y una mujer, la bióloga Patricia Dávila, cuyos programas de trabajo en caso de resultar electos deberán ajustarse a un solo periodo. No quiero decir con esto que en un lapso corto de tiempo no se puedan impulsar grandes transformaciones, pues hay ejemplos notables como el de los rectores Javier Barros Sierra2 y Pablo González Casanova3 que desmienten una afirmación de esta naturaleza.
Dentro de cuatro años, la composición de la Junta de Gobierno tendría muy pocos cambios. Será básicamente la misma, de tal manera que quienes actualmente la integran tienen en sus manos la posibilidad de planear a más largo plazo (doce años). Terminada la transición, tendrían oportunidad de competir nuevos candidatos o presentar nuevamente su candidatura varios de los inscritos en el actual proceso que seguirían cumpliendo con los requisitos de edad, incluso para un doble periodo.
La idea de un rector o rectora de transición se justificaría también por la coincidencia en el tiempo con el relevo en la presidencia de la República, pues es un lapso suficiente para consolidar una nueva relación de la UNAM con el nuevo gobierno basada en el respeto y la colaboración, y no como ha ocurrido durante el actual sexenio en el que han prevalecido la hostilidad, las limitaciones presupuestarias y las amenazas contra la autonomía.
Pero se trata de una mera especulación, pues hay ocho universitarios más que podrían hacer algo semejante durante su primer periodo y acrecentar su labor con un proceso de transformación académica de largo aliento…
Los aspirantes ante la comunidad
Desde que se definió la primera lista de aspirantes a la rectoría integrada por diecisiete personas, y hasta el día de hoy, han desarrollado una intensa actividad ante la comunidad universitaria y en los medios de comunicación. Distintas entidades académicas invitaron a las y los aspirantes a presentar sus programas de trabajo, y respondieron a las interrogantes que se les formularon. Tuve la oportunidad de seguir algunas de ellas y quedé impresionado por la calidad y frescura de las presentaciones y de las preguntas que les hicieron. Me voy a referir a manera de ejemplo sólo a una, en la que participó Ambrosio Velasco Gómez, quien lamento mucho que no quedara incluido en la lista final de los diez.
La presentación del investigador del Instituto de Investigaciones Filosóficas fue de muy alto nivel, honesta y al mismo tiempo reveladora. Como estudioso y defensor del multiculturalismo planteó diversos caminos para que la UNAM desarrolle una política para avanzar en el reconocimiento del valor de la cultura y saberes de los pueblos originarios. Comentó que participó en la elaboración del capítulo sobre ese tema en lo que sería la actual Ley de Humanidades, Ciencias, Tecnologías e Innovación, pero expresó su desacuerdo absoluto con la orientación que finalmente adquirió dicho ordenamiento jurídico. Episodios como éste sólo se pueden dar dentro de un ambiente de discusión y camaradería entre universitarios, como ocurre en un curso o una charla en los cubículos o pasillos de la Universidad Nacional.
Reuniones como la citada se desarrollaron en un ambiente de absoluto respeto y revelan que, en el proceso de elección del rector o rectora de la UNAM, se han incorporado ya las iniciativas de la comunidad universitaria al margen de los procedimientos previstos por la Junta de Gobierno, sin ser antagónicos sino complementarios.
Los medios de comunicación
Diversos medios de comunicación han estado atentos a este proceso, no solamente en la prensa escrita, donde se han publicado numerosas entrevistas a las personas que aspiran al cargo, sino además han aparecido en los medios electrónicos como la radio, la TV y también en las redes sociales. Es un ejercicio muy importante pues además de que llegan a los universitarios las ideas de los y las contendientes, pone la atención de los ciudadanos en la Universidad Nacional y en el proceso que se lleva a cabo. Revela que la UNAM importa a los mexicanos.
Todos los candidatos fueron entrevistados por los diarios, aunque llama la atención una anotación aparecida al final de la última entrevista realizada por el periódico La Jornada, cuya política editorial es en la actualidad muy cercana al presidente y a la llamada Cuarta Transformación (4T): “De los 17 aspirantes a la Rectoría de la UNAM —señalan los editores—, La Jornada entrevistó a 14: declinaron hablar con este medio: Sergio Alcocer Martínez de Castro. Germán Fajardo Dolci (y) María Esperanza Martínez Romero. O sea —lo digo yo—: los pusieron en una especie de lista negra. Quizás no pudieron acudir a la entrevista por motivos válidos, aunque también este episodio sugiere que decidieron marcar sana distancia con un medio abiertamente ligado al gobierno en turno.
Las columnas políticas son algo muy distinto y hay que tomarlas con muchas reservas, pues en ellas han aparecido ataques, apoyos y halagos a quienes aspiran a la rectoría. Uno de los articulistas más activos en este tema ha sido el periodista Salvador García Soto. En el periódico El Universal, se refiere a un episodio en el que un directivo del CCH que simpatiza con Leonardo Lomelí presuntamente llevó en calidad de “acarreados” a estudiantes a una charla que impartiría el actual secretario general de la UNAM. El articulista señala: “… esta práctica de acarreados sólo deja ver lo que le espera a la Universidad si queda en manos de un candidato que no tiene empacho de acudir a un evento lleno de simpatizantes ‘que sólo estuvimos ahí de relleno’, dicen los estudiantes”.
El mismo columnista ha señalado a algunos universitarios como promotores de Claudia Sheinbaum o como operadores de Morena en la UNAM, entre ellos menciona al aspirante a la rectoría Imanol Ordorika. Para el mismo articulista, William Lee Alardín sería el candidato de la aspirante de Morena a la presidencia de la República. Por su parte, Víctor Sánchez Baños ha escrito: “Ordorika, Lee y Guadalupe Valencia son abiertamente cercanas (sic) a la 4T, y esta última a la aspirante presidencial Claudia Sheinbaum”. También Carlos Loret de Mola ha incursionado en este tema, al incluir en uno de sus textos: “… destaco tres nombres por ser guiños a la campaña de Claudia Sheinbaum: Ordorika, Álvarez Icaza y Lee. Con los tres se sienten cómodos tanto el rector saliente como la candidata del oficialismo”. Del mismo modo, Raúl Rodríguez Cortés escribe: “En la comunidad universitaria ya se habla de favoritas y favoritos. Identifican, por ejemplo, como cercanos a la 4T a Imanol Ordorika, William Lee y Luis Álvarez Icaza”.
Es cierto que siempre existe la preocupación sobre la posible intervención del gobierno en el proceso de sucesión del rector. Pero hay que recordar que los señalamientos de “gobiernistas” para descarrilar a algunos candidatos ya se han dado en el pasado. A mi juicio algunos de los señalamientos anteriores no están sustentados en elementos sólidos o verificables y, por tanto, como señalé antes, hay que tomarlos con muchas reservas.
Pero no todos son ataques a los aspirantes en las columnas políticas. También hay artículos muy elogiosos sobre la trayectoria, la personalidad y las ideas de algunos de ellos y ellas, ha habido varias que favorecen a Leonardo Lomelí, entre otros(as). Pongo un par de ejemplos: Manuel Gil Antón ha destacado la idea de transformación de la UNAM planteada por Imanol Ordorika y no sólo eso, el investigador de El Colegio de México se ha pronunciado abiertamente a favor de Ordorika para ocupar la rectoría de la UNAM. Me parece muy saludable que haya voces que se pronuncien públicamente a favor de alguna persona para ocupar la rectoría, pues nos encontramos en esa parte del proceso convocado por la Junta.
En el mismo sentido, pero indicando sus preferencias hacia otro sector, Mario Melgar Adalid, se ha pronunciado abiertamente porque Patricia Dávila o Guadalupe Valencia conduzcan la institución.
Como hemos visto, los medios de comunicación están participando de manera muy intensa en este proceso. Realizan una función muy importante al dar a conocer a la sociedad quiénes son y cuáles son las ideas de quienes aspiran a la rectoría. También abundan los juicios sobre ellos y ellas que estoy seguro no influirán en la decisión que se habrá de tomar en la Junta de Gobierno.
Pero, además de las características y actividades de quienes participan en este proceso, conviene ver algunos elementos del contexto en el que se ha desarrollado hasta ahora.
Estabilidad relativa
Uno de los hechos que más llama la atención es que durante el periodo de auscultación no se habían presentado conflictos internos significativos hasta el ocurrido el 20 de octubre en el CCH Azapotzalco. Las protestas y movilizaciones estudiantiles habían sido escasas y no las hubo en sectores como el de los profesores o trabajadores. Antes de examinar lo ocurrido en el plantel del CCH citado, es importante observar el ambiente que ha prevalecido en la mayoría de las instalaciones universitarias.
Algunos de los incidentes en las semanas recientes tuvieron un origen interno, como el paro de actividades realizado el 20 de septiembre por los estudiantes de la Escuela Nacional de Lenguas, Lingüística y Traducción. De acuerdo con algunos reportes fue provocado por despidos injustificados de profesores, falta de maestros o contratación de algunos no calificados, según lo dicho por quienes realizaron la protesta.
Hubo otras movilizaciones, pero éstas se produjeron por causas ajenas a la UNAM. En la última semana de septiembre, por la conmemoración de los acontecimientos en Iguala, Guerrero, en la que desaparecieron 43 estudiantes de la Escuela Normal de Ayotzinapa; por el aniversario de los acontecimientos trágicos del 2 de octubre en Tlatelolco, y también en torno a despenalización del aborto. Por estos motivos integrantes de las Facultades de Economía, Ciencias Políticas, Ciencias, Filosofía y la Preparatoria 8 pararon por algunas horas y se sumaron a las marchas en la Ciudad de México. De acuerdo con algunos reportes, también participó de estas protestas la ENES Morelia. En esas mismas fechas, en el plantel 5 de la Escuela Nacional Preparatoria se realizó una protesta en contra del porrismo.
Se puede afirmar que el ambiente en la Universidad Nacional ha sido muy tranquilo durante el proceso para elegir al próximo rector o rectora, y se podía hablar de una etapa de estabilidad, hasta que ocurrieron los actos de violencia en el CCH Azcapotzalco, el cual tiene algunos antecedentes.
En la primera semana de octubre se realizó en ese plantel un paro de 72 horas por el supuesto incumplimiento de un pliego petitorio que incluía violencia de género, venta de productos para apoyo estudiantil, mejora de los baños, y que los profesores no pidan libros y materiales caros, entre otros. Las autoridades han señalado en todo momento que han buscado el diálogo y que se ha cumplido con las demandas que se les han presentado. Luego, el 17 del mismo mes, hubo en el mismo plantel otro paro de 48 horas, esta vez por presuntas agresiones contra estudiantes.
Estas acciones buscaban extender las protestas a otros planteles universitarios. En el CCH Naucalpan, por ejemplo, un grupo impuso un paro en solidaridad con Azcapotzalco. En una asamblea muy concurrida, se presentó un hecho muy significativo pues grupos numerosos de estudiantes gritaban “¡No al paro!”, lo que muestra el rechazo de un amplio sector del estudiantado contra esa práctica cuando no responde a causas plenamente justificadas.
En todos estos casos participaron personas con el rostro cubierto.
Como los actos de provocación no tuvieron éxito, en el CCH Azcapotzalco los encapuchados decidieron subir el tono, incluyendo actos de extrema violencia. La dirección general del Colegio de Ciencias y Humanidades informó mediante un comunicado que un grupo minoritario, sin consultar a las asambleas, impuso un nuevo paro en ese plantel el 19 de octubre, al mismo tiempo que vandalizaron las oficinas de la dirección. No conformes con lo anterior, al día siguiente incendiaron esas instalaciones, rociaron con gasolina a las personas que las resguardaban, y en un acto que escapa totalmente a la razón les prendieron fuego. Las personas lesionadas fueron atendidas por paramédicos y dos profesoras que sufrieron quemaduras graves fueron atendidas en hospitales.
Por su parte, la UNAM, en un comunicado publicado el día de los acontecimientos, asoció este episodio con el proceso de designación de la persona que ocupará la rectoría: “La UNAM manifiesta su abierto repudio e indignación ante los intereses ajenos a la Universidad que pretenden afectar, con lujo de violencia, el proceso de sucesión de la Rectoría…”.
La pregunta que surge es a quién conviene que ocurran provocaciones con un alto grado de violencia como la que se ha vivido en el CCH Azcapotzalco y de qué manera esto buscaría afectar el proceso de sucesión de la rectoría. En el pasado la explicación ha sido —y yo la comparto— buscar que estos actos se extiendan creando con ello la idea de que la UNAM es ingobernable, lo que justificaría la intervención externa.
Pero, ojo, lo ocurrido en el CCH Azcapotzalco es un hecho aislado, completamente irracional, que no involucra a ningún otro plantel universitario, y es difícil que se extienda o encuentra solidaridad incluso entre otros grupos radicales, pues ¿quién podría justificar o asociarse con una causa que incluye prender fuego a maestros?
El presupuesto
Más allá de cualquier retórica, el interés de un gobierno por el avance de la educación se puede evaluar con certeza por los recursos económicos que se destinan para su desarrollo. El secretario de Hacienda, Rogelio Ramírez de la O, entregó en septiembre a la Cámara de Diputados el Proyecto del Presupuesto de Egresos de la Federación para el próximo año (PPEF 2024). En el gasto global hay novedades para un año eminentemente electoral como el aumento de 4.3 % en términos reales respecto al año previo. Pero este incremento no se refleja de manera suficiente en el gasto educativo.
Un análisis del PPEF 2024 realizado por Carlos Iván Moreno y Diego Cedillo Morales publicado en nexos, muestra que el presupuesto total para educación en la propuesta de Hacienda tiene un incremento de 2.9 % respecto a lo aprobado en 2023, sin embargo, se trata de algo aparente, pues en términos reales es 8.2 % menor a lo que fue aprobado en 2015. Así, hay una tendencia decreciente en el sexenio del presidente Andrés Manuel López Obrador que no logra subsanarse por el pequeño incremento en el último año.
Del mismo modo, al observar de manera específica los recursos para la educación superior y el posgrado, los autores señalan que hay un aumento real de 3.1 % en el proyecto, pero esto representa apenas 16.8 % del gasto educativo total que en 2015 fue de 18.1 %. Se trataría entonces de un sexenio perdido para la educación, de acuerdo a los investigadores citados.
Algunas instituciones de educación superior presentan incrementos en el PPEF 2024, entre ellas el Centro de Enseñanza Técnica Industrial (5.4 %) y la Universidad Autónoma Metropolitana (4.4 %). Por su parte la UNAM, como ha ocurrido a lo largo de este sexenio, presenta un incremento marginal, esta vez de apenas 0.9 %. De este modo, la persona que llegue a la rectoría iniciará su periodo con los recursos limitados apenas suficientes para mantener el funcionamiento de la institución sin posibilidades de crecimiento.
Falta aún saber si los legisladores harán modificaciones a la propuesta de Hacienda en el capítulo de la educación, en particular en el caso de la UNAM. Hay buenas razones para que lo hagan, pues esta institución se ha destacado por su labor académica y científica en beneficio del país. Pero, además, como ya lo he señalado en este mismo espacio, al tratarse de un año electoral, se buscaría recuperar a los electores de clase media y con mayores niveles educativos que el partido oficial ha perdido. Al menos es lo que indicaría la lógica política. Aunque sabemos que este razonamiento no existe para el presidente, quien busca que a sus iniciativas no se les cambie ni una sola coma.
Deben tomarse en cuenta además otros factores en la definición del presupuesto, pues ahora las decisiones del grupo mayoritario en el Congreso se dan en otro contexto, con sectores que están alineados con la coordinadora de los Comités de Defensa de la Cuarta Transformación, Claudia Sheinbaum, quien teóricamente ha recibido de manos del presidente un “Bastón de Mando”. También hay otro grupo de diputados y senadores que simpatizan con el excanciller Marcelo Ebrard. Los dos mencionados han expresado en distintos momentos su cercanía con la UNAM. Por su parte los legisladores de oposición han manifestado su decisión de modificar el PPEF 2014, aunque no han dicho claramente qué harán respecto a los recursos para la educación superior. Será interesante observar cómo se desarrolla la discusión sobre los recursos para las instituciones de educación superior en este nuevo escenario… O se impondrá como siempre la obediencia ciega al presidente.
Muy cerca del final
Desde el pasado lunes 23 de octubre quienes aspiran a la rectoría comparecen en sesiones a puerta cerrada con los y las integrantes de la Junta de Gobierno. Al concluir estas entrevistas y luego de las deliberaciones que se realicen en este órgano colegiado, se dará a conocer el nombre del nuevo rector o rectora de la UNAM, probablemente en los primeros días de noviembre.
Javier Flores
Profesor de la UNAM y periodista científico
1 Es importante señalar que la mayoría de quienes participan en esta etapa se han desempeñado previamente como directores en distintas entidades universitarias: Luis Alcocer y Luis Álvarez Icaza del instituto de Ingeniería; Patricia Dávila de la Facultad de Estudios Profesionales Iztacala; William Lee del Instituto de Astronomía; Leonardo Lomelí de la Facultad de Economía y Guadalupe Valencia del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades.
2 El rector Javier Barros Sierra estuvo al frente de la UNAM durante cuatro años. Sin embargo, su papel durante el movimiento estudiantil de 1968 y la férrea defensa de la Universidad y de su autonomía frente al poder político le han dado un lugar muy destacado en la historia de la institución y de México. Además, durante su corto periodo, impulsó una importante reforma académica de la Universidad Nacional al introducir los cursos semestrales, se creó el Centro de Didáctica y la Comisión de Nuevos métodos de Enseñanza, la Comisión Técnica de Planeación Universitaria, el Consejo de Estudios Superiores, la Comisión de Nuevos Métodos de Enseñanza, el Centro de Investigación de Materiales y el Laboratorio Nuclear.
3 El rector Pablo González Casanova estuvo al frente de la institución ¡sólo dos años y siete meses!, tiempo en el que consiguió algunas de las mayores transformaciones académicas de la institución, con la creación de los Colegios de Ciencias y Humanidades y del Sistema de Universidad Abierta entre otras acciones, fue además el precursor de los estudios interdisciplinarios en la UNAM e impulsor de la democracia en México.