Teuchitlán: la política sobre el vacío

*Este texto es una transcripción editada de una conversación entre William Brinkman- Clark y José Luis Barrios. El audio original de esta conversación puede consultarse en el episodio “La política en tiempos de Teuchitlan”, del pódcast de Ibero 90.9 Háganle como puedan, publicado el 20 de marzo de 2025.

William Brinkman-Clark: El tema de hoy es trágico: el descubrimiento de varios crematorios y fosas clandestinas en un solo lugar. Estamos hablando del predio ubicado en Teuchitlán, Jalisco, que ha sido identificado como un centro de adiestramiento del Cártel Jalisco Nueva Generación, descubierto por un colectivo de personas que buscan a sus familiares desaparecidos.

José Luis Barrios: Podríamos decir “¿de qué nos sorprendemos si llevamos viviendo en este estado de violencia ya muchísimos años?”. Pero yo empezaría por marcar una diferencia importante: el significado que tiene el descubrimiento de estas fosas tiene que ver con el modo en que se denuncia y pone en circulación la evidencia de que existen y de lo que sucedía en ellas. Primero, es innegable que la imagen con la que empieza a circular y a denunciarse este hecho, que es un punto de coincidencia importante, reaviva, represencializa una de las imágenes más terroríficas de la historia del siglo XX: el descubrimiento de los campos de exterminio nazi tras el final de la Segunda Guerra Mundial. No podemos negar que hay un imaginario histórico, un fantasma visual que atraviesa el imaginario de la contemporaneidad desde hace muchos años, y eso tiene un valor importante. Recupera lo que supone una lógica masiva, una de las características fundamentales que tuvo el nazismo: producir fábricas de muerte, y con eso enuncia la gran contradicción de la lógica de la modernidad industrial. Como si la modernidad industrial, en última instancia, por sus modos y sus relaciones de producción, sólo se explicara por la producción de muerte.

Pero esas fotografías evidencian algo que no puede leerse igual que la lógica jurídica con la que se mermaba la existencia de los exterminados en el régimen nazi, es una desviación de eso. Emmanuel Lévinas explica que es importante revisar el modo en que un Estado va administrando la humanidad de algunos para permitirse el exterminio: el momento del gueto, luego el traslado de los judíos a los campos de trabajo hasta explotar el cuerpo y dejarlo prácticamente inutilizado, para luego guiarlo al campo de concentración para ser exterminado. Esto habla de una cadena de producción de muerte perfectamente bien administrada. Desde luego eso no sucede en el mismo sentido en el caso mexicano, pero no está muy lejos de ser una forma administrada de la muerte, porque parte de un nivel que sería propio de la lógica del exterminio, que es intentar obtener personas carentes de derecho, migrantes en cualquier sentido o cuyas formas de derecho son precarizadas por los sistemas de poder, gente de bajos recursos, indígenas, campesinos. Es una suerte de réplica, no tan sofisticada ni con las tecnologías de muerte que pudieron haber tenido los alemanes, pero que opera en un mismo sentido.

WBC: Ahora, habría que decir que sí hay una cierta lógica de producción de capital en la idea –y en la imagen– de que esto no era sólo un crematorio sino, como decíamos, un centro de adiestramiento; es decir, una escuela que al mismo tiempo es un campo de producción de cuerpos y un campo de destrucción de cuerpos. Hay una lógica industrial que sí remite a la misma lógica.

JLB: Claro, como decía Adorno: “es una lógica del capital”. Es decir, que el nazismo haya extremado esas formas no quiere decir que no sea la lógica de la producción capitalista. Habría que ampliar el horizonte. Estamos ante una lógica de la producción que no es muy distinta de la producción de masa de la sociedad contemporánea.

WBC: Esta imagen tiene una referencia directa en una historia de las imágenes de Auschwitz o cualquier campo de exterminio. No necesitas haber visto esas imágenes para que esta fotografía evoque lo mismo. Hay cierta potencia de la imagen de los zapatos, de las mochilas, de los montones de ropa, de los cuerpos calcinados, que cuando las ves, no necesitas tener esa conciencia histórica para ser afectado de la misma manera.

JLB: Hay un inconsciente visual, por la televisión, por el cine, viene por muchos lugares. Ahora, hay otra cosa que se comenta poco, que es algo que Lastman deja ver muy bien en la película Shoah: sabiendo que eso pasa, ¿por qué evades la mirada? ¿Por qué volteas al otro lado? La razón puede ser justificada. No se les puede juzgar, ni se nos podría juzgar a ninguno de nosotros bajo ningún aspecto, ni moral ni político, por voltear al otro lado cuando hay una industria de exterminio de esta naturaleza, porque lo primero es el miedo. No quieres comprometer absolutamente nada.

WBC: Una de las cosas que ha circulado y ha sido muy impactante es la manera en que las personas que encontraron este campo lo relatan: este sitio de exterminio está localizado dentro de un ambiente semiurbano, lo que haría imposible que la población cercana no tuviera conciencia de que algo estaba pasando ahí.

JLB: ¿Podríamos decir que son cómplices de nada? Absolutamente. Sería una aberración de mi parte sugerirlo. Lo que sí podemos decir es que el hecho de evadir la mirada, evadir la constatación del hecho, ese acto que correspondería a la sociedad, a los pobladores, lo que evidencia es un déficit estructural respecto a dónde está el Estado, dónde está el orden jurídico que garantizaría que yo pueda voltear a ver y denunciar.

WBC: Porque, se supone, toda la estructura teórico-jurídica que se elabora desde el descubrimiento de los campos de exterminio tiene como único objetivo que esto no se repita. Lo que trae de nuevo a flor de piel un suceso como este es la pregunta no sólo de dónde están, sino dónde están esos marcos jurídicos específicos y por qué no han funcionado.

JLB: Creo que, en principio, nunca funcionaron. Estos derechos que resguardan la vida en realidad funcionan siempre como suturas al derecho de ciudadanía, son deficitarios; asumen que existe este déficit en el orden jurídico, en el orden de garantizar la paz de los individuos, de garantizar la forma de vida de los sujetos económica y vitalmente. Hay un fracaso sistemático de la política en todos sus sentidos, no me importa si es de derecha o izquierda, hay un fracaso. ¿Dónde está el marco de contención que permitiría que la sociedad señale y volteé a ver? Esa es una parte. La otra: qué tanto la sociedad, al denunciar y hacer visible todo esto, demuestra una cierta perversidad del poder de abrir zonas de impunidad que permiten estas acciones bárbaras: quemar cadáveres y descuartizarlos masivamente; caer en este lugar de obscenidad absoluta donde amontonan los cadáveres, donde los quemas, donde los descuartizas.

WBC: Y que es parte de un adiestramiento, porque para mí eso es muy importante, habría que pensar que es parte de tu adiestramiento dentro de este sitio.

JLB: Desaparecer cuerpos, considerar que no es más que desecho, y que lo tratas como tal… Llega un momento en que todo lo que intenta hacer el poder del Estado para suturar esa falla estructural –que en el caso de México tiene que ver con la violencia inaudita que arrebata hasta el sonido, arrebata hasta la voz, digamos, éticamente hablando– se vuelve ridículo.

Uno de los reclamos que leí en un artículo decía que el gobierno de Claudia Sheinbaum salió a festejar que no nos subieron aranceles y la unidad de México. A ver, si tú lo pones en el contexto de que en el mismo momento se estaba publicando el descubrimiento de unas fosas comunes, hornos crematorios, restos humanos desconocidos y demandas de justicia procesal, ese acto, su gran afirmación nacionalista, se vuelve perversísima y de un cinismo absoluto. Un estadista con la mínima calidad moral suspende cualquier acto público. Porque descubrir un acto de ese nivel de violencia, lo mínimo que tendría que hacer con alguien que dice que comanda la Cuarta Transformación moral de la sociedad sería meterse a su casa y guardar silencio. Mi indignación ni siquiera tendría que ver con el perpetrador, mi indignación tiene que ver mucho más con la puerilidad y la superficialidad de los políticos que creen que pueden seguir simulando y festejando que no nos subieron aranceles y guardar silencio sobre un acto tan bárbaro como el que se cometió. Es un problema de imperativo categórico del poder político. Cuando salen a decir que defendió, que lo hizo muy bien, que es una gran estadista… todo eso adquiere valor nulo cuando te está explotando el país por una cantidad obscena de producción de muerte.

Me parece que ese factor lo que pone en duda es la verdad de la política, la verdad del Estado de derecho. Lo único que demuestra este descubrimiento es que todo el discurso del poder está subido sobre el vacío, sobre la ausencia radical de significación. Mientras haya una sociedad donde el crimen organizado pueda producir esa lógica de exterminio y el Estado no tenga claridad y contundencia ante esas formas, el Estado se invalida solito. El Estado mexicano tendría que estar pensando en su viabilidad moral –nunca lo va a hacer porque no tienen la menor altura para hacerlo. Pero socialmente hablando, creo que lo que sí toca es tener una indignación por estas relaciones perversas que se dan entre cómo se puede producir esa violencia, cómo la intenta administrar el poder sin asumir que es una franca crisis de la existencia en México y cómo la sociedad no lo demanda. Ese es el problema más importante que tenemos.

WBC: Si tomamos como ejemplo la manera en que Arendt analizó el juicio de Eichmann, ella misma acepta que a partir de toda esa experiencia se produce una paradoja dentro del sistema, tanto teórico-filosófico como estatal que creo que vale la pena recuperar: por un lado, está en desacuerdo con cómo se está llevando a cabo todo el juicio, quién está juzgando a Eichmann, cómo se están ignorando ciertos procedimientos básicos del Estado de derecho y del derecho internacional, etcétera; por otro lado, reconoce que la gravedad del crimen que se ha perpetrado es suficiente para estar de acuerdo, en este caso, con la pena de muerte. Es decir, si bien se puede hacer una crítica a toda la manera en que los principios básicos del derecho internacional y de los derechos humanos no se cumplieron, es posible estar completamente de acuerdo con la manera en que se resolvió este crimen. Y creo que es algo muy peligroso, porque en el estado actual de las cosas, sucesos como éstos son gasolina para personas de derecha que siempre están buscando la excusa perfecta para el Estado de excepción.

JLB: Efectivamente, medios injustos, fines justos. En el caso de Eichmann se violan las normativas de los derechos mínimos de un criminal, derechos humanos. Además viola el estatuto de los acuerdos de Nuremberg, que suponen que tiene que ser un juicio neutral, en un país neutral, con un juzgado neutral. Todo eso no pasa. A Eichmann lo secuestran de Argentina –ojo, cualquier relación con el narco en México es mera coincidencia, pero tiene las mismas aristas jurídicas. Lo juzgan allá, lo condenan. Lo que hace en ese momento es una defensa de la viabilidad del derecho internacional y del cosmopolitismo a la manera kantiana. Es decir, si nosotros violamos los medios, lo que invalidamos es el derecho, con independencia de que la pena sea justa.

Si eso lo llevamos un poco más lejos lo que se pone en juego son dos términos absolutos: la pena de muerte para alguien que, en términos jurídicos, se le impone una pena justa por los delitos que cometió –el máximo delito que es contra la humanidad; pero otra cosa es la viabilidad que haría factible ese derecho. Si yo violo los procesos que legitiman el derecho, en este caso de pena de muerte, a lo que vuelvo, muy kantianamente hablando, es relativo, la pena de muerte como mandato legal respecto a la universalidad de las normas que lo justifica o la pretensión de universalidad de las normas. Es un problema muy complicado, pero al final del día esa es la discusión de Arendt.

WBC: Y, sin embargo, acaba concluyendo que es justo el desenlace. Y de nuevo, es que son momentos específicos que son tan paradójicos, y creo que este es uno de ellos, que no es tan simple la manera en la cual debes de cuidar el tránsito hacia adelante.

JLB: Con todas las proporciones y los tecnicismos guardados, que son muchísimos: las suspicacias aquí se valen todas, aunque el gobierno diga que no es lo que estamos diciendo.

WBC: La escala del exterminio de los hornos, el lugar donde está el campo, es imposible que alguna autoridad no lo supiera.

JLB: Hoy leí un testimonio de uno de los personajes más involucrados en esto que decía que cuando se acercaron al gobierno de Jalisco, Alfaro, que era el gobernador en ese momento, dijo que no, que él tenía que mantener la buena imagen del estado. Imagínate el tamaño de aberración de esa información. No importa que se esté produciendo esa lógica de exterminio como violencia estructural en mi estado, no debe mostrarse, porque afecta la visión del estado que yo quiero. Esa no es la chamba del político. La chamba no es la visión del estado ideal. El trabajo de un político es cuidar a sus ciudadanos y procurar la justicia en la sociedad. Yo no tengo nada contra la defensa de la lucha arancelaria. Lo que se vuelve absurdo y ridículo es que se haga en un contexto tan absolutamente frágil, absurdo y obsceno.

Estamos ante un poder que sólo está administrándose mediáticamente. Y eso me lleva a otra reflexión: ¿qué tanto los medios entran en un juego de morboseo, de análisis casuístico y absurdo? Al final del día, la intención del festival o lo que haya sido lo del domingo era la defensa del patriotismo, que hay que defender a la nación y todos estamos de acuerdo. ¿A ver, a qué nación estás defendiendo? Una nación que consiste en ocultar y en producir lógicas de impunidad, de muerte y de violencia. Esa es la nación que quiere defender.

WBC: Una política Potemkin necesita de medios Potemkin.

JLB: A lo que voy es a la franca crisis que tenemos respecto a una vacuidad sobre la que está gestándose y ordenándose el poder en términos jurídicos, políticos y económicos, que puede decir que finalmente la prioridad es que no nos pongan aranceles. Uno esperaría de un gran político, de alguien que en serio entiende la política, que se da cuenta que hacer su festivalito de niños el domingo es una ofensa a una sociedad donde se está mostrando el nivel de barbarie en el que vivimos.

WBC: También podría ser un cálculo bien hecho o mal hecho de lo que piensan. Es el nivel de normalización imaginaria, ni siquiera del hecho, de la manera en la que se ha normalizado en el imaginario hechos como esos. De nuevo, no sé si su cálculo sea correcto o no, yo espero que no lo sea, porque ha habido otros cálculos que han fallado en cuanto a esto.

JLB: Pero llegó un momento en que la política no puede ser cálculo.

WBC: Eso le pasó a Peña Nieto, es decir, hizo un cálculo desastrosamente equivocado en relación con Ayotzinapa. Que no iba a tener la magnitud y el imaginario que tuvo.

JLB: Pero no es un problema el imaginario, es un problema real. Lacanianamente hablando, el real no lo calculas, el real regresa, punto. Y aquí lo que pasa es que en esta coyuntura habría que ver cómo van dándose todas las respuestas del Estado mexicano y el gobierno actual respecto a algo que es muy comparable al caso de Ayotzinapa. Aquí hay una forma –de nuevo, bajo otros medios, bajo otros registros– de intentar ocultar lo que a todas luces sólo es real. ¿Y qué quiere decir “real”? Aquello que tumba el orden de lo simbólico, que tumba el orden del discurso, que tumba la producción de fantasmas que contienen o pretenden contener la violencia. El error de cálculo es no darse cuenta que la realidad es esa e intentar evadirla bajo cualquier medio.

WBC: O más perverso es darse cuenta que la realidad es esa e intentar evadirla.

JLB: No, yo creo que es una cuestión de soberbia estúpida del poder, porque tienes que ser muy estúpido para pensar que minimizando el asunto no va a pasar nada o vas a poder manejarlo. Porque fue lo mismo que le pasó a Peña Nieto, por más que lo quiso minimizar, esto abre agujeros.

WBC: La historia de masacres en este país es horrenda y siempre pasa lo mismo: nunca saben calcularlos bien porque no puedes calcularlos.

JLB: Ahora, el dato que aquí se arroja es que no hay 43 desaparecidos. Hay muchos incinerados, hay cuerpos, hay vestigios. Y entonces llevarlo a la ausencia de proceso incluso se vuelve imposible, porque en esta circunstancia el Estado estaría absolutamente obligado a llevar la investigación hasta sus últimas consecuencias. Hay evidencia forense. ¿Van a seguir sosteniéndose en qué bonitos somos y qué patrióticos somos y cómo nos queremos? ¿Y nuestra señora presidenta? La verdad es que se lo buscan solitos. Y no soy panista ni perredista. Mi tendencia ha sido hacia la izquierda. Entonces es terrible que estas posturas políticas se sostengan en maquillar la realidad de la peor manera, que es jugando con el fanatismo del pueblo como principio de legitimidad. Me parece despreciable.

William Brinkman-Clark

Es profesor titular de la UNAM y autor de Antígona Plástica (UNAM/ CIEG, 2023)

José Luis Barrios

Es filósofo, curador e historiador del arte. Trabaja en torno a la Teoría Crítica de la Cultura

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Publicado en: Justicia, Política

2 comentarios en “Teuchitlán: la política sobre el vacío

  1. Lo que quizá si puede exigirse es que el gobierno facilite a los colectivos de búsqueda peritos forenses para asesorarlos, o quizá que los capaciten como ayudantes para facilitar las investigaciones en los campos que hallen y que no sean excluidos.

  2. Hay que recordar que ha habido múltiples descubrimientos de campos de extermino en México. Desde fosas clandestinas con cientos de indocumentados con Peña, hasta campos donde tiraban los huesos de cientos de personas cuyos cuerpos fueron disueltos con ácido, con Calderón. Teuchitlán saló a los titulares internacionales porque las imágenes resonaban con los recuerdos de los campos de exterminio nazis.

    Mis preguntas serían ¿México es un país inseguro? ¿la población está en riesgo constante de muerte? ¿Está el estado rebasado? ¿qué estrategias se deben seguir para combatir las desapariciones y al crimen organizado? ¿será necesario una «ayuda» del vecino? ¿Qué tipo de discurso público debe seguirse en este caso? ¿Los estados del país donde se sabe que hay fosas son aquellos donde la actividad del crimen organizado es mayor, o son aquellos que han permitido las investigaciones?

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