¿Viene de la derecha el futuro reto del liberalismo?

Un mundo nuevo

La victoria de Donald Trump en Estados Unidos tomó a todos por sorpresa en 2016. En especial, tras ocho años del gobierno de Obama en el cual, tanto en la política estadounidense como a nivel internacional, se consolidó un consenso sobre una agenda de políticas públicas. El calentamiento global, fue uno de los más importantes; pero también diversidad e inclusión y violencia de género. En ese año, parecía que el liberalismo había triunfado por completo y que las discusiones pendientes eran sólo matices sobre qué tan progresistas o libertarias debían ser estas políticas. 

Sin embargo, en el mundo pareciera que una revolución altera a cada país, donde una serie de líderes carismáticos de izquierda y derecha lograron victorias electorales y movieron la discusión hacia agendas que pudieran considerarse populistas en el mejor de los casos y muy lejanas de las agendas previas.

A cuatro años de la elección de Donald Trump, es posible separar las tendencias electorales de las ideas políticas que ocurrieron en esta coyuntura. Esto es muy importante, porque, en muchos casos, aún no es posible llegar a un consenso de qué es lo que está sucediendo, cuáles son los procesos que se desencadenaron y cuáles son sus consecuencias. En muchos casos, la reacción consistió en intentar usar categorías que funcionaron bien durante las últimas décadas para intentar explicar el presente.

Desde la izquierda liberal, se ha intentado explicar el surgimiento de personajes como Trump a través de un triunfo de la oligarquía y el poder del dinero en las elecciones. Sin embargo, existe una profunda contradicción entre esta visión y el votante de Trump, así como las políticas que implementa. De la misma forma, la derecha liberal tiene grandes problemas en explicar el surgimiento del fenómeno AMLO, especialmente tras la más ambiciosa generación de reformas económicas implementadas en México.

De manera inercial, en los pasados 10 años, el debate político del liberalismo observó a sus rivales ideológicos con los lentes de la guerra fría. En sus críticos, vio sucesores de las escuelas de pensamiento de izquierda, aparentemente edificados por el discurso contra el 1 % más rico tras la crisis de 2008. Pero lo que narramos a continuación es el surgimiento de una forma de pensamiento paralela de derechas que surgió en estos 10 años.

Ilustración: Ricardo Figueroa

¿El nacimiento de un rival del liberalismo?

Una vieja pregunta de política es si las ideas anteceden al cambio político o viceversa. El huevo o la gallina. Ambas posturas tienen defensores, aunque probablemente la verdad yace en medio. En algunos casos, influye; en otros, es producto y en la mayoría no es claro establecer una causalidad porque uno tiene que ir más y más atrás.

Sin embargo, postulamos que los últimos 10 años emergió una veta intelectual muy particular que podría constituirse como un verdadero rival ideológico para el liberalismo. Poco a poco, una postura ideológica no liberal completamente apartada de las tradiciones ideológicas de los grandes partidos se bifurca. Esta postura, autodenominada “neorrreaccionaria”, no se ha consolidado, pero precisamente se encuentra en la fase de génesis en la que busca explicar los acontecimientos recientes y promover una estrategia hacia futuro.

En particular, en este artículo queremos describir, a manera de prevención, un conjunto de autores que en el siglo XXI buscan ir más allá de la tradición liberal hacia la derecha y plantean propuestas ideológicas que pudieran representar un rival para ésta.

Cómo y dónde surge este rival del liberalismo no es claro. Durante el periodo 2016-2018, los reporteros de investigación de medios como The Atlantic, Politico y Vox realizaron preguntas a los autores que identificaron como neorreaccionarios. En éstas trazaron temas de la elección sin ver el panorama más amplio. Sus autores se encuentran en la lista del artículo de Politico “What Steve Bannon Wants You to Read” que busca describir las ideas que han influido en Steve Bannon y posiblemente en la campaña estadounidense de 2016. Pero ya en 2019, publicaciones académicas como “Key Thinkers Of The Radical Right” y “Critical Theory and the Humanities in the Age of the Alt-Right” examinaron este pensamiento político fuera de la coyuntura, al trazar una historia de 10 años de estas ideas.

¿”Neorreacción”?

Uno de los primeros artículos en identificar esta tendencia es el de Nick Finley para Tech Crunch en 2013. Este identificaba a dos personajes que desarrollaron la arquitectura ideológica de una “neorreación”: Nick Land y Curtis Yarvin. Land, antiguo profesor de filosofía de la Universidad de Warwick, publicó trabajos de historia del pensamiento y de ficción bajo el concepto de “aceleracionismo”, la idea de que los procesos del capitalismo tienen que ser acelerados en vez de combatidos, para iniciar un cambio social.

Nick Land describe que un movimiento neorreaccionario promete, por su descripción esencial, un retroceso (Land, Neoreaction (for dummies) 2013). Este es una disrupción de la idea moderna del progreso, en la que el futuro es algo mejor. Para la nueva reacción, el diagnóstico del presente es una decadencia progresiva que inicia con la desaparición del orden tradicional en la revolución francesa. 
Land equipara la nueva reacción con un regreso a un pasado pre ilustrado; este regreso es necesario para siquiera entender la política universalmente. Para Land, las “ilustraciones” son una creación de la historiografía progresista donde existe una narrativa de una nueva verdad auto revelada y auto demostrable (Land, The Dark Enlightenment, Nick Land 2013). Por esta razón, adoptar una mentalidad que se opone a esta forma de pensar la historia recibe el nombre contradictorio de Ilustración Oscura (Dark Enlightement).

En segundo término, los neorreaccionarios plantean un consenso llamado por ellos mismos “burkiano” es decir una posición similar a la de Burke frente a las instituciones representativas. En este, la tradición y la reforma paulatina de las instituciones son la fuente de la autoridad. Los derechos humanos son construcciones históricas y depende de la fuerza de los Estados que los respaldan.

Con el análisis de los procesos democráticos, la ciencia política (según Land), entendió que sólo se pueden llegar a segundas mejores opciones en las metas que la democracia misma se plantea: representación y redistribución. Pero estas metas no satisfacen a las partes porque son soluciones de compromiso. Las facciones se radicalizarán ante estas propuestas. David Runciman, analizando esta proposición de Land en “How Democracy Ends”, señala que “cada facción lleva a la otra a extremos cada vez más vergonzoso de ulular y de canibalismo, hasta que la última alternativa es destruirse. Debido a que la democracia ha renunciado a tratar de enfrentar nuestros prejuicios cognitivos, es totalmente incapaz de domar la locura consumista que finalmente nos consumirá a todos”.

Como interpretación alternativa, los neorreaccionarios consideran a la ciudadanía una ficción en las democracias contemporáneas. Si se toma en cuenta la escala demográfica y metas económicas de los países, el ciudadano es sólo un status para la vida privada que ratifica las alternativas del sistema político. Los neorreaccionarios son escépticos sobre la libertad y derechos ganados por el liberalismo. Hoy, según ellos, vivimos en un Estado no tan diferente a los del pasado, pero sin la protección de las corporaciones. En este sentido, los neorreaccionarios invitan al analista a considerarse un “súbdito” del Estado. Este es un ejercicio en el que se abandona la ficción de la representatividad en favor de un nuevo modelo de vida pública del mejor servidor del Estado sólo cuando se tiene la vocación para ello. Cuando no, basta con ser un buen servidor en la vida privada.

En la introducción de Mark Sedwick a “Key Thinkers of the Radical Right”, se señala que los neorreaccionarios son herederos de la tradición de Oswald Spengler de la decadencia de occidente. Los sistemas políticos del presente pueden continuar un gobierno democrático como la conocemos, asumiendo una lenta decadencia o transformarse en dos direcciones. La primera es la separación en pequeñas comunidades políticas, como las ciudades Estado del renacimiento; un planteamiento no tan descabellado si se equipara a Singapur como una entidad política de esta naturaleza.

La segunda es un retorno a las monarquías. La forma específica en la que este retorno se manifiesta difiere según el autor. Para Land, la nueva monarquía es tecnológica y capitalista que adopta la forma de una gran corporación con un CEO-Monarca. Si el gobierno no entrega un valor aceptable para sus impuestos (renta soberana), los ciudadanos pueden notificar a su función de servicio al cliente y, si es necesario, llevar su problema a otra parte, otro gobierno o empresa.

Si se tiene como valor principal la libertad individual, Land argumenta que la democracia y sus instrumentos progresivos representan una expansión del dominio del Estado y de lo público en la vida de los individuos. El contenido de estos actos públicos no es neutro, sino que contiene un programa de cambio del individuo. Este programa de cambio se ha vuelto cada vez más radical al adoptar características puritanas y sectarias (adjetivos que, tienen el carácter histórico de esas palabras).

Pero Land no es optimista. Dentro de la neorreación existen tres aristas a veces enfrentadas: la teológica, la etnocentrista y la economicista. Son facciones que compiten por dominar a la otra. Esta adherencia a la tradición y esta definición contra el paradigma de la izquierda liberal es un pegamento temporal para ideas por naturaleza opuestas: diferentes tradiciones y religiones, conservadores antimodernos, y masas unidas que identifican los problemas del presente en grupos de personas. Como toda coalición, se organiza alrededor de un discurso, esta vez por medios digitales.

Política amateur

Mencius Moldbug, nombre de pluma de Curtis Yarvin, es un programador e inversionista en empresas digitales que entre 2007 y 2014 se dedicó a leer autores de filosofía política. Pero esta lectura fue poco convencional frente al canon de autores de la formación universitaria. El resultado fue la publicación del blog Unqualified Reservations: un análisis no académico de los clásicos que podría parecer improvisado y descrito como amateur. Pero realiza algo que la academia moderna basada en la confrontación de artículos no puede: generar una comunidad de lectores independientes dispuesta a leer las fuentes originales de teoría política (aunque éstos no sean precisamente los del canon liberal).

Joshua Tait en su capítulo sobre Moldbug en “Key Thinkers of the Radical Right”, relata las motivaciones de Unqualified Reservations: la crisis económica, los fallidos esfuerzos de establecer democracias en Medio Oriente promovidos por las administraciones Bush y Obama, y la polarización dentro de la sociedad estadounidense. Como otros en esta línea de pensamiento, Moldbug se encuentra potenciado por las redes y por empresarios de Silicon Valley que leen sus ideas, como Peter Thiel.

Moldbug adopta una ideología que llama “formalismo”, que define como una manera de organizar la violencia inevitable que surge de vivir en un mundo limitado. Esta propuesta consiste en separar analíticamente las partes efectivas de las partes simbólicas de las instituciones. Por formalismo, Moldbug también entiende una forma historicista de los sistemas políticos, donde la democracia adopta varias formas y su manifestación en el presente, muestra signos de decadencia.

La democracia de hoy no es la que los padres fundadores estadounidenses esperarían, quienes temían que el tamaño de los estados modernos pudiera no ser adecuado para el desarrollo de partidos y una representación efectiva. Aun cuando el pasado estadounidense es republicano, el presente tiene otra dinámica, la cual sólo adopta en retórica, el mito representativo.

Moldbug cuenta un relato donde la polarización del presente crea facciones irreconciliables. La naturaleza poco representativa de la democracia contemporánea les hace tomar medidas cada vez más radicales en un espiral que sacrifica la gobernabilidad. Con base en el los textos de Carlyle, Moldbug señala que el valor principal del Estado debería ser el orden antes que la representación.

Sus planteamientos de “derecha” no suelen ir en favor de cualidades nacionales o raciales; estas son características demasiado modernas y recientes para su análisis. En cambio, Moldbug analiza centralmente la razón de Estado y el Estado de Derecho, como elementos del imperio del Estado qué deberían estar en toda decisión política. Estos se degradan inevitablemente en la democracia que toma decisiones para satisfacer el corto plazo de los votantes, mediante la política social o de seguridad.

Moldbug, y los autores neorreaccionarios realizaron una lectura de autores aparentemente “superados” por el liberalismo. Como premisa adopta un rechazo a la idea del progreso en la historia (whig). Esto le permite romper la argumentación circular de la academia que alguna vez afecto al marxismo y ahora afecta al liberalismo. Tres de estos autores, por ejemplo, son Robert Filmer, Joseph de Maistre y Thomas Carlyle. Filmer, en esta narrativa supera a Locke en el debate por establecer el origen de la autoridad en el rey. El argumento de la providencia y del gobierno merecido por generaciones débiles se rescata de Maistre. Mientras que Carlyle, con sus interpretaciones del héroe en la historia, destaca las cualidades no liberales de líder. En esta adopción de textos, los neorreacionarios nos recuerdan que las ideas son raramente reemplazadas.

Un concepto central en estos autores es “la catedral”, como medio para explicar el espacio público y las acciones de los gobiernos contemporáneos. Puesto que las ideologías están formadas por acciones, la catedral son todos los pilares (en políticas públicas, decisiones, arte, etc.) para hacer operable una ideología. Para los neorreaccionarios, la catedral una especie de jaula de hierro donde las acciones de la izquierda liberal se convierten en el discurso común de la sociedad. Esta es una idea que toman de los planteamientos políticos de Gramsci, donde la ideología forma un paradigma público y hegemónico de pensamiento por medio de los actos del Estado, de publicaciones e iniciativas privadas que refuerzan la ideología.

“La catedral” representa el fallo en la separación de iglesia y Estado en la ilustración. Si bien el Estado se alejó de las iglesias del periodo preilustrado, no encontró una forma de sustituir lo que la Iglesia hacía en favor de los fines del Estado: la unidad y estabilidad en las costumbres. Para ello creó mecanismos imperfectos para transmitir sus valores, pero que paradójicamente debilitan la gobernabilidad (Moldbug, An Open Letter to Open-minded Progressives Chapter 9: How to Uninstall a Cathedral 2008). El mecanismo contemporáneo lo constituyen los argumentos del liberalismo social, potenciado por las tecnologías digitales.

Por otra parte, “la catedral” también conjura la idea de un sacerdocio. Los sacerdotes seculares que administran los ritos y refuerzan el debate dentro de la misma ideología no son ajenos al liberalismo; aun cuando este invoque una libertad de expresión. La catedral es también el conjunto de personas que refuerzan la ideología, manteniendo estable y coherente su mensaje.

Para participar en esta “catedral” del liberalismo, los individuos deben pasar un tiempo como novicios o en servicio civil para adoptar el lenguaje y tener la aprobación para discutir dentro del sacerdocio ideológico. Las universidades, los organismos internacionales y los gobiernos se han contagiado de esta dinámica.

Para Moldbug, el retorno a la monarquía significa concentrar las atribuciones del poder sobre un solo individuo. Éste estaría solamente moderado por corporaciones y gremios, como en los inicios de la era moderna, esto describiría el arreglo de fuerzas que efectivamente opera en la sociedad contemporánea. A esta dinámica corporativa la llama “neocameralismo” (Moldbug, Neocameralism and the escalator of massarchy, 2007). Este Estado absoluto, paradójicamente sería menos totalitario, citando el caso de Singapur, donde el interés es la mejor administración del Estado y su economía, sin las distorsiones que provoca el debate democrático.

No es sorprendente que otras publicaciones dentro de esta blogósfera de autores neorreaccionarios busquen ejemplos monárquicos en las tradiciones orientales como China. Un tema que tocamos brevemente es su lectura de Confucio, la tradición y el mandato del cielo. Estos autores trazan una herencia política de este autoritarismo para la China contemporánea. Ellos perciben como procesos extremadamente interesantes (y como buenas prácticas en política pública) los esfuerzos de China para llevar el imperio del Estado en todas las áreas de la vida. La alternativa de un totalitarismo, y sobre todo un totalitarismo digital, es un tema que buscan unir con la tradición occidental.

Las implicaciones de una nueva ideología

En el contexto de las derechas clásicas estadounidenses, estos autores despiertan temas que eran tabú: un mayor papel del Estado, la oposición a la idea de progreso, el abandono de la democracia representativa, una relación entre mérito y derechos. Las derechas clásicas abogaban por visiones derivadas de la república de los padres fundadores del país del norte, así como por un fuerte componente anglosajón. Pero la nueva reacción busca sus fuentes en la tradición monárquica europea, despreciando el puritanismo y las implicaciones raciales de esta derecha republicana. Poco tienen que ver con las derechas nativistas o posteriores a la guerra civil estadounidense. Asimismo, desprecia al libre mercado en tanto propicia los valores burgueses en contraposición a los valores aristocráticos.

La crítica de David Runciman a los planteamientos políticos de estos dos autores es que “El mundo político que evocan es una caricatura, poblada de héroes y villanos increíbles.” Los neorreaccionarios crearon un relato que motiva a muchos a encontrar nuevas interpretaciones más allá de la tradición liberal y en muchos casos se han relacionado con los movimientos que se podrían considerar alt-right.

Las ideas neorreacionarias parecen un “rival” del liberalismo por la capacidad de influir parcialmente en los votantes hacía el espectro político donde mayor autoridad se prefiere a menor autoridad. ¿Es posible interpretar estas ideas como alt-right? La idea de una alt-right, manifestada en portales como Breitbart y sus voceros murió rápidamente tras el triunfo de Tump, quién no se interesó por incorporarlos a su administración. Pero los neorreaccionarios, al igual que pensadores de izquierda como Slavoj Zizek, perciben a Trump como un mal necesario que rompió el sistema de reglas informales de la democracia liberal y posiblemente para el largo plazo.

Sin embargo, los elementos neorreaccionarios se encuentran presentes en las plataformas populistas que invitan al desdén a los partidos políticos y a las instituciones democráticas. Su expansión en las redes y fuera de los medios tradicionales permitió su llegada sin debate en los países de Norteamérica, y en Europa. Es posible que resurjan en esta elección 2020. Puesto que son ideas universales, América Latina no está exenta de ellas; sobre todo en regiones con pasados más cercanos al monarquismo y a los movimientos de derecha del siglo XX como en el Brasil de Bolsonaro.

Sería ingenuo pensar que no están fermentando en México. Una tradición monárquica europea es parte de nuestra historia y posiblemente sigue vive en aquellos lugares en los que el Estado liberal no pudo establecerse. Las redes fueron el espacio propicio para la difusión de estas ideas. En última instancia, ofrecen argumentos para justificar la desconfianza en las instituciones democráticas que habíamos visto en años anteriores en encuestas como las del Latinobarómetro y la concentración del poder.

 

Juan Yair Martínez Santoyo
Licenciado en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales por el CIDE y Maestro en Administración y Políticas Públicas por el CIDE.

Fernando Briseño Martínez
Licenciado en Economía por el CIDE y Maestro en Ciencia de Datos por el ITAM.

 

Bibliografía

Gray, Rosie. "Behind the Internet’s Anti-Democracy Movement." The Atlantic. febrero 10, 2017.

Johnson, Eliana , and Eli Stokols. "What Steve Bannon Wants You to Read." Politico. febrero 7, 2017.

Land, Nick. "Neoreaction (for dummies)." Outside in: Involvements with reality. abril 13, 2013.

—. "The Dark Enlightenment, by Nick Land." The Dark Enlightenment. 2013.

M. Battista, Christine , and Melissa Sande . Critical Theory and the Humanities in the Age of the Alt-Right. Nueva York: Palgrave Macmillan, 2019.

Moldbug, Mencius. "A Formalist Manifesto." Unqualified Reservations. abril 23, 2007.

—. "An Open Letter to Open-minded Progressives Chapter 9: How to Uninstall a Cathedral." Unqualified Reservations. junio 12, 2008.

—. "Neocameralism and the escalator of massarchy." Unqualified Reservations. diciembre 7, 2007.

Runciman, David. How Democracy Ends. Londres: Profile Books, 2018.

Sedgwick, Mark J. . Key Thinkers Of The Radical Right: Behind The New Threat To Liberal Democracy. Nueva York: Oxford University Press, 2019.

Thompson, C. Bradley. "The Rise and Fall of the Pajama-Boy Nietzscheans." The American Mind. mayo 13, 2020.

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Publicado en: Internacional, Política