Los mexicanos somos cada vez más viejos y morimos de enfermedades más complejas resultado de lallamada transición demográfica y epidemiológica. Somos, en resumen, una sociedad profundamente desigual, cada vez más urbana que come cada vez peor y se mueve cada vez menos. Si los niños de primaria deben dejar de comer chatarra por lo menos mientras estudian es porque serán la primera generación que puede vivir menos que sus padres como resultado del estilo de vida sedentario y la mala alimentación.

Fuente: elaboración de la autora con datos de la ENIGH, 2006.

Fuente: elaboración de la autora con datos de la ENIGH, 2006.

La alimentación difícilmente puede disociarse de los determinantes sociales del país. Dado que la mitad de los mexicanos es considerado pobre patrimonial y la quinta parte pobre alimentario [1], vale la pena preguntarnos si todos comemos más o menos lo mismo o no. Los teóricos del desarrollo [2] argumentan que conforme hay más ingreso se consumen más y mejores calorías. Esto se puede observar con el gasto en alimentos por categoría en diferentes hogares a partir de la Encuesta Nacional de Ingreso y Gasto de los Hogares (ENIGH).


Si todos los mexicanos comiéramos de manera similar, gastaríamos la misma proporción en cada categoría de alimento aunque se esperaría mayor calidad conforme haya mayor ingreso. Los datos muestran que sí hay una diferencia en el tipo de alimentación por ingreso. La gráfica a continuación muestra el caso más extremo, la diferencia entre pobres alimentarios y el resto de los hogares. Los hogares mexicanos pobres gastan 6% más en cereales, 6% más en frutas y verduras y 1.5% menos en carne, pollo y pescado del total del gasto dedicado a alimentación. Conforme hay menos ingreso podemos decir burdamente que se gasta más en carbohidratos y menos en proteínas y que esa diferencia es estadísticamente significativa y no una casualidad numérica. Esta tendencia no es exclusiva de los hogares pobres alimentarios (que incluso si gastaran todos sus ingresos en comida estarían mal alimentados) sino que se observa también con los hogares pobres en capacidades y patrimonio.

Estos resultados coinciden con las listas de alimentos por quintil elaboradas hace doce años que muestran que en el 20% más pobre del país, la carne y el pollo no figuran entre los diez alimentos comprados con mayor frecuencia[3]. Desafortunadamente un mayor ingreso no parece bastar para que haya mejorescalorías. Al comparar en 1998 los alimentos comprados entre el grupo más pobre y el más rico resultó que los dos grupos compran jitomate, tortilla y huevo frecuentemente. Los pobres además de eso compran frijol y azúcar mientras que los ricos compran leche y refresco.

Tener mayores ingresos no garantiza una mejor alimentación en general ni un estilo de vida menos sedentario, lo que sí parece ocurrir es que en hogares menos pobres la alimentación al menos incluirá carne, pollo y pescado además de cereales, arroz y pasta.

Paulina Terrazas Valdés.


[1] Coneval 2010 con datos del 2008.

[2] Subramanian, Deaton, Dasgupta, Banerjee, Duflo, entre otros.

[3] Martinez Jasso y Villesca Becerra en “La alimentación en México: un estudio a partir de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares” publicado en 2003 con datos de 1998.

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