“El internet es la primera cosa que la humanidad ha construido
y que la humanidad no entiende, el experimento más grande de anarquía que hemos tenido”.
Eric Schmidt, expresidente de Google

El 17 de mayo de cada año se celebra el “Día mundial del internet”, o siendo más estrictos con su creación, el “Día mundial de las telecomunicaciones y la sociedad de la información”. Se trata de celebrar y tomar conciencia sobre las numerosas ventajas, oportunidades y desafíos que se originan en el uso y adopción de las llamadas Tecnologías de la Información y Telecomunicaciones (TICs), y en el del Internet —que las sustenta en su mayoría hoy en día– para reducir la brecha digital, fomentando el desarrollo sostenible económico y social, y la mejora de servicios de educación, salud y seguridad, entre otros. Esta celebración se nos presenta como un catalizador para una profunda reflexión sobre el estado y la salud actual del internet.


Ilustración: Víctor Solís

La Cumbre mundial sobre la sociedad de la información solicitó en noviembre de 2005 a la Asamblea General de las Naciones Unidas que declarara el 17 de mayo como el “Día undial de la sociedad de la información”, lo cual finalmente así se resolvió y, se refrendó con posterioridad por la Conferencia de Plenipotenciarios de la UIT (Unión Internacional de Telecomunicaciones), que en noviembre del 2006 tuvo lugar en Turquía.

El internet, las nuevas tecnologías y las diferentes aplicaciones por él habilitadas, o en otras palabras el “mundo digital”, han cambiado radicalmente nuestras economías y sociedades de manera transformacional, siendo uno de los pilares de la Cuarta Revolución Industrial en la que estamos viviendo, y el motor que impulsa la economía global. Sin lugar a dudas, el Internet se ha convertido en el nuevo estado de bienestar del Siglo XXI, presentando nuevas oportunidades de comunicación, información, libertad de expresión, participación ciudadana, educación, modelos de negocios colaborativos, ejercicio efectivo de derechos humanos, igualdad de género, y nuevas oportunidades de entretenimiento y empleo. Nosotros, a quienes nos toca estar del lado de los beneficiados por este mundo digital, vivimos rodeados de distintos dispositivos y servicios digitales las 24 horas del día, los 365 días al año, gracias a recursos computaciones altamente poderosos conectados por Internet, almacenados y procesados en servidores ubicados en forma remota, en la mayoría de los casos desconociendo su ubicación geográfica. Así, disfrutamos de servicios de streaming de música y video, y de asistentes virtuales que ambicionan solucionan de manera aséptica casi todos los problemas de nuestras vidas.

Sin embargo, estas oportunidades y beneficios se ven en la actualidad seriamente amenazados. En primer lugar y a la luz de numerosos escándalos, como el caso Snowden, o las últimas revelaciones de Cambridge Analytica y Facebook, o los recientes incidentes de seguridad en los servicios de SPEI (Sistema de pagos electrónicos interbancarios) del Banco de México, nos han hecho perder cierta confianza en la red y en sus herramientas. Por otra parte, de alguna manera estamos empezando a tomar conciencia que algunos de los servicios en línea, como ser las redes sociales, en apariencia gratuitos, no lo son, sino que monetizan nuestra información, nuestros datos, bajo nuevos modelos de negocios de publicidad y mercadotecnia. De esta manera, nos preguntamos si la información que encontramos en línea es veraz y exacta, ¿Quiénes son esos amigos virtuales que encontramos en la red? ¿Con quién y con qué destino compartimos nuestros datos? ¿Cómo lidiar con nuestra adicción a estar conectados todos el tiempo, aturdidos por lo que pasa en la red? Asimismo, las noticias falsas y los hechos alternativos distorsionan cómo vemos la realidad, confundiendo aún más los mundos reales, virtuales o aumentados, informando nuestras decisiones importantes como ciudadanos o consumidores.

La infraestructura central que sustenta el internet está ahora bajo constantes ataques de seguridad, amenazando su integridad. Redes de robots o bots, secuestros de información, hackeos de datos, denegación de servicios públicos digitalizados como los afectados por el virus WannaCry, y otros incidentes de ciberseguridad.

A mayor abundamiento,de manera creciente tenemos cada vez más millones de dispositivos conectados entre sí y a través de varias redes a través de internet, llamado el “internet de las cosas", con una gran preocupación por los riesgos exponenciales para la privacidad y seguridad de la información, incluyendo nuestros más preciados datos, los personales, y en especial aquéllos de naturaleza sensible, como datos financieros o de salud. 

Todo ello ha llevado a algunos de los creadores del internet a pedir de manera pública disculpas por todos estos efectos negativos poniendo de manifiesto la preocupación por el estado actual y salud del internet, que rebasó los objetivos románticos e idealistas presentes en su creación.

Desde otra perspectiva, a veces poco profundizada, vis-a-vis las oportunidades únicas que nos ofrece en esta coyuntura histórica el Internet para encontrar soluciones y la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible del Milenio de la ONU, se presenta la paradoja del grave riesgo de profundizar aún más las desigualdades y brechas sociales. Por ejemplo, la creciente brecha entre los conectados y los desconectados –más del 40% de las personas del mundo no están conectados a Internet– y están siendo excluidos así, de los beneficios y oportunidades de esta era digital a medida que los mismos crecen a pasos agigantados para otros. De esta manera, con semejante desigualdad de oportunidades que progresa de manera geométrica al decir de Malthus ningún modelo de desarrollo podrá ser sostenible.

Sin lugar a dudas, todos en un esfuerzo de corresponsabilidad tenemos que asegurar la existencia de un internet abierto, libre, descentralizado, y seguro para todos, reforzando la confianza en su uso, y ofrecer las mismas oportunidades para todos, poniendo en todos los casos a la persona, al ser humano como sujeto. La brecha digital, no es una brecha fría de acceso, es una brecha de desarrollo y oportunidad para las personas excluidas.

Es impensable en el México del siglo XXI concebir un modelo de desarrollo sostenible económico y social sin asegurar el aprovechamiento de estas nuevas herramientas digitales, este gran igualador social, que nos ofrece la red de redes, el internet.

La situación de preparación digital de México nos ofrece, como en otros terrenos, claroscuros que tenemos que abordar de manera lúcida, objetiva, eficaz, con coresponsabilidad y urgencia. Al respecto, es imprescindible que en esta coyuntura electoral los candidatos presidenciales entiendan cabalmente esta “agenda digital” y en caso de ser elegidos la incluyan y acometan en sus planes de gobierno, con la participación de todos los grupos de interés involucrados, en especial una observancia celosa de su implementación por parte de la sociedad civil. Un buen comienzo es la Agenda Digital Nacional 2018 preparada por la Industria de las TICs. Aquí me permito invitar a todos los sectores involucrados a ser pragmáticos y asignar prioridades y recursos para implementar agendas “digitales” de manera eficiente y acelerada, dada la dinámica de los desarrollos tecnológicos y los avances de otros países al respecto, profundizando así el rezago “digital” de México, que podrían amenazar nuestra competitividad.

Mexico presenta un 63.9 % de penetración de internet, con 71.3 millones de usuarios, y 17,4 millones hogares con conexión según la Encuesta ENDUTIH 2018 del INEGI. La referida encuesta arroja que el grupo de usuarios mayor se ubica entre los hombres de 18 a 34 años, representando el 85 % del total de usuarios, y el menor el de las mujeres mayores a 55 años.

Esta información y el Estudio sobre los hábitos de los usuarios de internet en México publicado por la Asociación de Internet de México, a ser actualizada este 17 de Mayo, evidencian que aún un porcentaje alto de la población no tiene acceso a este recurso reconocido en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos en su Artículo Sexto (“… el Estado garantizará el derecho de acceso a las tecnologías de la información y comunicación, así como a los servicios de radiodifusión y telecomunicaciones, incluido el de banda ancha e internet…”). Proyectos del gobierno federal como Mexico Conectado evidencian esfuerzos auspiciosos y modelos de alianzas con la Iniciativa Privada y Sociedad Civil encaminados a asegurar una Política efectiva de Inclusión Digital Universal en México.

Estas estadísticas ubican a México por debajo de los estándares de los países de la región y de ciertos grupos como el de los países miembros de la OCDE. Sin embargo, estos resultados de por sí insatisfactorios, lucen más preocupantes cuando lo que miramos no es sólo la conectividad sino la misma con velocidad de banda ancha, que es lo que necesita la mayoría del contenido digital, como ser videos, imágenes, y aplicaciones.

Según el último Índice de Desarrollo de las TICs elaborado en el 2017 por la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT),  México avanzó tres posiciones con respecto al año 2016, posicionándolo en el lugar 87 de 176 economías en el mundo. Asimismo, las suscripciones activas de banda ancha móvil también se incrementaron, al pasar de 51 a 58.8 por cada 100 habitantes, y en la penetración de la banda ancha fija de 11.8 a 12.7 suscripciones por cada 100 habitantes. Aunque con cifras diferentes, la OCDE en su Estudio de Banda Ancha, ubica a Mexico en el último lugar de ese grupo de países miembros en relación a las suscripciones a banda ancha fija (16.5 millones) con un crecimiento del 2016 al 2017 del 8%, y lo ubica en el lugar 33 de 35 con 76.9 millones de suscripciones a banda ancha móvil con un crecimiento anual del 16.8%. Dichas métricas son tomadas por el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) en su Reporte del tercer trimestre del 2017. Cabe reconocer que gracias a la Reforma Estructural de Telecomunicaciones implementada por esta Administración los precios de las tarifas respectivas han disminuido de manera notable y el acceso a Internet de Banda Ancha ha aumentado, en especial gracias a la gran penetración de teléfonos inteligentes. Sin embargo, los progresos no avanzan a la velocidad y alcance esperados, y están lejos de consagrar una inclusión digital universal.

Pero la brecha no sólo es de acceso, sino también en el desarrollo de Habilidades Digitales que esta Cuarta revolución industrial requiere.

China y Rusia han declarado abiertamente su ambición de ser los líderes de esta era digital, invirtiendo miles de millones de dólares estadounidenses en desarrollos tecnológicos en inteligencia artificial. Países como Japón han aceptado a las criptomonedas como moneda de curso legal. ¿Cómo se prepara México para competir en esta nueva geopolítica global donde las fronteras tradicionales son porosas y revelan cierto anacronismo para comprender y ser protagonista y porque no, líder de un nuevo mundo? ¿Por qué no pensar en el blockchain como un recurso tecnológico para coadyuvar en la prevención y combate de la corrupción en Mexico?

En este caleidoscopio de formas y colores, la brecha digital de género es la huella de una historia de desigualdad en el siglo XXI. Encomiables Iniciativas de la Sociedad Civil como ConectadasMx arrojan luz y esperanza para atacar esta ignominia actual. Tal como revela un estudio de la OCDE llamado Empoderando a las mujeres en la era digital, entre otros hallazgos, en el mundo existen 250 millones menos de mujeres en línea que hombres, el desarrollo de tecnologías sustentadas en el big data está dominado en casi un 90% por hombres, el 80% de las patentes relacionadas a los desarrollos tecnológicos corresponde al género masculino, y las cifras de desigualdad para las mujeres en salarios, financiamiento y subsidios públicos son alarmantes.

Esta Cuarta revolución industrial abriga la economía digital donde los emprendedores y las pequeñas y medianas empresas son claves para detonar procesos de innovación y círculos virtuosos y disruptivos de creación de oportunidades, haciendo así a México más competitivo, más igual, y más justo. Inversiones en la implementación de políticas públicas efectivas en promover y robustecer este ecosistema de innovación digital, haría ahorrar al Estado Mexicano millones de pesos invertidos en programas sociales asistencialistas sin sostenibilidad alguna.

En México persisten otras asimetrías, como ser geográficas, dándole a la brecha digital una visión multidimensional, donde numerosas poblaciones rurales de bajos recursos tienen servicios de telecomunicaciones muy deficientes o inexistentes. Aquí, es necesario implementar políticas públicas de acceso universal, capacitación, y contenidos locales (incluyendo a las comunidades indígenas) digitales para asegurar la igualdad y las oportunidades para todos sin excepción.

No debemos olvidar en cualquier abordaje que hagamos del Internet, que el mismo es en esencial global y cualquier agenda tiene que ser armonizada con el mundo, sin fragmentar una infraestructura o  visión compartida, foros como el Foro internacional de gobernanza de internet auspiciado por la ONU resultan vitales para ello.

Nos quedan muchas otras dimensiones que analizar, como la necesidad imperiosa de hacer las nuevas tecnologías accesibles para las personas con alguna discapacidad, los gobiernos digitales y de datos abiertos, los principios éticos a adoptar en el desarrollo de inteligencia artificial, los efectos de la falta de neutralidad en la red, la violencia en línea, la innovación digital, el ciber-activismo, el contenido en lenguas locales incluyendo las originarias, y muchas otras más. La agenda del Internet es muy amplia, variada y compleja, y dada su relevancia, se ha convertido en un tema clave no sólo de las agendas internas de los países sino de las nuevas relaciones internacionales, y no hay reunión, o cumbre de jefes de Estado o de gobierno, organismos Internacionales o think tanks donde no esté presente. Existe una gran tensión entre los derechos e intereses comprometidos en el Internet, en especial desde que algunas empresas comenzaron a desarrollar e implementar de manera exitosa nuevos modelos de negocios, y así se perdió la libertad salvaje o anarquía en las palabras de Schmidt citadas al comienzo de esta nota que la caracterizó por muchos años. Hay quienes piensan de manera extremista que el Internet agoniza, pero nosotros en su lugar, creemos que está más vivo que nunca, sólo que su sistema inmunológico está debilitado por diversos virus. La solución está en hacerla más robusta entre todos, fortalecer sus defensas de manera urgente, eficaz, y con corresponsabilidad de gobiernos, las empresas, la sociedad civil y la academia. El reporte sobre la salud de internet 2018 de la Fundación Mozilla ofrece un buen diagnóstico y recomendaciones al respecto.

En la paleta de tonos y colores de esta nota, veo la oportunidad histórica e irrepetible del Internet de contribuir al progreso, a la reducción de la pobreza, a la creación de oportunidades, y a una sociedad más justa e igualitaria en México. Sigo creyendo en la utopía de un Internet más accesible, abierto, libre, descentralizado, y seguro para asegurar el sueño de quienes creemos en él como no un fin en sí mismo, sino como una herramienta neutral de desarrollo humano y económico con inclusión, y por ello sostenible. Ilusionado por este sueño quisiera rendir un sentido y merecido homenaje a María Elena Meneses en esta celebración del día de internet, periodista, académica, escritora, y entusiasta líder en el potencial del Internet para combatir la desigualdad en Mexico, quien abandonara este mundo el pasado día 14 de Mayo pasado. Seguimos soñando María Elena, tu legado de una utopía digital está con nosotros, y arroja una luz radiante e infinita sobre el claroscuro del Internet en México, aquel que intentamos esbozar aquí con algunas quizás torpes pero bien intencionadas pinceladas.

 

Jorge J. Vega Iracelay es profesor en la Universidad Panamericana e Infotec; investigador, escritor y conferencista en temas relacionados con tecnología y sociedad.