campaña

Las campañas electorales en México están sujetas a un sistema sobre-regulado que impide a los actores políticos llevar a cabo actividades que son comunes en la competencia política en países con esquemas similares. Si bien el exceso de reglas en el área electoral se deriva de la transición de un régimen de partido dominante a uno multipartidista, el sentido y alcance de la regulación electoral es consecuencia de un diagnóstico equivocado y no  de una garantía de la competencia equitativa y justa. Más aún, el análisis erróneo ha generado incentivos contrarios a un sistema electoral justo y equitativo: amenaza la libertad de expresión,[1] refuerza la supremacía del partido político más grande, asigna ineficientemente los recursos de campaña, satura las audiencias[2] y nulifica los efectos de campaña en la intención de voto.

En la esencia de las reformas electorales aprobadas en el Congreso en 2007 y, posteriormente en 2014, se encuentra la prohibición de llevar a cabo campañas negativas, a través de la obligación para los candidatos de “abstenerse de expresiones que calumnien a las personas”,[3] entendiéndose por calumnia “la imputación de hechos o delitos falsos con impacto en un proceso electoral”,[4] a diferencia de denigrar (ofender la opinión o fama de alguien), injuriar (todo acto realizado con el fin de ofender el honor, la reputación o el decoro de una persona), o difamar (ataque a la fama o reputación de una persona para rebajarla en la estima o concepto que los demás tienen de ella). Tipificar delitos en la arena electoral que ya han sido abrogados del Código Penal evade el contraste y la discusión, fundamentales en la política.

Con la finalidad de que los votantes cuenten con más elementos para su decisión, las campañas políticas presentan a la ciudadanía información sobre los partidos políticos, sus candidatos y las acciones de gobierno durante un período fijo previo a las elecciones.[5] Las campañas negativas contienen las críticas que los seguidores de una fuerza política o candidato expresan sobre los contrarios, enfocándose en las diferencias en desempeño, posicionamientos o calificaciones de los contendientes.[6]

Contrario a lo que los legisladores en México han diagnosticado y regulado, estudios especializados han demostrado que las campañas negativas son más útiles pues son didácticas, mejor recordadas y hasta divertidas, lo que eventualmente resulta en mayor involucramiento de la ciudadanía en la competencia política.[7] Más aún, las campañas negativas son efectivas al proveer información relevante sobre la campaña, más allá del simple contraste: las campañas negativas revelan qué tan reñida es la competencia (a mayor número de spots negativos, más cerrada la contienda); evidencia quién va arriba y quién abajo (quien va abajo es el que ataca más, independientemente de los números de las encuestas publicadas), y quién miente o quién dice la verdad (un spot negativo con información falsa evidencia al emisor y lo descalifica ante la opinión pública).

Las ventajas de las campañas negativas son despreciadas por los partidos políticos en México, que utilizan el tiempo aire durante las campañas para evidenciar quién viola la ley electoral y no necesariamente para posicionar favorablemente sus temas. Asimismo, la autoridad electoral ocupa su tiempo en emitir medidas cautelares con base en las denuncias permanentes de los partidos políticos. Así, en poco más de dos semanas, a petición de los partidos políticos, la Comisión de Quejas y Denuncias del Instituto Nacional Electoral (INE) ha dictado medidas cautelares para retirar del aire seis spots por contener calumnias:

Fecha

Partido

Voto en la Comisión de Quejas y Denuncias

11 de enero, 2015.

PRD

Unanimidad

22 de marzo, 2015.

PRI-Sonora

Unanimidad

2 de abril, 2015.

PT-Sonora

Unanimidad.

Presente en la sesión, la Consejera Pamela San Martín expuso que el mensaje no atribuye un delito a la abanderada, sino que le piden que devuelva dos maletas. “No hay imputación directa a ella de haber cometido un ilícito”, expuso.

6 de abril, 2015.

PAN

A favor: Consejeras Beatriz Galindo y Adriana Margarita Favela.

En contra: Consejero José Roberto Ruiz Saldaña.

11 de abril, 2015.

PRI

No disponible.

14 de abril, 2015.

PAN

A favor: Consejeras Beatriz Galindo y Adriana Margarita Favela.

En contra: Consejera Pamela San Martín (en ausencia del consejero Roberto Ruiz Saldaña, integrante de la misma).

Fuente: Elaboración propia con base en información de los comunicados de prensa del Instituto Nacional Electoral, al 17 de abril del 2015.

 

La legislación electoral impone a la autoridad electoral una responsabilidad que no necesita. Como se ha probado en otros países, las campañas negativas tienen la virtud de contar con mecanismos auto-regulatorios que evitan decisiones divididas, como lo muestran las votaciones de la Comisión de Quejas y Denuncias del INE y de la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) o, inclusive, de criterios contradictorios: el 24 de junio de 2012, la Comisión de Quejas y Denuncias del entonces Instituto Federal Electoral (IFE), después de una votación 2 a 1, se negó a retirar del aire el spot “Rojo”, pautado por el PAN, que destacaba la relación entre gobernadores del PRI y el narcotráfico, pues consideró que el spot aludía a “asuntos de interés público y a una crítica rigurosa hacia el partido que postuló como candidatos a los ex mandatarios estatales Mario Villanueva y Tomás Yarrington”. Más aún, de acuerdo con el procedimiento legal, el tiempo promedio que tarda en retirarse un spot del aire es mayor a tres días, suficientes para que los partidos políticos opositores, los medios de comunicación y los ciudadanos conozcan su contenido y se vuelva el tema de discusión en las campañas.

Los legisladores mexicanos ignoran las ventajas de las campañas negativas, pues argumentan que disminuyen el nivel y la calidad del debate político, engañando a los electores a través del uso de información “superficial” que “daña injustificadamente” la reputación de los propios políticos, al grado de denominarlas campañas “negras” o “sucias”. No obstante, tal parece que ignoran también que las campañas negativas son una herramienta única que permite competir eficazmente en procesos electorales cada vez más competidos en los que requieren involucrar a más ciudadanos a través de información interesante y atractiva.

Luis Estrada es doctor en Ciencia Política (Universidad de California, San Diego 2005) y Socio-Director General de SPIN. lestrada@spintcp.com 


[1] Ver, por ejemplo, González María de la Luz, “Desecha amparo contra Ley electoral”, El Universal,  México, 29 de marzo del 2011 y “El amparo de los intelectuales: el debate en la prensa escrita (actualizada)”, El Juego de la Suprema Corte, Nexos, México, 24 de enero del 2011.
[2] Ver, por ejemplo, Jara Elías, José Rubén y Garnica Andrade, Alejandro (comps.), Audiencias Saturadas. Comunicación Fallida. El impacto de los spots y las noticiasen la campaña presidencial 2012, Delphos, 2013.
[3] Tal como lo establece el Artículo 41 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.
[4] Artículo 471 de la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales.
[5] Ver Popkin, Samuel,“Campaigns that Matter”, en McCubbins, Mathew (ed.), Under The Watchful Eye: Managing Presidential Campaigns in the Television Era, Congressional Quarterly Inc., Washington  D.C., 1992.
[6] Ver, por ejemplo, Sides, John, Shaw, Daron et.al., Campaigns and Elections: Rules, Reality, Strategy, Choices, W.W. Norton & Company, 2013  y Kernell, Samuel, Jacobson, Gary, et. al., The Logic of American Politics, Sage Publications Inc., 2014.
[7] Ver Ansolabehere e Iyengar, Going Negative. Bennett, W. Lance, and Shanto Iyengar. “A new era of minimal effects? The changing foundations of political communication.”, Journal of Communication 58.4 (2008): 707-731. Holbert, R. Lance, R. Kelly Garrett, and Laurel S. Gleason. “A new era of minimal effects? A response to Bennett and Iyengar.” Journal of Communication 60.1 (2010): 15-34. Perloff, Richard M. The dynamics of persuasion: communication and attitudes in the twenty-first century. Routledge, 2010.