La victoria de Donald Trump impactó al mundo. El desenlace electoral no sólo significó una derrota más de la retórica globalizadora, sino que la desafió en muchas facetas. Tras conocerse quién será el próximo presidente de Estados Unidos, muchas incógnitas ya presentes se profundizaron. Desde entonces, predicciones sobre cómo será la política y acciones del futuro líder del ejecutivo, y sus probables efectos en otros países han sido una constante en medios informativos. Lo cierto es que a pesar de que hay algunas pistas sobre cuál será el rumbo de ese gobierno, los detalles aún están por precisarse.

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La postura estadounidense tiene una influencia relevante a nivel mundial pero su combinación con otras variantes son las que definen el curso de la agenda internacional. La complejidad del mercado petrolero no explica sus causas y consecuencias en decisiones unilaterales. Aunque Donald Trump tomara acción en materia energética exclusivamente basado en intereses domésticos, se vería limitado por el escenario global.  

Este texto se enfoca en balancear el discurso de Trump respecto al petróleo, el impacto de una política favorecedora de combustibles fósiles, y el papel de otros actores –Irán, Rusia y la OPEP- en el mercado internacional, así como de sus variables inherentes, precios y costos. Asimismo, se plantea implícitamente la dificultad de cumplir promesas de campaña en materia petrolera, debido a que este sector se rige multifactorialmente. 

La promesa de una “independencia energética”

Como parte fundamental de su discurso populista, Donald Trump prometió una independencia energética estadunidense al mismo tiempo que generará empleos relacionados con la industria. Durante una presentación en Dakota del Norte, el entonces candidato presentó An America First Energy Plan, el cual se sintetiza en eliminar restricciones impuestas a la industria petrolera y deslindarse de acuerdos climáticos cruciales. Sin embargo, la visión carece de medidas concretas sobre el rumbo hacia la nula importación de crudo, hecho que materializaría dicha promesa electoral. 

Los incentivos al sector petrolero que plantea Trump estarán sujetos a dos restricciones, las facilidades domésticas con que cuenten las compañías petroleras y precios rentables determinados por el mercado internacional. En relación al primero, todo parece indicar que Trump sentará las bases para un incremento en la producción nacional de petróleo. Concretamente, se predice que permitirá la exploración y explotación en tierras federales y rescindirá de regulaciones ambientales tales como el Climate Action Plan, el decreto denominado Waters of the U.S., e incluso el Acuerdo de Paris. Como parte de esta serie de prerrogativas para las petroleras, un proyecto en particular podría multiplicar el flujo de barriles de petróleo hacia Estados Unidos, el oleoducto Keystone XL. Confrontado por grupos ambientalistas y comunidades locales, el ducto transportaría crudo de Alberta, Canadá a Steele City, Nebraska, lo cual aumentaría el suministro de este energético desde Canadá, potenciando así la industria energética de ambos países y disminuiría la dependencia de suministro de Medio Oriente. En esta dirección, Keystone XL se ha convertido en el referente de la batalla entre ambientalistas y aquellos que promueven una mayor producción de petróleo en Estados Unidos. 

Sin embargo, la revigorización de la industria petrolera en Estados Unidos depende también de los precios, los cuales están determinados por el mercado internacional y sujetos a estrategias de producción mundial y de implicaciones geopolíticas. Tras la reunión del 30 de noviembre entre los países miembros de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), se acordó una reducción de la oferta mundial, empujando inmediatamente los precios del crudo a niveles superiores no observados desde mediados de 2014. En primera instancia, este incremento es positivo para la industria, pero las leyes de mercado dictaminan caeteris paribus que si Estados Unidos incrementara su producción, a su vez tendría un efecto similar en la producción mundial e inversamente en los precios. Es precisamente por este probable resultado que los analistas consideran lo siguiente: si Trump estableciera elementos domésticos prósperos para un incremento en la oferta de crudo, podría llegar a perturbar nuevamente los precios, en un mercado que muestra señales de recuperación tras haber permitido una sobreoferta por casi dos años. 

El mercado de petróleo se rige además por estrategias geopolíticas que involucran a países cuya producción tiene un impacto en la oferta internacional por este producto. Debido a las prevalentes críticas de Trump sobre el tratado nuclear iraní y la incierta relación con el gobierno de Vladimir Putin, acciones vinculadas a estos dos países por parte de la futura administración Trump podrían generar un viraje en el escenario mundial del petróleo.   

Irán: tratado nuclear y mercado energético

El tema energético en Irán está estrechamente atado al tratado nuclear y a su política doméstica como externa. A lo largo de la campaña presidencial, Trump hizo fuertes críticas al tratado nuclear acordado entre el grupo P5+1 (Estados Unidos, Reino Unido, Rusia, Francia, China y Alemania) y la Unión Europea con Irán en julio de 2015. Trump planteó la posible disolución de este acuerdo a cambio de la reimposición de sanciones a Irán. Las implicaciones del desmantelamiento de este acuerdo dificultarían nuevamente la producción iraní. 

De acuerdo a estadísticas de la OPEP, Irán posee las terceras reservas más grandes de crudo demostradas (únicamente superado por Venezuela y Arabia Saudí); en su conjunto, los tres países representan el 81% de las reservas del mundo. Desde la revocación del embargo en enero de este año, Irán se ha propuesto retomar su producción presanciones (cuatro millones barriles diarios) y reincorporarse como un productor relevante no sólo en su región sino también a nivel internacional. En menos de un año, la nación persa ha incrementado su producción en casi un tercio, es decir, 3.7 millones de barriles al día. La expectativa de los iraníes apuntala a una producción diaria de 4.8 millones de barriles para 2021. La eliminación de las sanciones benefició la incorporación de tecnología e inversión en la cadena de producción, la cual fue duramente castigada durante el período de restricciones. Las francesas Total y Schlumberger junto con la anglo-holandesa Royal Dutch Shell, por ejemplo, son pioneras del reingreso de inversiones para el desarrollo productivo de la Compañía Nacional de Petróleo iraní. Además de esto, se estima que cerca de cincuenta proyectos de gas y petróleo podrían ser abiertos para inversionistas internacionales en ese país. 

La lógica inmediata al reimponer restricciones a Irán por parte de la administración Trump, indicaría que nuevamente la industria petrolífera se vería afectada y dificultaría la inserción del crudo iraní al mercado internacional, principalmente en Asia. Esto a su vez, podría beneficiar a otros productores (incluyendo a Estados Unidos) que sustituirían a la oferta iraní. No obstante, dado que la OPEP recientemente acordó reducir la producción a fin de elevar los precios, parte del éxito de este convenio se logró en un entendimiento entre Irán y Arabia Saudí, quienes fuera del contexto de petróleo mantienen una disputa geopolítica en Medio Oriente. Deslindarse del tratado nuclear con Irán conlleva implicaciones más allá del ámbito energético: retener el enriquecimiento de uranio para la producción de armas nucleares; monitorear las actividades nucleares por parte de la Agencia Internacional de Agencia Atómica; evitar un mayor desbalance armamentista en Medio Oriente; y, contener al ala más dura de la política iraní; son algunas de las metas que pretenden los países occidentales respecto a Irán. El éxito o fracaso de estos objetivos dependerán en cierta medida de la futura política exterior estadounidense, aunque no exclusivamente de ella.1 El rumbo de la estrategia Trump en torno a este asunto aún es incierta, pero indudablemente se convertirá en un dilema sobre cómo balancear promesas locales con realidades internacionales. 

Un CEO de ExxonMobil, el eje Rusia-Trump 

Es de conocimiento común la simpatía expresada por el próximo líder del ejecutivo en torno a la figura política de Vladimir Putin. Mucho se ha especulado sobre las probables enmiendas que haga Trump con el fin de aliviar la serie de sanciones impuestas a Rusia desde marzo de 2014, como una respuesta a la anexión de Crimea por la Federación Rusa en ese mismo año. Medios estadunidenses e internacionales señalan a Putin como uno de los grandes victoriosos tras la última elección en Estados Unidos, y un posible acercamiento entre ambos países podría irse ya forjando. 

Un hecho clave fue la nominación de Rex Tillerson como secretario de Estado. Lo que destaca de este personaje como un probable miembro del gabinete (aún necesita aprobación del Congreso) se resume en tres puntos: primero, Tillerson además de ser el presidente ejecutivo de ExxonMobil, es reconocido por sus  conexiones de alto perfil en el entramado energético-político ruso gracias a los diversos proyectos de la compañía que él lidera; segundo, Tillerson se ha opuesto a las sanciones internacionales aplicadas a Rusia, debido a que ExxonMobil ha perdido desde julio de 2014 más de 1,000 millones de dólares. Particularmente, se han visto afectados acuerdos clave entre este conglomerado y Rosneft, la compañía paraestatal petrolera más grande de Rusia; tercero, la Secretaría de Estado de Estados Unidos sería comandada por un hombre de negocios, lo cual representa un quiebre con la ortodoxia diplomática y política de ese país. El pragmatismo y  conocimiento del quehacer negociador a nivel industrial y comercial de Tillerson, y la cercanía entre éste y Putin, son elementos base para considerar la futura dirección de la política exterior estadunidense. 

Inicialmente, podría considerarse que Trump, con ayuda de Tillerson, forjará acuerdos relevantes con Rusia en materia energética, beneficiando simultáneamente a la industria local estadunidense. Sin embargo, como se ha descrito anteriormente, una industria depende del precio de los productos que genera; qué tan redituable sea producir para las compañías petroleras de Estados Unidos y de otros países obedece en cierta medida a los precios, a los niveles de oferta y demanda, y a los costos de producción. Las tres primeras variables responden a un comportamiento un tanto exógeno a las industrias locales, mientras que los costos pueden ser más adaptados por las propias empresas. 

El desafío a la disciplina de la OPEP

Tras el anuncio de una reducción conjunta de 1.2 millones de barriles al día o el 4.5% de la producción total de los países miembros de la OPEP, los precios han ido incrementándose sutilmente desde entonces (por ejemplo, la mezcla Brent aumentó su cotización de USD 50.47 a USD 56.28 por barril; es decir, un incremento del 11.51%), lo que tranquilizó al mercado y a los productores internacionales. No obstante, los intereses nacionales y las disputas geopolíticas entre países miembros de la OPEP dificultaron las negociaciones previas al 30 de noviembre. Dentro de este organismo resalta la rivalidad entre Arabia Saudita e Irán, que no sólo se enfrentan en la competencia por ventas y producción de crudo, sino a través de su participación indirecta en los recientes conflictos de Medio Oriente. 

Aunado a esto, el triunfo del último acuerdo logrado yace en compromisos con países no miembros, particularmente con Rusia. Pero cierto escepticismo permanece por el pobre cumplimiento tangible entre los mismos países de la OPEP, y la constante incertidumbre que genera un acuerdo con Rusia. Respecto a lo primero, es vigente que además de los propios intereses para algunos países productores, la reducción en la producción afecta en cierto grado las metas de crecimiento para sus respectivas industrias. Irak y Libia buscan revitalizar su producción después de años de conflicto, e Irán por su parte intenta reposicionarse tras la revocación de las sanciones. De igual modo, aunque Arabia Saudita realizó el mayor ajuste unitario en producción (486,000 barriles por día o aproximadamente el 5% de su producción total), el recorte contempla que este país junto con Kuwait y Emiratos Árabes Unidos absorben el 60% del ajuste, por lo que deja el 40% restante a otros países (incluido Irán) que podrían no adherirse por completo al acuerdo. 

El ajuste negociado por la OPEP tiene poco impacto a un mercado que ya se encuentra saturado de oferta (se calcula que hay en circulación 96 millones de barriles al día), por lo cual, un incremento en la oferta estadunidense, tal como lo plantea Trump, podría flanquear la responsabilidad adquirida por países adheridos y no adheridos a la OPEP por seis meses a partir de enero de 2017. Asimismo, el incremento de la producción estadounidense repercutiría en el suministro global, y a su vez en los precios, que podrían verse sumidos en una nueva crisis. Un aumento en la demanda podría contrarrestar los efectos de un mercado sobre-suministrado. 

La economía como una directriz explicativa 

Los escenarios anteriormente descritos plantean posturas y acciones que aún no se definen o suceden. Si algo ha demostrado lo ocurrido a lo largo del año anterior en diferentes países, es que los modelos políticos predictivos han fallado, y no fue la excepción para Estados Unidos. Aunado a esto, aún no es posible especificar qué medidas reales tomará la próxima administración respecto a la agenda de la campaña electoral; la incertidumbre permea pero cada día menos.

Relativo al mercado internacional de crudo y sus dinámicas, el dogma económico podría ofrecer un panorama más tangible. A menor oferta, caeteris paribus, mayores precios; un aumento en la demanda, caeteris paribus, mayores precios. En el corto plazo, la OPEP ha acordado a un recorte en la producción de crudo, lo cual ha tenido como consecuencia un alza en los precios. Se ha referido que en caso de un aumento en la oferta estadounidense, podría desplomar los niveles de cotización por barril de petróleo, situación de la que indudablemente los productores internacionales buscan salir. Ahora, en caso que esto sucediera y para tratar de dañar en menor medida a las industrias petroleras, incentivos para un incremento en la demanda por crudo, podrían restablecer los precios. La promesa de una “dominancia energética americana,” así referida por Trump en el An America First Energy Plan, interpreta un impacto que retrasaría políticas ambientalistas (favorecidas por el gobierno de Barack Obama), lo cual aceleraría un incremento en la demanda doméstica por crudo. 

Otro factor importante para el análisis económico del petróleo es la importancia de los costos de producción para las empresas. Se ha observado que, en general, la industria estadunidense ha logrado reducir sus costos, pero aún es incierto si éstos son temporales o permanentes. Los primeros tendrían mayor castigo en la producción con precios bajos del crudo, mientras que los segundos, podrían auxiliar a las empresas a esquivar menores ingresos. 

El estudio de las dinámicas geopolíticas no debe menospreciarse al analizar el petróleo, el insumo energético más importante del mundo, ya que sus implicaciones de producción están alineadas a intereses nacionales y corporativos. Independientemente de cuál sea la política energética de Trump, ésta tendrá eco en el mercado internacional del crudo. Decisiones domésticas de oferta o demanda, tendrán a su vez repercusiones en cuánto se cotice este producto, pero al mismo tiempo, intereses geopolíticos determinan en algún grado el rumbo los niveles de producción. 

¿Qué le espera a México?

Entre una oleada de noticias adversas para la estabilidad económica de México en las últimas semanas, los resultados de la reciente ronda de licitaciones promovida por la Comisión Nacional de Hidrocarburos ofrecieron un respiro necesario al sector energético. A pesar de las amenazas del futuro presidente estadounidense hacia empresas americanas de no dirigir sus inversiones fuera de ese país, la Ronda 1.4 hizo evidente el optimismo corporativo energético internacional, incluyendo el estadunidense al ser ExxonMobil y Chevron ganadoras de dos bloques en el Cinturón Plegado Perdido (yacimiento de hidrocarburos en aguas profundas ubicado en el Golfo de México). Sin embargo, el impacto real de una política pro-petrolera encabezada por Trump en México, necesariamente dependerá de lo analizado a lo largo de este artículo: precios y de costos. Respecto a lo último, una reducción en los costos de producción podría proveer una tregua tanto a los consumidores como a los productores. Empero, las dificultades que presente la futura administración para la exportación de tecnología y de inversiones hacia México, será también una variable a considerar en la dinámica energética entre ambos países.

Marlene Gómez Sandoval es consultora en temas de seguridad e inteligencia en FTI Consulting.


1 Lo cual facilita la probable postura de Donald Trump respecto a Irán en los próximos meses; el Senado de ese país ha aprobado la extensión de la autoridad presidencial de reinstalar restricciones a Irán por un período de 10 años, en caso que éste no se apegara a lo acordado en 2015. Trump podría unilateralmente reimponer restricciones comerciales al país persa sin previa autorización de su gobierno o de la comunidad internacional (Kaplan, 2016).

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