Más allá de las discusiones en torno a los métodos utilizados, y de lo relativo a la expulsión de los estudiantes del CCH Naucalpan, las demandas alrededor de la reciente toma de rectoría de la UNAM no son claras. Entre pancartas poco legibles que hablan lo mismo de la lucha magisterial que de los vínculos entre la UNAM y el Fondo Monetario Internacional, es complicado dilucidar lo que este grupo de personas pide para liberar el corazón de la Universidad. Hay, sin embargo, un reclamo persistente. En las mantas debajo del mural de Siqueiros se expresa claramente el rechazo a los “12 puntos de la Reforma a los Colegios de Ciencias y Humanidades”, rechazo que ya se había manifestado en la toma de la Dirección General del CCH entre el 6 y 21 de febrero. El repudio de un grupo a la reforma de los CCHs, enlistado como demanda entre otras que no son claras ni parecen serias, los medios de protesta y la falta de información alrededor del tema, han desviado la atención de aquello que podría ser importante en el debate por una mejor educación. ¿De qué se tratan estos 12 puntos y cómo se han ido transformando?

Los Colegios de Ciencias y Humanidades (CCH) que en su origen pretendían resolver la desvinculación entre instancias de la UNAM y que actualmente atienden a una población estudiantil de más de 56 mil alumnos, con una planta docente superior a 3 mil profesores, han visto pocas transformaciones desde su creación en la década de los setenta. De la necesidad de fortalecer el bachillerato de la UNAM según el segundo punto del Plan de Desarrollo Institucional 2011-2015, la Dirección General de los CCH publicó un “Diagnóstico Institucional para la revisión curricular” con información sobre la condición de la institución, la situación de sus alumnos, su profesorado, los recursos para la enseñanza y el aprendizaje, y la infraestructura de los colegios.

A partir de los datos recopilados por este estudio, el Consejo Técnico del CCH (órgano conformado por autoridades, profesores y representantes de alumnos de los cinco planteles) propuso 12 puntos para mejorar la educación. Sus detalles pueden verse aquí y son los siguientes:

1. Redefinir el perfil del egresado con base en distintas consideraciones

2. Actualizar los programas de estudio.


3. Formar y actualizar a los profesores.

4. Establecer como requisito durante un semestre la materia de Educación Física.

5. Instituir el idioma Inglés durante los tres años.

6. Incorporar el idioma Francés como segunda lengua extranjera

7. Adecuar la selección de materias de tercer año.

8. Establecer el horario continuo de 7:00 a 19:00 horas, en turnos 01 y 02

9. Implementar clases de 1:50 horas de duración.

10. Ofrecer de manera opcional recursamientos a través de cursos en línea y tutoriales con la presentación de un examen presencial.

11. Desarrollar cursos en línea para apoyar a los cursos ordinarios, remediales y propedéuticos para la licenciatura

12. Incorporar una materia en el primer semestre denominada “Estrategias para aprender a aprender”

La definición de estas propuestas no se quedó ahí, y por eso, su rechazo por parte de quienes tienen tomada ahora la torre de rectoría no termina de estar fundamentado.  El Consejo Técnico del CCH conformó, después de una primera propuesta, una “Comisión Especial Examinadora del Documento Base”, integrada solamente por los profesores electos de cada área académica, para que revisara los 12 puntos. Ésta eliminó los puntos 8, 9 y 12. El documento que señala estas decisiones insiste en la posibilidad de profesores y estudiantes de sugerir y participar en estos ajustes. El punto 2, la actualización de los planes de estudio y principal queja de quienes han tomado rectoría, que entre panfletos califican de tratarse de un enfoque educativo de “corte neoliberal”, sigue en revisión e incluso abierto a la participación de la comunidad en la siguiente dirección: http://www.cch.unam.mx/actualización.

Hasta ahora, lo que propone el Consejo Técnico, son actualizaciones que se ajusten a los cambios “científicos, económicos y culturales que caracterizan la época actual”. Se propone la innovación en la docencia, basada en políticas institucionales que sean resultado de procesos de trabajo colegiado e intercambio de experiencias. Las demandas en contra de estas reformas no atacan específicamente alguno de los puntos o los métodos de implementación. El pliego petitorio de quienes tomaron la dirección del CCH en febrero solicitaba “frenar el proceso de actualización de los planes y programas de estudio del CCH” y “la disolución de las comisiones de revisión del mismo y abrir la discusión para que la comunidad estudiantil participe de forma activa”. Mientras que ahora, los individuos que mantienen tomada la torre de rectoría han extendido la demanda a la simple cancelación de la reforma al plan de estudios en los CCH, al tiempo que solicitan “no permitir la privatización de la educación en México” y “mantener el sentido crítico, humanista y científico de los universitarios”.

Así, la construcción de reformas a los CCHs sí ha tomado en cuenta a los estudiantes: sus necesidades, sus propuestas y comentarios. Y más importante, éste sigue en proceso. La consulta sobre la modificación del plan de estudios fue extendida hasta el 30 de noviembre producto de los acuerdos entre la directora del CCH Rocío Laura Muñoz Corona y quienes tenían tomada la dirección del CCH en febrero.

¿Cuál es entonces el sentido de las protestas de quienes tienen tomada la rectoría de la UNAM a los 12 puntos en específico (que ya ni siquiera son 12)? La comunidad de los CCHs puede no sentirse identificada con sus directivos y representantes; en ese caso, pueden articular propuestas de métodos de participación más incluyentes y justos. Del mismo modo, sería válido exigir la correcta implementación de las reformas a los CCHs en caso de que no se hiciera. Reformar los CCHs es un tema importante, por lo que calificar la conformación de estas propuestas de antidemocráticas y expresar su rechazo de manera generalizada, entre acciones violentas y otras demandas poco fundamentadas, diluye lo que detrás del reclamo pueda haber de certero y verdaderamente transformador.

Ana Sofía Rodríguez. Estudiante de la licenciatura de historia en la UNAM.

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