ajedrez

El pasado sábado el parlamento ruso aprobó el envío de tropas a Crimea, provincia autónoma de Ucrania. La justificación de ésta va más allá de defender los intereses de los ciudadanos rusos radicados en la península que ascienden a más del 56% del total de la población total. Si bien es cierto, Ucrania pasa por un periodo de inestabilidad política que se observa en el establecimiento accidentado de un gobierno interino producto de la destitución por parte del Congreso Nacional de Ucrania de Víctor Yanukovich tras meses de protestas y enfrentamiento con los opositores pro-occidentales.

No hay ningún secreto de la alianza de Víctor Yanukovich con Rusia en donde actualmente se encuentra refugiado y su férrea oposición contra los sectores pro-occidentales, especialmente con la derechista Yulia Tymoshenko, quien se ha convertido en un marco de referencia obligatorio en todo este proceso, ya que en caso de no darse una invasión militar de Rusia, jugará un papel de suma importancia en la transición política de este país que tiene programadas elecciones anticipadas para el 25 de mayo de 2014. En este contexto, no hay que olvidar que desde el 30 de marzo de 2012 Yanukovich y los líderes de la Unión Europea (UE) firmaron un tratado de asociación de Ucrania con la Unión Europea; sin embargo este no llegó a formalizarse debido a las demandas de liberación de la UE de los líderes opositores Timoshenko y Lutsenko. Desde entonces, las negociaciones se encuentran estancadas y lejos de retomarse, nos encontramos en un punto de inflexión entre Rusia y Ucrania, el cual podría desencadenar un enfrentamiento más allá de las palabras y amenazas.

¿Pero en realidad qué es lo que está en juego en Ucrania? La prensa internacional ha comentado sobre la presencia rusa en la región mediante su base militar en el Mar Negro. También se ha mencionado la posible afectación del suministro de gas ruso a Ucrania y a la Unión Europea por parte de Rusia. Ambos argumentos son válidos, sin embargo, desde mi perspectiva lo que está en juego es una la recomposición de la geopolítica mundial en donde Rusia quiere establecer las reglas del juego con miras a su regreso al escenario internacional como potencia de primer orden. Si bien es cierto que Crimea fue donada en 1954 por parte de los soviéticos (Nikita Kruschev) a Ucrania en el marco de la luna de miel que experimentaban las regiones que componían la antigua Unión Soviética, Rusia no ha dejado que la región quede en manos del destino.

Así lo demuestra el acuerdo de cooperación de abril de 2010 entre los dos países, luego de una crisis energética que atravesó Ucrania la cual finalizó con el compromiso de entrega de gas por parte de Rusia. El resultado de esta negociación fue la extensión de la presencia de la flota rusa del Mar Negro en Sebastopol hasta el año 2042. Este dato nos da la pauta de pensar que no necesariamente existe un riesgo de perder la base naval en Sebastopol con el gobierno surgido de las elecciones de mayo, dado que existe un acuerdo (marco jurídico) entre los dos países que en un primer momento el gobierno interino de Ucrania respetaría para evitar una invasión rusa.

Al respecto, me parece que existen otros elementos que explican la conducta rusa en Crimea. Me referiré a ellos. Número uno, la situación política en Ucrania le ha dado la pauta a Rusia a dar un paso definitivo para recuperar el territorio que se donó a Ucrania en 1954. Segundo, lo acontecido en Ucrania es una magnifica oportunidad para Rusia de regresar al terreno de las Relaciones Internacionales como un actor de primer orden. Si a esto le sumamos los recientes eventos que han puesto en la mira de la comunidad internacional a Rusia, tal es el su intervención diplomática para evitar el ataque por parte de Estados Unidos en Siria, así como su posterior participación en las negociaciones para establecer la mecánica para destruir los arsenales químicos sirios. Estoy convencido que la participación de la diplomacia rusa en esta crisis evitó la caída del régimen de su aliado Bashar al-Asad. Esto sin duda, representó una victoria de la diplomacia rusa y dio pauta a lo que hoy estamos viendo en Crimea. De la misma manera y no menos importante en el tablero diplomático ruso, los juegos olímpicos de Sochi fueron otra señal a la comunidad internacional. La suma de estos acontecimientos nos permiten concluir que Rusia está de vuelta y no precisamente en el contexto de una guerra fría en donde el componente ideológico jugaba un papel determinante, sino en un mundo multipolar en el que aspiran a ser actores preponderantes en lo que respecta al juego y equilibrio de poder en la esfera internacional. Todo parece indicar que el legado de la caída del Muro de Berlín en 1989, así como la desaparición de la Unión Soviética en el año de 1991 dejarán de ser dos argumentos que sustentan el fin de la historia y la unipolaridad en el mundo. El resultado de lo que acontezca en Ucrania y Crimea en los siguientes días, sin duda, contribuirán a ello. De eso no me queda la menor duda.

Adolfo Laborde es director de la Licenciatura de Relaciones Internacionales del Tec de Monterrey, Campus Santa Fe. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, México.

Te recomendamos: