Foto: CarbnNYC

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En nuestro país a veces es difícil reconocer la discriminación. Desde pequeños aprendemos a celebrar un país que al independizarse abolió la esclavitud y prometió que nada distinguiría a unos y otros más que “el vicio y la virtud”. Sin embargo, aunque no lo sea en las leyes (de jure), en los hechos (de facto) pocas personas niegan que en México hayan distintas formas de discriminación.

Este abismo que suele existir, entre lo que es de jure y lo que es de facto, contribuye a que tengamos tan poca experiencia con la discriminación legal como para reconocerla cuando la tenemos enfrente. ¿Qué pensaríamos hoy de la discriminación si hasta hace unos años una persona indígena no pudiera vivir, por ley, en ciertas colonias o usar ciertos baños?¿Qué pensaríamos hoy de la discriminación si hasta hace unos años hubiera estado prohibido que una persona indígena se casara con una persona no indígena?

La posición del Partido Acción Nacional en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, y la acción de inconstitucionalidad promovida por la Procuraduría General de la República en contra de la legislación que reconoce los matrimonio entre personas del mismo sexo en el DF, explícitamente defiende legislación y argumentos que discriminan legalmente a las personas por su orientación sexual. Con toda claridad ambas posiciones, pese a estar arropadas en distintos argumentos que lo niegan, pretenden que la opción legal de contraer matrimonio y adoptar hijos quede limitada a parejas heterosexuales. ¿Al intentar frenar legislación que no discrimina por orientación sexual, el PAN y la PGR están defendiendo la discriminación legal?

En otros países la experiencia reciente de discriminación legal, ilumina preguntas similares. Dos textos como muestra:

El primero y más contundente es la sentencia de la Suprema Corte de Sudáfrica del 2004, en el cual se reconoce el derecho a las parejas homosexuales a gozar de exactamente los mismos derechos que las parejas heterosexuales:

…los fundadores se comprometieron a una concepción de nuestra nacionalidad que era muy amplia y muy incluyente. En ello reside una paradoja: la magnitud misma de la exclusión legal pasada y la denigración determinan la generosidad de la protección que la Constitución ofrecía. Esto es porque la mayoría de los sudafricanos habían experimentado el efecto de la humillación legal de concepciones coloniales de raza y género represivas que determinaron que la ley sería diferente para todos los sudafircanos. Habiendo ellos mismos experimentado la indignidad y el dolor de la subordinación regulada legalmente, y la injusticia de la exclusión y humillación a través de la ley, la mayoría comprometió a este país a protecciones constitucionales particualarmente generosas para todos los sudafircanos.

Los gays y lesbianas en relaciones de pareja de vida del mismo sexo son ‘tan capaces como cónyugues heterosexuales de expresar y compartir amor en sus variadas formas’. Son, de igual manera ‘tan capaces de formar relaciones íntimas, permanentes, comprometidas, monógamas, leales y duraderas; de otorgar apoyo emocional y espiritual; y de proveer cuidado físico, apoyo financiero y asistencia en un hogar común. Ellas y ellos ‘son capaces de manera individual de adoptar niños y en el caso de lesbianas tenerlos”. En resúmen, ‘tienen la misma habilidad de establecer un consortium omnis vitae’ Finalmente, son ‘capaces de constituir una familia, ya sea nuclear o extendida, y de establecer, disfrutar y beneficiarse de la vida en familia’ de una forma que ‘no es distinguible en ningún aspecto significativo de cónyuges heterosexuales’.

El segundo texto (citado en “A right to marry? Same-sex marriage and constitutional law” de Martha Nussbaum), es una declaración que hizo Mildred Loving en el cuarenta aniversario de la resolución de la Suprema Corte de Justicia de Estados Unidos, que permitió que el matrimonio entre ella, de piel negra, y su esposo Richard Loving, de piel blanca, dejara de ser un delito en 1967.

Mi generación estuvo amargamente dividida en algo que debió de haber sido muy claro y correcto. La mayoría creía…que el plan de Dios era mantener a la gente separada, y que el gobierno debería discriminar en contra de la gente enamorada. Pero..los miedos y los prejuicios de las viejas generaciones han cedido, y la gente joven de hoy se da cuenta que si alguien ama a alguien tienen derecho a casarse. Rodeada, como hoy estoy, por hijos y nietos maravillosos, un sólo día no pasa sin que piense en Richard y en nuestro amor, nuestro derecho a casarnos, y cuanto significó para mí tener la libertad para casarme con la persona preciada, aunque otros pensaran que el era “el tipo equivocado de persona” para mí. Creo que todos los estadounidenses, sin importar su raza, sin importar su sexo, sin importar su orientación sexual, deberían de tener la misma libertad para casarse.

Tal vez si en México hubiéramos tenido durante el siglo XX más leyes explícitamente discriminatorias, el PAN y el gobierno de Felipe Calderón serían más cuidadosos con los argumentos y las leyes que defienden. Tal vez no, tal vez pese a la experiencia, sostendrían los argumentos que hoy sostienen. La especulación nos dice poco, y las acciones de quienes se oponen al matrimonio entre personas del mismo sexo nos dan la respuesta: prefieren que la orientación sexual de las personas defina a qué tienen derecho y a qué no.

Andrés Lajous.