Chiapas es para Andrés Manuel López Obrador no solo el estado en donde planea refugiarse si pierde las próximas elecciones presidenciales, sino la entidad que podría proporcionarle más de 700 mil votos en el 2018.

Por sus raíces familiares y su historia personal, habla de los chiapanecos como sus paisanos, de Chiapas como su tierra, y de Tabasco, su estado natal, como su agua.

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En la Quinta La Chingada, en Palenque, pasa sus vacaciones, camina cinco kilómetros al día y se refugia en la sombra de ceibas, caobas, maculíes y guayacanes.

Sus visitas a esta entidad son frecuentes. La más reciente fue el 19 de febrero, en donde firmó, ante la presencia de unos 20 mil asistentes reunidos en el Parque Bicentenario de Tuxtla Gutiérrez, el Acuerdo de Unidad para la Prosperidad y el Renacimiento de México.

El encuentro, como los organizados en otras partes de México, reunió a políticos, activistas y empresarios de todas las trazas, varios de ellos vinculados con el aparato gubernamental.

La nota local en la firma del Acuerdo fue la presencia de Rómulo Farrera, el Carlos Slim chiapaneco, porque sus simpatías políticas habían sido con el PRI, el PAN y el Verde, y porque no había aparecido en un acto político de AMLO. La participación del abuelo del gobernador Manuel Velasco, Fernando Coello, fue menos llamativa porque ha pagado espectaculares, ha distribuido playeras de Morena y porque se ha declarado partidario del Peje desde 2012.

El acto protocolario de la firma del Acuerdo de Unidad fue una radiografía de las disputas que se viven por el control de Morena en Chiapas. Hubo abucheos, descalificaciones, gritos y silbidos para los aspirantes a gobernador.

Las rechiflas no pasaron inadvertidas para López Obrador, quien al iniciar su discurso dijo que “más allá de las diferencias, no hay que pelearse abajo, porque el problema está arriba, en la mafia”.

Hasta ahora hay dos aspirantes visibles de Morena y con posibilidades de encabezar la candidatura al gobierno local: Rutilio Escandón, presidente del Tribunal Superior de Justicia, y Zoé Robledo, senador del PRD por Chiapas. Pero hay otros políticos que también buscan convertirse en candidatos por este partido como José Antonio Aguilar Bodegas, actual secretario del Campo, quien perdió la gubernatura por seis mil votos ante Juan Sabines en 2006, y el senador del Partido Verde y vinculado a Televisión Azteca, Luis Armando Melgar.

Las disputas por Morena tienen sentido porque este partido podría ganar la gubernatura de Chiapas.

En 2006, Andrés Manuel López Obrador fue el candidato que obtuvo el mayor número de votos en la entidad: 546 mil 43, seguido por Roberto Madrazo, 424 mil 524, y Felipe Calderón, 213 mil 749. Ese impulso le permitió a Juan José Sabines Guerrero convertirse en gobernador.

En las elecciones de 2012, AMLO incrementó en 89 mil 132 sus votos, pero fue derrotado por Enrique Peña Nieto por una diferencia de más de 300 mil sufragios.

Si Andrés Manuel mantiene el crecimiento de 2006 a 2012, que fue del 16 por ciento, en 2018 podría alcanzar 730 mil votos, suficientes para empujar a su candidato o candidata al gobierno local. Tampoco es que la inercia sea automática, porque si bien Sabines obtuvo siete mil 227 votos más que AMLO, María Elena Orantes recibió un 45 por ciento menos. 

Aun así, Morena es un partido atractivo, porque aunque Andrés Manuel perdiera la presidencia de la república, el gobierno de Chiapas, con un buen candidato o candidata, podría ser para esa esa agrupación política. El crecimiento de Morena no sería una sorpresa. De 2009 a 2015, el Partido Verde aumentó un 668 por ciento al pasar de 87 mil 962 a 676 mil 328 votos.

Durante muchos años se dijo que Chiapas era priista. En cada visita de Carlos Salinas de Gortari a la entidad, Patrocinio González Garrrido presumía que el 89.93 por ciento de los chiapanecos se había inclinado por él en las elecciones presidenciales, el porcentaje más alto del país.

Pero más que un bastión profundamente priista, lo que emerge en Chiapas es cada vez más votantes coaccionados por programas sociales y entregas de despensas. Votantes y candidatos que van de un partido a otro, según sean los intereses de los gobernantes. El estancamiento del PRI, en alrededor de medio millón de votos, y el crecimiento exponencial del Partido Verde muestran esa debilidad del sistema de partidos, seguramente la mayor en el país.

En 2015, el Partido Verde siguió creciendo en la entidad: ganó las 12 diputaciones federales, las 24 diputaciones locales de mayoría, 80 de las 122 presidencias municipales solo o en alianza con el PRI, y aportó el 24.8 por ciento de votos verdes a nivel nacional. 

En un escenario en donde los tres principales partidos (PRI, Partido Verde y Morena) presentaran candidatos propios, el resultado sería muy estrecho (unos 700 mil votos para el ganador), de una lista nominal de un poco más de tres millones de electores y una participación cercana al 60 por ciento (unos dos millones de votantes).

AMLO no se ha declarado a favor de ningún aspirante, y es posible que lo haga hasta el último momento, como en 2006, cuando pocos días antes del nombramiento oficial de candidatos, se decidió por Juan Sabines, quien figuraba como precandidato al senado de la república por el PRI.

Chiapas es muy importante para Andrés Manuel López Obrador porque ha sido uno de los cinco estados que le ha proporcionado el mayor número de votos en las dos elecciones presidenciales pasadas, y es posible que para 2018 suceda lo mismo. 

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Cuadros elaborados con datos proporcionados por el INE e IEPC-Chiapas. 

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Cuadros elaborados con datos proporcionados por el INE e IEPC-Chiapas. La columna de 2015 corresponde a la elección de diputados federales y las otras, a gobernador. En las elecciones de 2000 y 2006, las cifras atribuidas al PRI y PRD son por la alianza que encabezaron en su momento.

Sarelly Martínez Mendoza