clepto

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Un grupo de hombres baja costales de una camioneta y los coloca en el sótano de un multifamiliar en Moscú. Los vecinos, alerta porque toda esa semana han ocurrido los peores ataques terroristas en la historia de Rusia, llaman de inmediato a la policía. Es el 22 de septiembre de 1999. La policía llega al lugar y detiene a los hombres, investiga las placas de su automóvil y analiza el contenido de los paquetes. Los costales, en efecto, contienen explosivos similares a los usados en los ataques terroristas de esa semana. A lado, la policía encuentra también un cable conectado a un detonador, programado para las 05:30 am. Los hombres son detenidos. Sorpresa: se trata de agentes del FSB – el Servicio Federal de Seguridad, sucesor de la KGB. El vehículo en el que transportan los paquetes también pertenece a la agencia. Al día siguiente, la FSB informa que lo ocurrido en el barrio de Ryazan fue un ejercicio de “entrenamiento”. El Kremlin ordena a la policía liberar a sus agentes. La secuencia de atentados terroristas que ha sacudido Rusia durante toda la semana llega súbitamente a su fin.  

2

¿Quién está detrás de los ataques que han sembrado el terror en Rusia? El gobierno asegura que se trata de separatistas chechenos. Nunca presentará evidencia. Contrario a su costumbre, los grupos chechenos no sólo no reivindican los ataques sino que dicen no fuimos nosotros. Poco importa: Grozni es sitiada un mes después y arrasada nuevamente por una lluvia de bombas y misiles. Se trata de la segunda guerra contra Chechenia en menos de 10 años. Faltan 11 meses para la elección que elegirá al sucesor del presidente Boris Yeltsin. 

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El desconocido primer ministro de Yeltsin, Vladimir Putin, se convierte en el hombre estelar de la campaña en Chechenia. Su rostro, plano y acartonado, es captado obsesivamente por la televisión. Putin es proyectado como el hombre de acción que necesita un pueblo supuestamente lleno de enemigos. Su seriedad contrasta con la bufonería a la que nos tiene acostumbrados Yeltsin. En dos meses, los índices de aprobación del primer ministro pasan de 53% a 78%. Nueve meses después, el ex-oficial de la KGB se convertirá en el nuevo presidente de la Rossiyskaya Federatsiya.

4

Alexander Litvinenko es uno de los periodistas que investiga por su cuenta lo ocurrido en Moscú durante esos días de terror. Como a otros periodistas que conjeturan en voz baja, la versión oficial de los ataques tampoco le cuadra. El incidente del 22 de septiembre, donde agentes del FSB son descubiertos por vecinos colocando explosivos en el sótano de un multifamiliar en Moscú, da mucha tela para cortar. Al tiempo, la Duma bloquea toda iniciativa para realizar pesquisas parlamentarias de los ataques. Investigadores independientes como Mikhail Trepashkin son detenidos y enviados a prisión con cargos fabricados

Litvinenko afirma que, en realidad, la vieja guardia de la KGB ha dado un golpe de estado para llevar a uno de los suyos al Kremlin. Asegura que el entorno corrupto de Boris Yeltsin, temiendo una purga tras su salida, ha pactado el encumbramiento de Vladimir Putin a cambio de un decreto de inmunidad para el presidente saliente y su entorno. Los atentados, según Litvinenko, han sido planeados por gente del FSB desplazada del poder (y de la riqueza asociada a la privatización de activos de la Unión Soviética) por ese grupo de fat cats conocido como “Los Oligarcas”. 

5

El 24 de noviembre de 2006, una fotografía de Alexander Litvinenko aparece en los periódicos de todo el mundo. La imagen muestra a un hombre en estado terminal acostado en una cama en un hospital de Londres. Litvinenko ha muerto en medio de dolores estomacales terribles. La autopsia establece que su muerte ha sido causada por envenenamiento con polonio, sustancia que solo puede ser obtenida de un reactor nuclear. 

El día anterior a su hospitalización, Litvinenko sostuvo en el Millennium Hotel de Londres una reunión con dos ex-agentes de la KGB: Andrei Lugovoi y Dmitry Kovtun. Durante la charla, ellos ordenaron Gin & Tonic; Litvinenko, una taza de té. Un cable del Departamento de Estado de Estados Unidos filtrado por Wikileaks revela el hallazgo de rastros de polonio en el automóvil y la casa usados días antes por los agentes en Hamburgo[1]. Es la misma conclusión a la que llega la policía de Londres cuando examina la tetera desde la que Litvinenko se sirvió su último té. Un año después, Lugovoi será nombrado diputado de la Duma. El 10 de marzo de 2015, el presidente Putin le conferirá la Medalla por Servicios a la Patria.

La muerte de Litvinenko de inmediato traslada el pensamiento de muchos disidentes rusos al recuerdo de Sergei Yushenkov, presidente del Partido Liberal. En 2003, Yushenkov recibe tres tiros en la espalda disparados con una pistola con silenciador. Yushenkov ha sido uno de los políticos más progresistas durante la transición de Rusia; uno de los mayores críticos de la primera y segunda guerra contra Chechenia y un enemigo declarado de Putin. En 2002, en calidad de vicepresidente de una comisión independiente encargada de investigar los ataques terroristas de Moscú, Yushenkov concluye que los atentados han sido, efectivamente, un golpe de estado encubierto de la FSB (X). Las balas le llegan horas después de haber registrado a su partido para competir en las elecciones parlamentarias de 2003 bajo la promesa de realizar una investigación independiente de los ataques.

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Tras la caída del Muro de Berlín, los activos de la Unión Soviética fueron heredados por un grupo pequeñísimo de personas con conexiones directas al poder. El acopio comenzó con Yeltsin y continuó bajo Putin, produciendo el mayor número de billonarios del planeta en cuestión de pocos años. La cantidad de capital concentrado por la élite fue tal que hizo a Rusia el primer lugar en desigualdad de ingreso en todo el mundo. Actualmente, el primer decil de su población controla 85% de su economía; 0.00008% (unas 100 personas) controla la quinta parte. En palabras del ex-billonario petrolero Mikhail Khodorkovsky, enviado 10 años a un campo de detención en Siberia tras acusar públicamente a Putin de corrupto, autoritarismo es simplemente otra forma de decir cleptocracia. 

7

El empresario Roman Abramovich era un amigo íntimo de Boris Yeltsin. La relación entre ambos era tan estrecha que Abramovich vivía en un departamento con su familia dentro del Palacio del Kremlin. De simple vendedor de juguetes, Abramovich cruzó su camino con Madame Perestroika y obtuvo la petrolera Sibneft a precio de ganga: $100 millones de dólares… por una empresa valorada en $2 billones. Rusia era un negociazo; una subasta amañada por un presidente perpetuamente alcoholizado que grita sin cesar ¡vendido! Como muchos billonarios de Rusia, Abramovich eventualmente muda su residencia de Moscú a Londres, el llamado Londongrado, meca de la cleptocracia que se adueñó de las ruinas del comunismo. En 2011, juguetero se convierte en el hombre más rico de Gran Bretaña.

8

Años atrás, Abramovich había sugerido el nombre de Vladimir Putin al presidente Yeltsin como posible relevo para primer ministro. La principal cualidad que Putin había mostrado hasta entonces -opinaba Abramovich – era su probidad para tapar los escándalos de corrupción de gobiernos salientes (concretamente, en la alcaldía de San Petersburgo). Esa era, justamente, la cualidad que había estado buscando Yeltsin en su lista de candidatos a primer ministro. En los siguientes años, la relación entre Abramovich y Putin también se fue haciendo cada vez más íntima. Tras la elección de Putin como presidente, su confianza en Abramovich era tal que este palomeaba las listas de candidatos para cargos ministeriales de su gabinete. Fue también Abramovich quien recomendó a Putin a un tal Dmitry Medvedev como tipo confiable para relevarlo temporalmente en el cargo[2]. La cleptocracia en Rusia aprendía rápido a entenderse bien.

9

Viktor Yushchenko, el tercer presidente de Ucrania, entendió a Putin muy tarde. En las elecciones de 2006, Yushchenko promete a los electores ucranianos alejarse de Rusia, voltear hacia Europa y solicitar membresía en la OTAN. Viene el primer atentado contra su vida, fallido. La campaña continúa; las diferencias con Moscú se van profundizando. Semanas después del atentado, Yushchenko cae enfermo tras ingerir una dosis altísima e inexplicable de dioxina, lo que le produce de inmediato una pancreatitis aguda. Es llevado de emergencia a Viena. Las pruebas de sangre revelan que sus niveles de dioxina son 6 mil veces más altas que lo normal. Otra vez la cicuta como continuación de la política por otros medios. 

La noche anterior, Yushchenko ha cenado con miembros del gobierno en la residencia de Volodymyr Satsyuk, hombre fuerte del Kremlin que dirige el aparato de seguridad desde Kiev. Los médicos austriacos logran salvar la vida a Yushchenko, que semanas después reaparece en campaña en medio de terribles dolores que le doblan el cuerpo.  Las pantallas de televisión muestran a un Yushchenko con el rostro totalmente desfigurado por el veneno. La mitad de su cuerpo ha sido paralizado. Mientras tanto, Stasyuk toma un avión a Moscú, donde recibe la ciudadanía rusa, cortesía del Kremlin

10

A unos cuantos metros de ese Kremlin que brilla por la noche, a la mitad de un puente que cruza el río Moskva, 20 minutos antes del 21 de febrero de 2015, Boris Nemtsov recibe 4 tiros, también, por la espalda. Hasta ese momento, Nemtsov es una de las caras más conocidas de la oposición al régimen de Putin. De no haber muerto, hubiera encabezado dos días después una importante marcha contra la guerra en Ucrania y la corrupción en el entorno presidencial. Tres semanas antes había declarado que temía que Putin atentara contra su vida. El conflicto entre los dos se había vuelto grave después de que Nemtsov denunciara el desvío masivo de recursos públicos destinados a las Olimpiadas de Invierno de Sochi –las olimpiadas más caras de toda la historia, incluyendo las de Beijing, con un costo de 51 billones de dólares ($40 billones más de lo originalmente presupuestado). Horas después del asesinato de Nemtsov, la policía incauta todos los archivos y discos duros en su departamento con el pretexto de obtener pistas para la investigación. Desafortunadamente, los investigadores no cuentan con ninguna grabación del asesinato puesto que ese día las cámaras de seguridad que graban la actividad sobre el puente habían sido apagadas para recibir mantenimiento. Hay luna llena. La Plaza Roja está iluminada pero vacía. La basura danza con el viento ella sola, con movimientos circulares que recuerdan al tutú de las de bailarinas del Bolshoi.

Alejandro Lerch es maestro en seguridad nacional por el Instituto de Estudios Políticos de París.


[1] Wikileaks, cable 06HAMBURG. Consulado de Hamburgo; 19 de diciembre 2006 11:38 UTC
[2] Sakwa, Richard, The Crisis of Russian Democracy, Cambridge University Press, 2011.

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