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El 3 de diciembre, alrededor de las 11 de la mañana, surgió la primera información. Andrés Manuel López Obrador había ingresado al hospital de Médica Sur por “problemas en el corazón”.

La noticia provenía de SDP (antes Sendero del Peje), un sitio de internet dirigido por Federico Arreola. Citaba a “fuentes cercanas” y “usuarios de Twitter”.

Al difundir la noticia en redes, el propio Arreola escribió:

La información sobre lo ocurrido no estaba en la página, sino en el dicho de Arreola.

Casi una hora después, el periodista tal vez más famoso del país retomó la nota. A las 11:50, Joaquín López Dóriga citó “un reporte” –sin decir cuál o de dónde, o emitido por quién– en el que se decía que López Obrador había ingresado por “un malestar cardiaco”.

Comenzaba la especulación pública, normal en este tipo de eventos.

El primero fue Ricardo Alemán. Poco antes de que López Dóriga citara “el reporte”, Alemán dijo:

Horas después comentó:

Otro medio, el diario 24 horas, dirigido por Raymundo Riva Palacio, también empujó la desinformación. No sólo dijo que López Obrador había tenido un “doble infarto”, sino que también se daría “una versión oficial”, en la que se diría que fue “una crisis hipertensiva”:

El texto de 24 horas (borrado y remplazado horas después sin explicación alguna), no citaba fuentes. Hablaba de “un informe enviado a autoridades locales y federales”. También aseguraba que López Obrador había llegado al hospital a mediodía, y que habría una conferencia de prensa a las 2:30 de la tarde.

Y un tercero, en la búsqueda de clicks, hizo la nota fácil sobre “la reacción de los tuiteros”:

No fue sino hasta cerca de las 2 de la tarde, que se supo la verdad. Era cierto que López Obrador había sufrido un infarto, pero no dos. Sí lo habían internado, pero en la madrugada. No estaba muerto.

Este ejemplo es algo que sucede con frecuencia en el periodismo mexicano, acostumbrado a no verificar fuentes, o incluso a mofarse de tragedias:

Como este caso hay miles: la periodista que cree que “Shale” es una empresa y no un tipo de gas, o el diario nacional que toma una nota satírica como cierta, por nombrar algunos.

Es curioso, pero lo ocurrido con los medios y López Obrador encaja perfecto con otra cosa que sucedió el mismo día: la presentación de “Un año de portadas”, un estudio de Artículo 19 y D4. Estas dos organizaciones tomaron la tarea de analizar las primeras planas de seis de los diarios nacionales durante 12 meses. El resultado, poco sorprendente pero sin duda escalofriante, es que en México las noticias se basan más en declaraciones que en hechos (35 por ciento versus 27 en promedio, 52 versus 8 en el peor de los casos, el de El Sol de México).

Suficiente como para darnos cuenta de algo: en nuestro periodismo importa más lo dicho que lo cierto.

Esteban Illades es editor de Nexos en línea.

Revisión: este texto fue modificado el 4 de diciembre a la 1:50 de la tarde; se eliminaron dos párrafos refiriéndose a Ricardo Alemán.

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