Los fundamentos de la “Agenda de Estado”

En diciembre de 2020 se entregó al presidente Andrés Manuel López Obrador un Anteproyecto de Ley de Humanidades, Ciencias, Tecnologías e Innovación (en lo sucesivo el Anteproyecto). El documento, que será la base de una iniciativa presidencial que será entregada al Congreso en una fecha aún no determinada, fue presentado por la directora del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), María Elena Álvarez-Buylla Roces, durante la reunión del Consejo General de Investigación Científica, Desarrollo Tecnológico e Innovación, órgano máximo en este sector que encabeza el jefe del Ejecutivo, donde se determinó que el texto debería ser llevado a un nuevo proceso de consulta y búsqueda de consenso. A partir de ese momento se hicieron públicos sus contenidos y se han realizado varias reuniones de análisis por parte de diversos sectores de la comunidad científica, universidades públicas y privadas y más recientemente una organizada por el propio Conacyt. 

En dichas reuniones, uno de los aspectos más controversiales ha sido la idea de una “Agenda de Estado”1 contenida en el Anteproyecto, que será la guía de la investigación científica, tecnológica y la innovación que se realice en el país y a la que se destinarían preferentemente los apoyos oficiales. Dicha agenda es parte la política de la llamada Cuarta Transformación (4T), es decir, de una política sexenal que busca, de acuerdo con lo dicho por esta directora en uno de los Foros organizados por ella, impulsar agendas sustantivas del quehacer científico, social y ambiental:

Y esto tiene que ser así, porque estamos en un gobierno de transformación de la vida pública del país, en un momento estelar, diría yo, de promesa y de inicio de transformación.

…consideramos que los colectivos complejos de científicos, científicas tecnólogos, tecnólogas, incluyendo algunos sectores privados patrióticos y comprometidos socialmente, no pueden más que coincidir y articularse de manera orgánica y sustantiva con una Agenda de Estado.

Pero, ¿cuáles son sus fundamentos? Álvarez-Buylla, autora principal del Anteproyecto, ha ofrecido una explicación. Consiste en síntesis en que a nivel mundial hay una dominación corporativa que ha convertido casi todo en “tecnociencia”, la cual ha despojado a los pueblos del quehacer científico y de la “República del conocimiento” como la describió Polanyi, y esto justifica que los pueblos del mundo y, desde luego, de México, generen sus propias agendas con un claro compromiso social y ambiental.

La explicación se sitúa en un contexto mundial en el que aparecen dos elementos antagónicos, por un lado, las corporaciones (empresas grandes o conjuntos de empresas) y, por otro lado, los pueblos del mundo despojados por ellas. Pero además del maniqueísmo presente en esta imagen, hay dos conceptos en los que vale la pena detenerse, uno es el de tecnociencia y lo que aparece como su opuesto: la República del conocimiento de Polanyi.

Ilustración: Patricio Betteo

La demoníaca tecnociencia

La noción de tecnociencia tiene orígenes en el siglo pasado pero adquirió gran relevancia luego de la Segunda Guerra Mundial. El término comenzó a popularizarse especialmente a partir de un estudio de Bruno Latour en 1983. Posteriormente se ha desarrollado con gran detalle gracias a los trabajos de varios autores europeos como Javier Echeverría, entre otros. Se trata de un concepto complejo que parte de un principio básico: la fusión de la ciencia con la tecnología. La producción de conocimientos y de los bienes a los que da lugar se sitúa además en un mar de interacciones en las que actúan múltiples elementos tanto internos como externos. En su explicación más simplista, y por lo mismo completamente errónea tratándose de un fenómeno de gran complejidad, se entiende como un sistema en el que la ciencia, ahora entrelazada a la técnica, se convierte en un medio de dominación por parte de una dictadura financiera y de las corporaciones multinacionales (aunque como veremos no sólo por ellas). Además de nuestras actuales autoridades científicas, esta interpretación extrema encuentra apoyo también en los más altos representantes de la Iglesia católica, como en el mensaje del papa Francisco de 2016 con motivo de la cuaresma:

En el soberbio delirio de omnipotencia resuena siniestramente el demoníaco “seréis como Dios”, que es la raíz de todo pecado. Ese delirio también puede asumir formas sociales y políticas, como han mostrado los totalitarismos del siglo XX, y como muestran las ideologías del pensamiento único y de la tecnociencia, que pretenden hacer que Dios sea irrelevante y que el hombre se reduzca a una masa para utilizar.

Pero al parecer la tecnociencia no sólo es patrimonio de los consorcios o fuerzas demoníacas. Luego de su importante trabajo de 2003,2 Javier Echeverría ha pulido los elementos que permiten hacer más precisa su caracterización. Un elemento interesante es que detrás de la tecnociencia, pueden estar no solamente las empresas multinacionales, sino también, ojo, instituciones gubernamentales que buscan objetivos políticos y sociales. De este modo, Echeverría encuentra aspectos propios a los intereses empresariales, pero también los que se expresan desde el lado gubernamental e incluyen en ambos casos: “la subordinación de los objetivos clásicos de la ciencia a metas prefijadas por quienes establecen y financian las líneas prioritarias de investigación…”.3

La tecnociencia es un fenómeno que no admite blancos y negros, pues adquiere diversas tonalidades. La evolución del quehacer científico clásico hacia la tecnociencia incluye la ruptura con muchos de los principios que dieron origen a la ciencia moderna según los cuales los propios científicos determinaban las líneas de investigación. Las agencias tecnocientíficas marcan ahora las líneas estratégicas y los objetivos a las comunidades científicas. Estas características bastan para entender que, así sea parcialmente, la “demoníaca” tecnociencia habita también en la política de ciencia de la llamada Cuarta Transformación , expresada en aspectos como la propia Agenda de Estado, que impone líneas de trabajo a las que la comunidad científica mexicana debe ceñirse para lograr objetivos políticos y sociales, aun a costa de sacrificar o limitar la libertad de investigación y la autonomía de sus instituciones.

La República de Polanyi

Más sorprendente aún resulta la referencia a la República del Conocimiento, bautizada así por Michael Polanyi en su ya clásico artículo de 1962,4 para hacer notar que los científicos, al escoger libremente sus propios temas de estudio y resolverlos a partir de su propio juicio (sin injerencias externas) están actuando como integrantes de una organización estrechamente unida que se asemeja en varios aspectos a un cuerpo político, a una República.

Para Polanyi, el intento de organizar a los investigadores bajo una autoridad única —como por cierto lo plantea el Anteproyecto del Conacyt— equivale a eliminar las iniciativas independientes con lo que se reduce la efectividad conjunta (de la comunidad de investigadores) a la de una sola persona dirigiendo desde el centro.  Polanyi afirma categóricamente:

Podemos afirmar que la búsqueda de la ciencia por iniciativas independientes autocoordinadas asegura la más eficiente organización posible del progreso científico. Y podemos agregar, una vez más, que cualquier autoridad que pretenda dirigir centralmente el trabajo del científico llevará el progreso de la ciencia prácticamente a un punto muerto.

En su obra, el autor califica de disparatados e imposibles de cumplir los “sentimientos generosos” que han impulsado la aspiración de guiar a la ciencia por canales “socialmente benéficos”. Cualquier intento de orientar a la investigación hacia un propósito que no sea el de la propia ciencia es para él erróneo, y afirma:

Por supuesto, pueden surgir emergencias en las cuales todos los científicos deban aplicar voluntariamente sus capacidades a las tareas de interés público. También es concebible que lleguemos a aborrecer el progreso de la ciencia y a detener toda la investigación científica, o al menos algunas ramas, tal como los soviéticos abandonaron la investigación en genética durante veinticinco años. Se puede matar o mutilar el avance de la ciencia, pero no modelarlo. Ella sólo puede avanzar por pasos que son esencialmente impredecibles, buscando problemas propios, y los beneficios prácticos de estos avances serán siempre incidentales y, por lo tanto, doblemente imprevisibles.

Es imposible no darse cuenta en esta cita que aparece una clara crítica a Lysenko —quien detuvo el avance de la genética en la URSS— que coincide con lo que aborrece y pretende abolir la directora Álvarez-Buylla, es decir, la biotecnología y en particular la investigación sobre organismos genéticamente modificados.

Polanyi resume su planteamiento diciendo que los intentos de guiar a la ciencia “hacia un servicio más directo del interés público” y coordinar desde un órgano central la búsqueda que realiza la ciencia es un modelo completamente agotado, el cual —agrego yo— es precisamente el camino que pretende seguir la 4T bajo la guía de Elena Álvarez-Buylla.

Comentario final

La defensa que hace la directora del Conacyt de una “Agenda de Estado” —o como se llame finalmente— para contrarrestar el despojo al pueblo que llevan a cabo las corporaciones y como medio para rescatar la República del Conocimiento de Polanyi, no tiene pies ni cabeza, puesto que la política que impulsa con su Anteproyecto contiene aspectos de la tecnociencia que dice combatir, y contradice completamente los planteamientos de la República de Polanyi que falsamente quiere recuperar.

A propósito de los usos de la “demoníaca” tecnociencia, la actual pandemia nos brinda una imagen muy interesante. La producción de vacunas por parte de corporaciones farmacéuticas multinacionales como Pfizer, AstraZeneca, Moderna, Johnson & Johnson, Sanofi, etcétera, ejemplos más que claros de tecnociencia; así como los biológicos producidos por corporaciones gubernamentales, como Cansino Biologics en China, o Gamaleya y la empresa Biocad en Rusia, son empleadas por el gobierno de la 4T no sólo con el objetivo de salvar vidas de mexicanos, sino también como recurso de propaganda electoral.

Lejos de caracterizaciones simplistas y maniqueas, en la actualidad es muy difícil sustraerse de algunas de las características de la tecnociencia. Para combatirla genuinamente habría que abandonar proyectos como los Programas Nacionales Estratégicos (Pronaces), que contienen los problemas prioritarios que se deben atacar —definidos por un organismo gubernamental— y buscan “… la articulación de capacidades científico-técnicas que conduzcan a la solución del problema en cuestión”.

Y qué decir del propósito de recuperar la República de Polanyi, pues para lograrlo habría que tirar a la basura por completo el Anteproyecto del Conacyt… y algunas cosas más.

 

Javier Flores
Profesor de la UNAM y periodista científico.


1 En sus intervenciones durante los “Foros Temáticos Nacionales. Hacia la Primera Ley General en Materia de Humanidades, Ciencias, Tecnologías e Innovación” organizados por el Conacyt realizados entre el 4 y 13 de mayo de 2021, la directora de ese organismo, admitiendo la gran controversia por la idea de una “Agenda de Estado”, dijo que se le cambiará el nombre a “Agenda de Nación o “Agenda Nacional”, lo que no altera en modo alguno sus características y sentido político. En este artículo se mantiene el nombre original contenido en el Anteproyecto tal y como hoy se encuentra en la presidencia de la República.

2 Echeverría, J., La revolución tecno-científica, FCE, Madrid, 2003.

3 Echeverría, J. y González, M. I., “La teoría del actor-red y la tesis de la tecnociencia”, arbor , 738, agosto de 2009, pp. 705-720.

4 Polanyi, M. et al., “The Republic of science”, Minerva, 38 (1), 1962, pp. 54-73.

Escribe tu correo para recibir el boletín con nuestras publicaciones destacadas.


Publicado en: Ciencia

2 comentarios en “Los fundamentos de la “Agenda de Estado”

  1. Cuando China implantó la tecnociencia de estado, hubo hambruna.
    Cuando permitió la República de Polanyi, puso un Rover en Marte.

  2. ¿La dictadura financiera y las corporaciones multinacionales han impedido que la Dra Buylla descubra grandiosos secretos de la naturaleza en su laboratorio VIP tras décadas de financiamiento publico?
    Unas corporaciones le negaron el «merecido» premio Nobel. Pero otras corporaciones le dieron el Nacional de Ciencia.
    !Que mar de incongruencia en esta 4T!

Comentarios cerrados