bmv

Hace un par de semanas se publicó el nuevo libro de Michael Lewis, el periodista estadounidense responsable de The Big Short y Moneyball, entre otros.

Lewis, quien por varias décadas se ha enfocado en el mundo de los negocios y de las finanzas, ha regresado con Flash Boys, la crónica de una crisis escondida en el mundo del mercado de valores: las negociaciones de alta frecuencia (high-speed trading o HFT, en inglés).

Para los que sabemos poco y nada de cómo se cotizan las acciones, este libro es revelador. En el olvido han quedado los pisos de mercado en los que vendedores y compradores gritaban para intercambiar acciones; ahora, como mucho de lo que sucede en este mundo, todo se hace pulsando la tecla Enter.

Hasta aquí nada nuevo, diría uno. Pero dentro del uso de computadoras para comprar y vender acciones, la velocidad del internet se ha vuelto la herramienta fundamental. Suena lógico: mientras más rápido sea el acceso, más oportunidad tendrás de vencer a los competidores en el mercado. El caos radica (“¿cuál problema?”, preguntarían los traders) en que el suelo no es parejo.

Supongamos que yo tengo internet contratado con Telmex. Si yo trabajo en una casa de bolsa y hago algún movimiento en internet, la “orden” de compra o venta sale de mi computadora y recorre el cableado instalado por la compañía, hasta llegar al destinatario –en este caso, la Bolsa Mexicana de Valores (BMV).
Pero por cuestiones de trazo urbano, de propiedad privada, o incluso seguridad pública (que el cableado no interfiera con una toma de gas, por ejemplo), la orden que emito recorre una ruta laberíntica para llegar a su destino. En vez de que la señal vaya, por decir algo, de un edificio en Reforma a la BMV, también en Reforma, puede dar vueltas por la Zona Rosa, bajar a la Narvarte, subir por la Condesa y la Juárez y después llegar al destinatario. Este viaje toma pocos segundos, incluso hasta microsegundos (un microsegundo es una millonésima de segundo; el ser humano parpadea en 350,000 microsegundos). Todos usamos la misma red, entonces partimos de una igualdad de condiciones.

Sin embargo, en Estados Unidos –y en los últimos tres años, en México también-, las cosas han cambiado. En Flash Boys, Lewis nos cuenta que las compañías más poderosas, a veces bajo engaño, casi siempre con cañonazos de dinero, han creado sus propias infraestructuras de internet. Esto quiere decir que han comprado derechos de paso, han negociado con gobiernos, con propietarios de terrenos y demás, para construir líneas más directas entre sus computadoras y la bolsa de valores. Al hacer esto, y poner límites de acceso bastante altos –si yo soy una compañía pequeña, dar un pago inicial de por lo menos 14 millones de dólares para utilizar la red puede ser incosteable- las casas de bolsa más grandes obtienen preferencia en el mercado. Ellas ven la información en sus pantallas antes que los demás, sus órdenes llegan antes; en suma, se convierten en un oligopolio que controla el mercado de valores.

FB

A esto hay que sumarle que los mercados de valores se han fragmentado. A diferencia de la creencia popular (en la que me incluyo) de que las acciones pasan por Wall Street, hay al menos 16 mercados públicos y decenas de privados, esparcidos por todo Estados Unidos. Hay mercados en Kansas y en Nueva Jersey, interconectados, cada uno con un precio distinto por acción, pero cada uno con la posibilidad de intercambiar acciones de la misma compañía. Por simplificar: TV Azteca podría cotizar en ambas, pero sus acciones podrían variar dólares, centavos o hasta fracciones. Una casa de bolsa poderosa, con cableado directo a los grandes mercados, puede leer y analizar –a través de software complejo que computa todo tipo de variables- las fluctuaciones antes que cualquier otra y obtener precios preferenciales. Esto es lo que se conoce como HFT.

La fiebre del HFT, cuenta Lewis, ha llegado a niveles ridículos. Las compañías, en un concepto conocido como co-location, pagan cantidades obscenas de dinero para ubicar sus computadoras no sólo más cerca de la fibra óptica, sino del mercado mismo. Entonces tenemos casos en los que alguien está dispuesto a triplicar el pago de otro no sólo por acercarse lo más posible al espacio físico que ocupa el mercado (por ejemplo, en un almacén que está justo enfrente), sino por ganar unos cuantos metros (dentro del propio almacén puedo dar una prima para que mi computadora esté delante de otra). Con esto se asegura que se tendrá ventaja de unos microsegundos, suficiente para ganar unas fracciones de centavo, que sumadas a lo largo del año se convierten en miles de millones de dólares, en apoderamiento del mercado y en la quiebra de los traders pequeños.

Dado que el sistema crece a ritmo desenfrenado, las regulaciones gubernamentales no están ni cerca de poder seguir lo que sucede en el mundo del HFT. La SEC (Securities and Exchange Comission, órgano gubernamental estadounidense encargado de vigilar estos mercados) obliga a que las casas de bolsa informen sobre sus transacciones en medida de segundos, no microsegundos. Entonces, por ejemplo, si yo hago 100 transacciones en un segundo, no estoy obligado a decir qué y cuáles, sólo que hice 100 transacciones. Por ello, el 9 de mayo de 2010, cuando el índice NASDAQ cayó casi 9% en cuestión de minutos, la SEC jamás pudo determinar cuál fue la causa, más allá de que el motivo fue una compraventa en microsegundos. El evento fue denominado flash crash, por la rapidez con la que sucedió.

(No ayuda, explica Lewis, que haya colusión gubernamental: muchos de los funcionarios públicos de la SEC –más de 200, según cálculos que cita- se han ido a trabajar al sector privado, en particular a compañías que realizan HFT).

En México, como mencionaba al principio, el boom del HFT comenzó en 2011, después del flash crash, a sabiendas del riesgo (“Nunca puedes estar cómodo del todo [con HFT], pero nos sentimos más cómodos ahora”, declaró Luis Téllez, presidente de la BMV, en 2013), y con todavía menor regulación que en Estados Unidos. Pero, a diferencia de los mercados de valores de allá, en México las actividades de HFT se concentran casi con total exclusividad en la BMV. El riesgo que podríamos enfrentar en el futuro sería que México siguiera el ejemplo de Estados Unidos y fragmentara sus mercados: daría pie a mayores transacciones desreguladas en un país donde las crisis bursátiles se manejan en absoluta opacidad.

Esteban Illades es el editor del Blog de la Redacción.

Te recomendamos: