La guardia nacional y los usos del pasado

Hace un par de semanas el Observatorio de la Guardia Nacional y la militarización en México presentó un informe anual que, al igual que sus últimos cuatro desde 2019, revela un panorama desalentador sobre este cuerpo de seguridad: escasos resultados, ineficacia, violación de derechos humanos, exceso de tareas, falta de preparación, politización y lealtad al partido en turno. Sin embargo, la denuncia más preocupante, a la cual se suma la opinión de académicos y periodistas desde hace varios años, es contra los intentos del Poder Ejecutivo de militarizarla de manera definitiva e incorporarla permanentemente a la Secretaría de la Defensa.

El debate sobre la militarización de la Guardia Nacional y de la seguridad pública seguirá abierto en los meses venideros y es difícil comprenderlo en toda su magnitud sin entender ciertos aspectos de la historia. En este texto me interesa poner en la mesa de discusión algunas cuestiones problemáticas del pasado que trascienden al presente, como la instrumentación de la historia para legitimar discursos y los anteriores proyectos de militarización de la seguridad pública que, en su momento, desataron oleadas de violencia.

En noviembre de 2017, antes de que se presentara como candidato a la Presidencia, Andrés Manuel López Obrador propuso la creación de la Guardia Nacional como una fuerza policial con formación militar que serviría para cumplir tareas de seguridad pública y combatir al crimen organizado. Esta iniciativa generó amplias expectativas porque se enmarcó en una estrategia alternativa de seguridad que contemplaba atender las causas sociales del delito y se decía alejada de la opción “belicista” de los últimos sexenios. No obstante, el 26 de marzo de 2019, cuando finalmente se creó la Guardia Nacional, se tornó en la práctica en una parte integral del Ejército mexicano, pero con otro nombre.

Es interesante que el presidente López Obrador eligiera la vieja nomenclatura de “guardia nacional” (así, en minúsculas, para diferenciarla de la actual), una institución propia del pensamiento liberal decimonónico que estaba presente en la memoria histórica de México y en la Constitución. López Obrador no dio mayores explicaciones: sólo hizo vagas referencias a la historia y sugirió reformar el sentido del concepto. Para justificar el proyecto de creación de la Guardia Nacional, el grupo parlamentario de Morena se basó en el discurso de la historia oficial mexicana, argumentando, de manera general, que la guardia nacional del siglo XIX había tenido “una destacada participación” en la guerra con Estados Unidos y la intervención francesa.1 No mencionó, sin embargo, que el proyecto sería diametralmente opuesto al original, porque no iba a ser una milicia ciudadana armada con servicio a medio tiempo para proteger la seguridad pública que, sólo en caso de emergencia nacional, serviría como refuerzo del ejército.

Guardia Nacional. Ilustración: Patricio Betteo
Ilustración: Patricio Betteo

El mito de la guardia nacional

La guardia nacional original —garde nationale— se creó en Francia el 14 de julio de 1789, mismo día del estallido de la Revolución francesa; se trató de una milicia civil con la tarea de proteger la propiedad privada, aunque en los años siguientes se usó para combatir a los ejércitos monárquicos de Europa, bajo el ideal del ciudadano-soldado que defiende la libertad.2 En décadas posteriores otras jóvenes repúblicas conformaron milicias con este nombre por su trasfondo ideológico, incluyendo a México el 11 de septiembre de 1846, donde, a decir del general Eduardo Paz, “procuramos calcarla con ese carácter de ciega imitación que tanto nos distingue”.3 En tanto milicia ciudadana de medio tiempo, la versión mexicana de la guardia nacional estableció un marco normativo diferente al ejército regular, ya que sus unidades debían ser formadas por las autoridades municipales, sus integrantes podían elegir a sus superiores y la subordinación tenía que suspenderse al acabar el servicio.4

La creación de la guardia nacional en el México del siglo XIX obedeció a un trasfondo político, toda vez que liberales y federalistas deseaban perpetuar con ella su modelo de nación, pero también tuvo un propósito militar: servir en la guerra contra Estados Unidos. Los batallones de guardia nacional desempeñaron un papel aceptable en esta guerra, lo que alimentó el mito de su efectividad, pero los ciudadanos eludían el servicio militar y las personas adineradas consiguieron exentarse, por lo que acabó formándose mayoritariamente con el reclutamiento forzoso de indígenas y personas de escasos recursos, contradiciendo su principio ideológico.5 A pesar de este problema, ciertos estados formaron brigadas efectivas gracias al presupuesto invertido, al patriotismo y a que sirvieron para satisfacer problemas de seguridad local, por lo cual recibieron apoyo popular. Asimismo, en ciertas regiones, como en el Bajío y la Mixteca, se formaron batallones de guardia nacional identificados con el conservadurismo.6

El liberalismo pragmático. Militarismo y guardia nacional en los tiempos de Juárez y Díaz

La guardia nacional sólo existió en México por 34 años, pero fue tiempo suficiente para que su afiliación discursiva al liberalismo y al pueblo se elevara a rango mitológico. El componente civil de la guardia nacional, empero, no estuvo necesariamente vinculado a la resolución pacífica de sus tareas de seguridad pública. Su militarización ocasionó que asumiera un papel sumamente cruento en la represión de rebeliones campesinas del centro del país, las campañas contra los indios nómadas del norte, la guerra contra los mayas en Yucatán, la vigilancia de caminos y la persecución de bandidos.

Los liberales usaron a la guardia nacional en la guerra de Reforma y la intervención francesa, pero por sus constantes derrotas tuvieron que recurrir al reclutamiento forzoso y a la violencia para volverla a formar. Para evitar la deserción, colocaron a un número elevado de oficiales para vigilar a la tropa, impusieron penas severas y, en algunos casos, se permitió que los soldados cometieran saqueos para mantenerlos contentos. En 1867, al acabar la guerra, los liberales oficializaron la versión de la guardia nacional como reflejo del pueblo que defiende sus derechos, a pesar de que en la práctica atentaba contra éste y se había vuelto muy parecida al ejército por sus métodos y formación.7

Algunas unidades de guardia nacional participaron en la revolución de Tuxtepec de 1876 para llevar a Porfirio Díaz a la presidencia, pero este general comprendía muy bien su lealtad a los intereses regionales, así que la disolvió en 1880, en un proceso que se prolongó hasta 1893 por el enfrentamiento contra los sectores populares autonomistas.8 Sin embargo, Díaz no eliminó las alusiones a la guardia nacional de la Constitución, que seguían mencionándola como un derecho ciudadano,9 ni tampoco lo hizo el gobierno posrevolucionario, así que la guardia nacional subsistió en la ley como vestigio histórico. Esto, sumado a su memoria como supuesta protagonista de la gesta liberal, pesó para que ciertos políticos y abogados en el siglo XX sugirieran restablecerla.10

De cara al giro conceptual

En la actualidad, la Guardia Nacional es presentada como heredera de la guardia nacional de 1846 y se hacen referencias constantes a la historia de México. Su mismo logo alude al escudo nacional de los tiempos de Juárez y el 30 de junio de 2019, cuando realizó su revista inaugural en el Campo Marte, la ceremonia estuvo plagada de comparaciones históricas. Esta situación hace juego dentro de las emulaciones constantes del mismo presidente López Obrador con la versión idealizada del gobierno liberal de Juárez.

Es particularmente peligroso que en la actualidad se rescaten las expresiones del liberalismo decimonónico que identificaban a las Fuerzas Armadas con el “pueblo uniformado” para justificar que merecen la “noble responsabilidad de participar en la seguridad pública”, usando palabras del Plan Nacional de Paz y Seguridad, 2018-2024.11 El grupo parlamentario de Morena también justificó el sometimiento de la Guardia Nacional a la Secretaría de la Defensa al asegurar que, desde el siglo XIX, “tenía un carácter militar”.12

Llamar “guardia nacional” a una institución ajena a su espíritu original tiene el objetivo de darle legitimidad histórica y apoyo popular, en un intento por evocar su supuesto protagonismo en una “gesta gloriosa” contra los conservadores y las intervenciones extranjeras. No hubiera sido lo mismo reciclar el nombre de alguna otra unidad miliciana del México del siglo XIX, como la milicia nacional o la milicia cívica. El mito liberal, sin embargo, oculta la realidad de la guardia nacional como una milicia ciudadana precarizada y militarizada, que usaba métodos cruentos de represión y de reclutamiento y que se formaba con personas de clases subalternas tomadas a la fuerza.

 

Héctor Strobel
Doctor en historia por El Colegio de México. Investigador posdoctoral en el Instituto de Investigaciones Históricas-UNAM.


1 Proyecto de decreto por el que se reforman diversos artículos de la Constitución; grupo parlamentario de Morena, 20 de noviembre de 2018, p. 5.

2 Roger Dupuy, La garde nationale, 1789-1872, París, Gallimard, 2010.

3 Eduardo Paz, Reseña histórica del Estado Mayor mexicano, t. ii, Ciudad de México, Talleres del departamento de Estado Mayor, 1907, pp. 10-11.

4 Reglamento para organizar la guardia nacional; 11 de septiembre de 1846, en Dublán Manuel y José María Lozano, Legislación mexicana, t. v, Ciudad de México, Imprenta del Comercio, 1877, pp. 161-169.

5 Peter Guardino, The Dead March. A History of the Mexican-American War, Cambridge, Universidad de Harvard, 2017, pp. 159, 163-168.

6 Benjamin T. Smith, The Roots of Conservatism in Mexico: Catholicism, Society, and Politics in the Mixteca Baja, 1750-1962, Universidad de Nuevo México, Albuquerque, 2012.

7 Héctor Strobel, “El ejército de Oriente y los límites del patriotismo, 1861-1863”, en Secuencia, 114, 2021, pp. 8-28.

8 Alicia Hernández Chávez, “Origen y ocaso del ejército porfiriano”, en Historia Mexicana, 39(1), 1989, pp. 268-272.

9 Constitución de 1857, arts. 35-36.

10 Lázaro Cárdenas rescató el vocablo “guardia nacional” en 1940 como homenaje para referirse a la tercera reserva del Servicio Militar Nacional, formada por hombres de 41 a 45 años.

11 Plan nacional de paz y seguridad, 2018-2024.

12 Proyecto de decretoop. cit., p. 5.

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Publicado en: Política, Seguridad