El año 1988 contribuyó al vocabulario colectivo del país con dos nuevos términos: los “cachirules” y la “caída del sistema”. La anécdota de los cachirules se originó con la alineación de seleccionados nacionales que sobrepasaban el límite de edad durante un torneo de la CONCACAF para menores de 20 años. Por su parte, la caída del sistema surgió con la repentina suspensión del conteo de votos durante la noche de la elección presidencial y la declaración de victoria del candidato oficial la mañana siguiente.

Ambos términos comienzan en actos de ilegalidad, pero sus desenlaces tienen caminos divergentes. Los cachirules fueron identificados mediante una investigación periodística que usó documentos públicos para evidenciar las diferencias entre la edad real de los jugadores y aquella registrada para el torneo. Una vez que salieron a la luz las alteraciones en las actas de nacimiento de varios seleccionados nacionales, la FIFA suspendió a México de cualquier competencia internacional por dos años e inhabilitó de por vida al consejo directivo de la Federación Mexicana de Futbol.

De la caída del sistema, en cambio, poco pudo hacerse para comprobar la existencia de las irregularidades cometidas. Las autoridades electorales justificaron la suspensión del conteo como una falla técnica y anunciaron el resultado oficial de la elección tres días después. Estos resultados fueron reportados a nivel distrito y la oposición sólo tuvo acceso limitado a los resultados de 29,999 de las 54,493 casillas abiertas ese día.

Treinta años después, la anécdota de los cachirules se menciona esporádicamente como una época oscura pero difícil de repetirse en la actualidad.  En cambio, la ansiedad de que el país enfrente una nueva caída del sistema vuelve sin falta a la histeria colectiva del país en cada elección presidencial. La poca información disponible sobre la elección dejó varias preguntas inconclusas sobre la caída del sistema y generó múltiples suposiciones difíciles de verificar. Con el fin de llenar algunos de estos vacíos sobre este evento, este artículo revisita los hechos de la elección de 1988 con el análisis de las actas electorales disponibles en el Archivo General de la Nación.

Los vacíos en la historia

La opacidad del proceso electoral permitió el surgimiento de varios debates sobre la manipulación de los resultados y su efecto final en la victoria del candidato priísta. Como ejemplo, diversos artículos publicados por esta revista discutieron la legitimidad de los resultados y las precauciones para su interpretación.1 Pero las suposiciones sobre lo sucedido durante el conteo de los votos exceden la limitada información disponible sobre la elección.

Entre los pocos estudios cuantitativos sobre el tema, existen dos posiciones claras. La primera es un libro liderado por el fallecido José Barberán, y con Cuauhtémoc Cárdenas como uno de los coautores, que analiza las casi 30 mil actas disponibles a los partidos políticos.2  Este estudio explora los resultados en cada distrito para sugerir diversas irregularidades estadísticas en la distribución de los votos para cada candidato. Después de identificar las casillas con datos irregulares y extrapolar los resultados a todas las casillas del país, los autores concluyen que las irregularidades impidieron la victoria de Cárdenas.

Este trabajo es creativo y analíticamente riguroso. Incluso, algunas de las pruebas más recientes para analizar elecciones en países como Rusia o Nigeria, se encuentran propuestas de manera muy intuitiva en este libro.3 Sin embargo, más allá de evaluar el análisis de uno de los coautores como juez y parte, las conclusiones del libro rebasan lo que los datos permiten deducir. En la actualidad, no hay manera de saber si las casi 30 mil casillas con las que se hizo el estudio son una muestra representativa de las casi 25 mil casillas faltantes, y los datos de este estudio son imposibles de replicar, ya que la información se extravió después de la muerte Barberán.

La segunda posición es la que cita Carlos Salinas para defender su triunfo. Usando una base digital con los resultados de todas las casillas, Francisco Báez demuestra que Salinas ganó la elección, incluso considerando supuestos exagerados para “limpiar” aquellas observaciones que lucen sospechosas.4 Sin embargo, al igual que el trabajo de Barberán y compañía, la sencillez e intuición en los métodos que se utiliza para llegar a la conclusión enfrentan un problema importante: el análisis es imposible de replicar. Directivos del Archivo General de la Nación desconocen la existencia de la base electrónica mencionada en el estudio5 y el autor reconoce el extravío de la información utilizada.6

Lo que las actas dicen (y dejan ver)

Carlos Salinas ha defendido su triunfo usando dos premisas: la suma de los votos en las actas le dan la victoria y todas las actas se encuentran disponibles en el Archivo General de la Nación.7 Las dos premisas son ciertas. Después de fotografiar cada una de las casi 55,000 actas electorales disponibles en el antiguo Palacio de Lecumberri y capturar los resultados de cada casilla, la suma de los votos son muy parecidos a las cifras oficiales para cada candidato. La similitud se mantiene incluso comparando los resultados en cada distrito. Podemos entonces concluir que los votos registrados en las actas le dan la victoria al candidato del PRI.

Tabla 1

  Salinas Cárdenas Clouthier Votos Totales
Datos Oficiales 9,641,329 (50.3%) 5,956,988 (31.1%) 3,267,159 (17.1%) 19,145,012
Resultados de las actas 9,294,147 (51%) 5,314,667 (29.2%) 3,269,208 (17.9%) 18,207,388

 

Comparación de los votos registrados en los resultados oficiales y los votos registrados en las actas existentes en el Archivo General de la Nación. El número de actas en la base de datos es de 53,249, y las actas omisas se deben a que la tinta de algunas actas se ha diluido o la imagen capturada cuenta con baja definición.

 

Pero las actas revelan algo más que los resultados oficiales y ponen en duda si los votos registrados en muchas de ellas representan integralmente lo escrutado en las casillas. Por ejemplo, hay más de 1,600 actas sin la firma de ningún funcionario de casilla. Las actas de varios distritos presentan el mismo tipo de letra y tinta. También hay cerca de 1,700 actas llenadas con máquina de escribir. En el Distrito 2 en Chiapas, por ejemplo, hay 16 actas consecutivas llenadas con la misma tipografía de la máquina de escribir. En estas 16 casillas, el nombre del candidato que recibió todos los votos de forma unánime está escrito de la misma manera: “LIC. CARLOS SALINAS DE GORTARI”.

El problema más común de observar es la obvia corrección de los votos registrados en las actas. Algunas de ellas muestran la adición del número 1 a la izquierda o a la derecha de los votos para algún candidato. Otras tienen cifras explícitamente corregidas, borrando los votos de la oposición y añadiendo votos al candidato oficial. Como los ejemplos de la Figura 1 ilustran, las alteraciones a las actas son difíciles de pasar como accidentales y la mayoría de las correcciones se encuentran en el segundo renglón, correspondiente al total de votos del candidato del PRI.



Queda entonces saber si la alteración de las actas fue un evento generalizado o un caso aislado. La forma directa de contestar esta pregunta sería identificando las alteraciones en cada una de las más de 50,000 actas. Este proceso, además de lento, costoso y físicamente exhaustivo, produciría resultados difíciles de interpretar sin considerar el sesgo político de la persona a cargo de esta tarea. El reto es entonces clasificar las actas de manera eficiente y en la forma más objetiva posible.

La magnitud de la manipulación

Afortunadamente, contamos con herramientas inimaginables hace treinta años que nos pueden ayudar a resolver este problema. En concreto, para clasificar las actas de esta elección utilizo una técnica llamada “aprendizaje de máquina” la cual, sin ir a detalles técnicos, ayuda a la computadora a que analice las imágenes en cada una de las categorías que nosotros le asignemos inicialmente. Esta técnica se ha utilizado para analizar ultrasonidos o emociones faciales y su aplicación va desde distinguir los rostros de cada individuo en una foto subida a Facebook hasta asegurarse de que cuando buscamos en Google imágenes de un perro no salgan imágenes de gatos o caballos.

Este proceso requiere clasificar manualmente una muestra de imágenes, las cuales son utilizadas por la computadora para “aprender” las características de cada categoría. Durante esta fase de aprendizaje, la computadora distingue gradualmente distintos patrones visuales en cada categoría, evalúa su precisión clasificando las imágenes y calibra sus predicciones para minimizar su margen de error.  Una vez concluida la fase de aprendizaje, la computadora puede clasificar imágenes nuevas o de las que no hayamos asignado ninguna categoría aún.

Para este ejercicio, seleccioné manualmente 900 imágenes, la mitad de ellas clasificadas como “alteradas” y la otra mitad como “limpias”. Las fotografías en la primera categoría presentan irregularidades similares a las mostradas en la Figura 1, mientras que las limpias no parecen tener ninguna alteración.8 Para verificar la precisión del método, clasifiqué manualmente una muestra adicional de 150 imágenes. Una vez concluida la fase de aprendizaje, le pedí a la computadora que clasificara la muestra adicional sin darle información de la categoría a la que yo había asignado a cada imagen. El método clasificó correctamente 94% de las actas limpias y 83% de las actas alteradas. En otras palabras, la precisión del método es alta y sus errores de clasificación hacen más probable que un acta sucia pase como limpia que viceversa.

El último paso consiste en utilizar la información que la computadora extrajo durante la fase de entrenamiento para clasificar las más de 50,000 imágenes. Para esta clasificación, la computadora usa los patrones que aprendió en cada categoría y busca características similares en el resto de las imágenes. Vale la pena destacar que la computadora no se enfoca en las cifras de las actas, sino en las alteraciones de las mismas. Esto quiere decir que el método se enfoca en encontrar patrones de alteración en los resultados como el uso de varias tintas o tipo de letra, sin importar que el acta tenga 10 o 3000 votos.

La clasificación final de las imágenes deja en claro que las actas alteradas fueron lejos de ser una excepción. Más de 19,000 actas, o el 36% del total, fueron clasificadas como alteradas. Este número varía entre entidades federativas y va del 5% en el Distrito Federal a más del 78% en estados como Puebla o Querétaro.

Para asegurarnos de que esta clasificación sirva para detectar la manipulación de las actas, necesitamos comparar las distribuciones de los resultados electorales de las actas clasificadas como “alteradas” y las “limpias”. Una vez más, el método solamente usó como insumo las fotografías de las actas y nunca fue informado sobre los resultados registrados en cada una de ellas. Si el método propuesto está identificando alteraciones accidentales o que no afectan los resultados, las distribuciones deberías ser muy similares. Sin embargo, como la Figura 2 indica, la mayoría de las actas clasificadas como alteradas tienen un porcentaje de votos para Salinas mayor al 90%. Esta distribución difiere de la correspondiente para las actas limpias, cuya moda se encuentra en el 30% de los votos para el mismo candidato. Mientras tanto, la distribución de los votos para Cárdenas en las actas limpias es bimodal, con una de las modas cerca del 0% y la segunda en 50%. Esta segunda moda desaparece en las actas sucias, las cuales registran en su mayoría porcentajes a Cárdenas menores al 10%.

1988 en perspectiva

Podemos entonces confirmar que existen alteraciones en más de la tercera parte de las actas y que la mayoría de las actas alteradas tienen porcentajes casi unánimes para el candidato del PRI. La siguiente pregunta sería conocer la cantidad de votos manipulados. Actualmente estoy trabajando en un proyecto para identificar el número de votos añadidos en cada acta, pero es preciso aclarar que los resultados de este esfuerzo van a señalar solamente las consecuencias de una de las múltiples irregularidades que existieron en la elección. Aún omitiendo la posibilidad de que hayan existido urnas embarazadas o ciudadanos votando más de una vez, la destrucción de las boletas hace imposible conocer el número legítimo de votos emitidos en casos como los descritos anteriormente en el Distrito 2 de Chiapas. Si bien podremos conocer si la alteración deliberada de las actas fue suficiente para cambiar el resultado, poco sabremos sobre la magnitud total de manipulación que hubo en la elección.

Los resultados de este análisis nos ayudan a aclarar varios puntos sobre la elección. El parecido de las cifras oficiales con los votos registrados en las actas diluye la teoría de una manipulación centralizada. La justificación errática del Secretario de Gobernación sobre la falla técnica no era para ocultar la manipulación de los datos desde Bucareli o una computadora en el extranjero. Lo que la suspensión del conteo de votos permitió fue darle tiempo a los gobernadores y funcionarios de cada junta distrital para confeccionar las actas a favor del PRI. También el hecho de que el Consejo Federal Electoral nunca proporcionó los datos de todas las casillas previno que los partidos de oposición verificaran los resultados oficiales con los datos registrados por sus representantes en cada casilla.

A su vez, las irregularidades identificadas en este proyecto nos ayudan a poner en perspectiva los avances de nuestra administración electoral en los últimos 30 años. Las elección de 1988 fue organizada directamente por la Secretaría de Gobernación y el PRI contaba con la mayoría absoluta de los votos en las decisiones tomadas dentro del Consejo Federal Electoral. En cambio, desde 1997 las elecciones son organizadas por un organismo autónomo y los representantes partidistas tienen sólo voz, pero no voto, en la decisiones relacionadas a la administración electoral. En 1988, 31% de las actas no presentan la firma de ningún representante de la oposición. En 2012, esa cifra se redujo a menos de 2%. Los resultados de todas las casillas en 1988 y las imágenes todas de las actas serán accesibles al público después de casi tres décadas. En la actualidad, los resultados y las actas de cualquier elección federal están al alcance de  cualquier persona con acceso a internet en menos 24 horas después del cierre de casillas.

Esto no quiere decir que nuestras elecciones ahora están libres de irregularidades, pero sí que las vulnerabilidades más graves ahora se encuentran fuera de las casillas y consejos distritales. La compra de voto, el financiamiento ilegal en campaña y la coerción del voto resultan ser técnicas más eficientes y difíciles de observar que la alteración de las actas llenadas en presencia de los observadores electorales y representantes de todos los partidos. La polémica actual sobre el reemplazo del fiscal de delitos electorales deja en claro que nuestra preocupación tiene que enfocarse en cómo los partidos reciben y usan sus recursos en campaña, y la imparcialidad al sancionar violaciones al código electoral. No hay elecciones perfectas, y las que suceden en México no son la excepción. Pero las condiciones para una manipulación como la de 1988 son parecidas a la de encontrarnos otro cachirul en el próximo mundial sub-17.

 

Francisco Cantú
Profesor asistente en el departamento de ciencia política de la Universidad de Houston. Este texto está basado en el documento de trabajo titulado “The Fingerprints of Fraud: Evidence from Mexico’s 1988 Presidential Election”. Las fotografías de las actas, los resultados a nivel casilla y el código para replicar el análisis estarán disponible una vez publicado el artículo.


1 Ver, por ejemplo, Molinar, Juan. “El Lecho de Gauss o la Campana de ProcustoNexos, 8, 1989, p. 9-11; Woldenberg, Jose. “Las Cifras y los Votos: Pistas para no irse con las fintas” Nexos, 129, 1988, p. 6-7. Warman, Arturo. “El voto arcaico” Cuadernos de Nexos

2 Barberán, José, Cárdenas, Cuauhtémoc, López Mojardin, Adriana y Zavala, Jorge. Radiografía del Fraude. Editorial Nuestro Tiempo. México, 1988.

3 Ver, por ejemplo, la prueba del último dígito descrita en Beber, Bernd y Alexandra Scacco, “What the Numbers Say: A Digit-Based Test for Election Fraud Using New Data from Nigeria” Political Analysis, Vol. 20. p. 211-234. También, para ver el análisis de las distribuciones bimodales, ver Myagkov, Mikhail, Peter Ordeshook y Dimitri Shakin. The Forensics of Election Fraud: Russia and Ukraine. Cambridge University Press, 2009.

4 Báez Rodríguez, Francisco. “Las Piezas Perdidas (Ejercicios de Reconstrucción)” en Elecciones a Debate, 1988. Arturo Sánchez (editor). Editorial Diana, 1994, p.p.: 21-35

5 Eisenstadt, Todd. Courting Democracy in Mexico: Party Strategies and Electoral Institutions. Cambridge University Press, 2004. p: xi

6 Comunicación personal con el autor.

7 Salinas de Gortari, Carlos. Mexico: The Policy and Politics of Modernization. Plaza & Janés Editores. Barcelona, 2002. p.p: 942-943

8 Para estar seguro que mi clasificación de estas imágenes no estén sesgadas, le pregunté a 200 personas en una encuesta por internet a que clasificaran las mismas imágenes. Lo mismo hice con 4 estudiantes en la Universidad de Houston. Los resultados en los dos casos son parecidos a mi clasificación.