
No es un día cualquiera. Conforme uno se acerca al Zócalo de la Ciudad de México la ciudad se desnuda y revela su lado más cínico. Desde la calle Madero se ve la telaraña de mecates raídos que sostienen miles de casas de campaña de los maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE). Entre pancartas, utensilios de cocina, estaciones médicas, garrafones y el olor fétido de los desechos que se mezcla con el tufo de marihuana, llego a la Catedral Metropolitana.
El poeta Carlos Pellicer lo dijo con claridad: “en provincia hasta la mejor madera se pudre”. Una frase que describe el evidente centralismo de un país que gira —casi sin querer— alrededor de un solo corazón: el Zócalo. Bajo esa lógica miles de maestros rurales, dada la capacidad organizativa de su sindicato, se plantan en la antesala del poder presidencial, pues pareciera que en estos tiempos es la única forma de obtener respuestas. Entre hombres y mujeres agotados se respira inconformidad y la súplica generalizada: “la presidenta nos tiene que escuchar…que cumpla lo que prometió en campaña”.
La efervescencia política de la ciudad, me hace preguntarme cómo dialogan la piedra y la protesta. Adriana Rosas e Ivette Ayala, encargadas de la restauración de la Catedral, comparten sus inquietudes sobre las cargas administrativas y la rutina interminable que implica conservar un espacio como este. Cada vez que Adriana responde, lo hace con una frustración palpable: “Las reparaciones son un cuento de nunca acabar. Cada 15 de septiembre, cada desfile que produce vibraciones considerables, cada pinta y rayón implica un recurso importante que, muchas veces, no alcanza”.
Luego, con tono más amargo, Adriana señala las dificultades de coordinación y ausencia de protocolos para preservar el patrimonio: “Nunca hay interés de parte de Palacio Nacional. Aquí vivimos los estragos de lo que ellos provocan—disturbios, movilizaciones”. Cuando la conversación gira hacia el plantón de la CNTE, Ivette interviene: “Lo más duro es que la gente no vea la Catedral como algo propio. La barda, que no es tan antigua —es de finales del XIX—, se ha convertido en un tendedero de ropa y cobijas”.
La CNTE
Esa convergencia de actores y tensiones cristaliza en el Zócalo, donde el plantón de la CNTE redefine lo que entendemos por espacio público. La protesta, en este contexto, no sólo interpela a las autoridades; también cuestiona la manera en que la ciudad —y el patrimonio que la conforma— se reparten y se cuidan. Porque en cada lona y fogón improvisado hay un recordatorio de que la ciudad no es sólo piedra y memoria: es también un lugar de disputa, donde las demandas se inscriben en las mismas superficies que guardan la historia.
Entre los miles de profesores que resisten bajo el clima extremo de la capital, resuenan nombres de comunidades de las zonas más pobres. Son maestros, prefectos y educadores que vienen de lugares como San Juan Yagila, Zimatlán, los Valles Centrales y muchas partes de la serranía. En su mayoría, son profesores rurales de Chiapas, Oaxaca y Guerrero. Roger Orellana, un maestro fornido y joven dice: “Estamos acá por un derecho legítimo, el gobierno nos ha querido tachar de flojos, pero realmente estar aquí fuera de nuestro Estado implica un desgaste físico y emocional…vivimos en la precariedad”. Su actitud de Roger exhibe el rostro de la educación en México: maestros precarizados, muchos con vocación pero impedidos a inculcar a sus alumnos lo elemental. La incompetencia de los gobiernos locales y las barreras burocráticas hacen evidente que el acceso a la educación en las zonas más pobres del país sigue siendo tan deficiente como lo retrataban las películas del cine de oro mexicano en los años cuarenta.
Quizá la única diferencia es que ahora no están dispuestos a que les sigan dando, como dice Óscar Morales, profesor de educación indígena, “atole con el dedo”. Óscar continúa: “Pedimos que Sheinbaum cumpla lo que prometió en campaña: abrogar la ley del ISSSTE de 2007. Queremos lo justo, una pensión digna”. Y es que Sheinbaum se empeña en darles más vacaciones a los maestros y en completar las exiguas pensiones individuales con las llamadas pensiones para el bienestar, que apenas alcanzan los 17,000 pesos. Ofrecimientos que sólo desatan ira e impotencia entre los maestros. Es así que se les forma un nudo en la garganta cuando éstos piensan en su futuro: una pensión miserable y, para variar, un sistema de salud tan precario que en muchas comunidades rurales simplemente no existe.
La desigualdad se hace evidente no sólo en los números y las estadísticas, sino en las palabras y gestos de quienes acampan. Francisca Filio Ortega, prefecta de unos cuarenta años, con ojeras pronunciadas por el letargo de los días en el plantón, lo expresa con amargura: “Yo estoy desde el 15 de mayo y la verdad no se vale. Los citadinos piensan que venimos a entorpecer su día a día, nos la mientan. Pero si vieran las carencias con las que vivimos en las escuelas nos entenderían”. Su voz revela el abismo que hay entre la capital y la periferia: mientras unos ven el plantón como un obstáculo, otros lo viven como un acto de dignidad.
Si bien las demandas de los maestros rurales encarnan la marginación y el abandono del Estado, también es necesario señalar que la CNTE ha reproducido muchas de las prácticas autoritarias, de patronazgo y clientelares que en su origen combatió. Hoy, su infraestructura burocrática monopoliza buena parte del control de la educación pública y ha convertido a los maestros en piezas de negociación política, usándolos como carne de cañón para beneficiar a las élites que dirigen el movimiento. Así, la ocupación de la plaza pública se convierte en una arena donde no sólo se expresan legítimas exigencias de justicia, sino también intereses particulares que perpetúan las mismas desigualdades e injusticias que se pretende denunciar.
La CNTE nació en 1979 en Chiapas, impulsada por la indignación ante los abusos de los dirigentes de Vanguardia Revolucionaria —la corriente hegemónica del SNTE, de filiación priista— y con el firme propósito de democratizar la vida sindical. Sin embargo, como advierte Sánchez Cervantes, con el paso del tiempo las secciones 7, 18 y 22 terminaron por convertirse en auténticos cotos de poder, donde se reprodujeron los mecanismos de la cultura sindical corporativa posrevolucionaria. Así, el impulso democratizador que dio vida a la CNTE se pervirtió, pues sus líderes optaron por ejercer un control político férreo, usando el acoso y la intimidación como herramientas para sofocar cualquier disidencia.
La imposición de cuotas de lealtad, el condicionamiento de derechos laborales y el control de plazas como de recursos son algunas de las sofisticadas herramientas de control que utiliza la CNTE para impulsar las movilizaciones y coaccionar a los docentes. Asimismo, las “constancias de participación sindical”[1] se han convertido en un filtro para decidir quién puede acceder a oportunidades de ascenso y prestaciones, generando un ambiente de intimidación y presión que afecta en particular a los maestros más vulnerables que están obligados a participar en marchas, plantones—como el que se encuentra en el Zócalo—, bloqueos y mítines, pues sino sus derechos laborales se ven mermados.
Es evidente que la movilización es lo que mantiene a la CNTE como un contrapeso importante para definir la política educativa del país, pues su capacidad organizativa para desplegarse e incomodar en un lugar tan emblemático como el Zócalo no es común en otras organizaciones. Resulta curioso observar cómo, desde que López Obrador decidió abandonar Los Pinos —una residencia concebida precisamente para dirimir antagonismos y que contaba con la infraestructura necesaria— y trasladarse al Palacio Nacional, el centro de la ciudad se ha vuelto un punto neurálgico en la morfología urbana del poder en México. Esta decisión ha concentrado las dinámicas políticas en el Centro Histórico, exacerbando las tensiones y acelerando el deterioro de los inmuebles coloniales que lo rodean. Porque, al final, parece claro que una de las razones por las que el plantón de la CNTE decidió instalarse en el Zócalo es por la certeza de que ahí vive quien concentra el poder: la presidenta.
La presencia de la CNTE en el Zócalo socava la autoridad y la imagen de la presidenta, dejando ver a un gobierno acosado por mil obstáculos y la presión de intereses que no logra contener. Las prolongadas estancias de los maestros, los bloqueos continuos y las marchas organizadas por este sindicato proyectan la imagen de un poder débil, atrapado en el vaivén de las concesiones. López Obrador, en su momento, cobijó a la CNTE, otorgándole prebendas, posiciones políticas y hasta contemplando homenajear sus luchas en Palacio Nacional —un gesto que nunca se concretó por la pandemia—. Hoy, esas plantas trepadoras que forman parte de los cimientos de la educación pública pretenden rebelarse contra el edificio estatal que las nutrió en el sexenio pasado, separarse de él y constituirse como un contrapeso político por derecho propio.
Por otro lado, el plantón que se instaló el 15 de mayo, mientras Sheinbaum desayunaba en el Salón Iberoamericano de la SEP, ha enfrentado serios problemas de fragmentación. Aunque la organización sindical de la CNTE es en esencia oligárquica, hay secciones con mayor peso en las negociaciones, como la Sección 22, cuyos líderes buscan garantizar beneficios particulares para su gremio. El 31 de mayo fue un momento de incertidumbre para los maestros, pues comenzó a circular la versión de que la Sección 22 levantaría el paro. Un documento firmado el 30 de mayo por los titulares de Gobernación, Educación y el Gobierno de Oaxaca establecía que los miembros de esta parte del sindicato recibirán más de 800 millones de pesos en contrataciones, ascensos y otros beneficios. Sin embargo, a pesar de estas concesiones, la huelga de este sector continúa.
La historia reciente muestra que la fuerza movilizadora de la CNTE está marcada por las promesas incumplidas y las concesiones parciales que fragmentan a sus bases. Aunque la protesta en el Zócalo encarna la exigencia de justicia y el anhelo de un futuro digno para miles de maestros rurales, también revela las prácticas clientelares que la propia Coordinadora ha adoptado. Las tensiones internas que se observan en el plantón—alimentadas por las concesiones del gobierno y la falta de un proyecto colectivo para transformar de fondo la educación pública—muestran que el espacio público y los monumentos, como la Catedral, son testigos de una disputa que no sólo enfrenta a la ciudadanía con el Estado, sino también a los actores mismos de la protesta.
En este contexto, las tensiones entre la protesta de los maestros en el Zócalo y el desgaste de la Catedral Metropolitana revelan que la ciudad no es un monolito, sino un organismo vivo, donde coexisten jerarquías y luchas por el control del espacio público. La Ciudad de México es un escenario de confrontaciones cotidianas donde surgen nuevos sujetos políticos que toman las calles para imponer sus demandas y hacerse oír. En medio de este torbellino social, los monumentos sobreviven, enfrentándose a una modernidad que a menudo rebasa las capacidades técnicas de los restauradores y la voluntad de los burócratas.
Albrecht Mohrhardt Doger
Estudiante de Ciencia Política y Administración Pública en El Colegio de México
[1] Constancias que son entregadas por los secretarios de cada delegación, evaluando el papel de cada profesor en el movimiento.
Muy interesante esta reflexión, felicidades. La ciudad de México como espacio vivo en el que interactúan diversas fuerzas, muy bien 👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼
No Justifico, solo entiendo la realidad de esos hombres y Mujeres que se entregan con sus alumnos y sus ideales de Educación.
Lo que NO justifico ni entiendo es:
1.- Las actitudes de Violencia y danos en propiedades que no tienen que ver en el asunto. Vandalismo y Delitos que no han sido castigados y que fincan y basan la IMPUNIDAD en nuestro país.
Mientras no se castiguen los hechos violentos y el dano a la propiedad privada, la situación no solo persiste, sino que se incrementa y alienta a seguir cometiendo delitos que no son castigados.
No es que NO se reprima, No se trata de un gobierno autoritario y Dictatorial, no, es que no se castigan los delitos que no son la libertad de expresión.
El gobierno no es tolerante, es Débil y blandengue ante los actos defectuosos de los miembros de la CNTE.
Es necesaria una reforma del sistema de pensiones. La afores van a quebrar debido al envejecimiento poblacional, pues pronto habrá más trabajadores jubilándose que entrado al mercado laboral. Tendrán que vender activos para hacer frente a sus obligaciones con los trabajadores pero eso redundará en la depreciación de dichos activos como le ocurrió al fondo soberano noruego cuando quiso vender activos para cubrir sus gastos en la pandemia. Posiblemente algunas afores quiebren, y quizá puedan encubrir su mala situación financiera fusionándose u obligando a los gobiernos a aumentar por ley el porcentaje que los trabadores aportan a sus afores, pero eventualmente eso no será suficiente y el gobierno tendrá que intervenir como ocurrió en chile.
Antes, las pensiones financiaban los servicios de seguridad social del gobierno. Ahora el dinero de los trabajdores financian a las empresas y al mercado bursátil a través de la compra de bonos y acciones. Podría decirse que los trabajadores se benefician indirectamente si el financiamiento mejora la economía y aumenta el empleo, pero los salarios no han mejorado y los beneficios de la economía están muy mal repartidos.
¿cómo sabemos que el dinero de los trabajadores está bien administrado? Por ejemplo, si se compran acciones los trabajadores deben recibir utilidades de las empresas, ¿qué ocurre con ese dinero?
La centralización del poder en el Centro Histórico convierte el patrimonio en rehén de las tensiones políticas, independientemente del partido en el poder. Mientras el gobierno no redistribuya capacidades de decisión a otras instancias o territorios, el Zócalo seguirá siendo un termómetro de la gobernabilidad o ingobernabilidad mexicana, observable desde la diferencia de las perspectivas ideológicas o partidistas, mientras se siga confundiendo la democracia con el fanatismo y se olvide el sentido común… será un recordatorio de que el poder, cuando se aglomera, atrae tanto lealtades como resistencias.
Se empiezan a ver las grietas en la propuesta política de MORENA. Sin el carisma de Andrés Manuel López Obrador, el movimiento ha comenzado a dividirse y, más importante, enfrentarse a la realidad de un Estado débil y capturado por las élites económicas del país. Un gobierno que hasta ahora ha sido incapaz de introducir reformas estructurales -siendo la fiscal la más importante- y que trata de hacer malabares sin cambiar el funcionamiento del país
Totalmente de acuerdo con tu escrito y visión ante esta problemática, consecuencia por no cumplir lo que se promete para poder llegar al poder. Solo una más de tantas pero al final el dañado es nuestro México lindo y querido!
Totalmente en acuerdo con tus palabras, comparto tu visión, una como tantas protestas por el simple echo de prometer para llegar al poder y que al final se daña con estos hechos a nuestro México querido!