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Algo inesperado de la propuesta de reforma hacendaria del ejecutivo federal fue la cantidad de cambios que se proponen al Impuesto Sobre la Renta. De llevarse a cabo, los cambios propuestos supondrían la mayor modificación en los últimos treinta años al que es el impuesto directo más importante del sistema tributario mexicano (su recaudación representa alrededor de 5 por ciento del PIB).

Para entender buena parte de la reforma es necesario tener en cuenta que la evasión del ISR empresarial y del ISR a personas físicas dedicadas a actividades empresariales suma 1 por ciento del PIB (ITESM, 2010) y los gastos fiscales (lo que pierde el Estado por no cobrar un impuesto debido a una exención o devolverlo vía una deducción) 1.6 por ciento del PIB (SHCP, 2012).

Ante esto, se busca reducir tanto el monto como el número de deducciones que demostraron ser incapaces de cumplir su cometido,[1] aquellas en las que era exagerado el monto que se deducía o a partir del cual se deducía[2] o aquellas que tenían una racionalidad económica muy cuestionable.[3] En total, la reforma propone eliminar o reducir severamente 11 criterios de deducción para las personas morales y para las personas físicas que realizan actividades empresariales.

Además, se elimina buena parte de los regímenes especiales. Entre estos destaca la eliminación del régimen de Consolidación Fiscal y del Régimen Simplificado, pero no son los únicos. Desaparecen también los regímenes especiales para cooperativas, sociedades inmobiliarias, desarrolladores inmobiliarios, exploración en el sector minero, ventas a plazos y el de reservas de instituciones financieras. En su conjunto, ambas medidas buscan cerrar espacios a la elusión fiscal.

Para las personas físicas dedicadas a actividades empresariales o que son profesionistas independientes, se propone la fusión del Régimen de Pequeños Contribuyentes (REPECO) con el Régimen Intermedio para crear el Régimen de Incorporación Fiscal. Colocando el acceso a la seguridad social como incentivo, el nuevo régimen busca tanto lograr la formalización de los negocios informales como incentivar el crecimiento de las empresas (que en teoría desincentivaba el REPECO) vía una integración gradual al régimen general de personas físicas que realizan actividades empresariales. Se asume pues que las empresas informales se mantienen así porque lo desean y sólo es cuestión de modificar los incentivos para que se formalicen. Lo que hace un tanto cuestionable a este nuevo esquema es que la explicación sobre el origen de la informalidad es sumamente debatible pues no necesariamente es una cuestión de elección el que las empresas se mantengan informales.  Más aún cuando existe cierta evidencia de que buena parte de los “emprendedores” que caerían en este régimen preferiría cambiar su empresa por un empleo asalariado.

El otro eje de la reforma busca hacer más progresivo[4] al ISR, destacándose tres cambios. El primero de ellos es la creación de un nuevo escalón en el extremo superior de la estructura tarifaria para aquellas personas físicas con ingresos mayores a 500 mil pesos anuales (alrededor de 40 mil pesos mensuales). La segunda modificación es la introducción de un impuesto a las ganancias obtenidas en la bolsa de valores a través de la venta de acciones. Por último, se propone limitar el monto de las deducciones personales al 10 por ciento de los ingresos anuales. Los primeros dos impuestos mencionados recaen enteramente sobre la parte alta del 10 por ciento de la sociedad mexicana con mayores ingresos y dado que 87 por ciento de los beneficios obtenidos por las deducciones personales los recibe también este sector, la tercera modificación también llevaría a un incremento en su contribución al fisco.

Aun cuando estas modificaciones aumentan la progresividad del ISR y su capacidad recaudatoria, se trata de pasos tímidos en esa dirección.

Se debió de haber propuesto un impuesto a las herencias o hacer de ellas causante de ISR del que actualmente están exentas, de tal forma que existiese equidad horizontal en la forma en que se gravan los ingresos. Esta crítica también es válida respecto al nuevo impuesto sobre ganancias bursátiles, pues al tener una tasa menor (10 por ciento) a la de otros como el salario, genera un sesgo a favor de ese tipo de ingresos.

De igual forma se debió de aumentar el escalonamiento en el último tramo de la distribución tarifaria (haciendo de paso más alta la tasa máxima del impuesto y el ingreso sobre el que recae). Ello pues uno de los factores que hace que pierda progresividad el ISR es el “achatamiento” en la parte superior de la estructura tarifaria, pues cobra la misma tasa a individuos tan disímiles como un profesor universitario y  Carlos Slim.

Con el objetivo de aumentar la equidad horizontal del impuesto y aumentar recaudación, valdría la pena considerar modificar el esquema de cobro para las profesionistas independientes de tal forma que al igual que a los asalariados, se les retuviese el monto de impuesto a pagar en la fuente del ingreso. Con ello se reduciría su capacidad de evasión y ayudaría a disminuir la brecha entre la tasa efectiva que paga el trabajo asalariado y la que pagan los profesionistas independientes.

El que estos elementos se dejen de lado es grave en tanto que la historia muestra que las reformas al ISR no ocurren muy seguido dada la férrea (y efectiva) oposición de algunos sectores de la sociedad. Si el ejecutivo federal decidió apostar por este camino, valía la pena jugarse la mano completa.

Luis Monroy Gómez Franco es estudiante de economía en la Facultad de Economía de la UNAM y editor de la Sección de Economía de la Revista Digital Paradigmas.


[1] Es el caso de la “deducción inmediata” la cual que permitía deducir inmediatamente todo el valor de una inversión en activo fijo. El fin era incentivar la inversión pero no lo logró.

[2] Como la deducción de inversión en automóvil que permitía a las personas físicas empresariales y a las morales deducir hasta 175 mil pesos de la compra de un automóvil,  se propone reducir el monto a 135 mil pesos.

[3] Como la deducción de 12.5 por ciento en el consumo en restaurantes a personas físicas empresariales y a las morales.

[4] Es decir, que contribuyan más quienes más ingresos tienen.

Bibliografía

Secretaría de Hacienda y Crédito Público (2012) “Presupuesto de Gastos Fiscales”, disponible aquí.

Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (2010) Evasión Global de Impuestos: Impuesto sobre la Renta, Impuesto al Valor Agregado e Impuesto Especial sobre Producción y Servicio no Petrolero. México, DF: ITESM CCM.