
El pasado 6 de febrero se anunció la creación del “Centro Nacional de Diseño de Semiconductores” como parte de un programa de desarrollo llamado Kutsari. Y aunque en gobiernos anteriores ha habido esfuerzos similares para impulsar el “desarrollo tecnológico” en nuestro país, con resultados generalmente nulos, tener un nuevo programa, es una buena noticia para la comunidad de científicos en México. Al menos la actual presidenta, quien ejerció como investigadora en ingeniería en la UNAM, parece conocer la importancia de la existencia de grupos dedicados a la ciencia dentro de las universidades para apoyar el potencial desarrollo del país. Y digo “apoyar el potencial desarrollo” porque éste no se dará si no hay políticas nacionales apropiadas, si no hay simultáneamente inversión del sector privado, y si no hay acciones del gobierno además de los grupos de académicos y científicos en los centros de investigación y en las universidades nacionales. Nuestro atraso industrial en el sector de la electrónica, de las energías limpias, de la biotecnología, de la inteligencia artificial y otros, que sería largo enumerar, es de varias décadas, haciéndonos cada vez menos competitivos con la industria de los países desarrollados como las de Estados Unidos, Europa, Japón, etc.
Países como Corea y China, uno más pequeño y otro más grande que México, pero que tenían un atraso similar al nuestro hace treinta años, decidieron desde entonces cambiar su paradigma, y planearon su desarrollo a largo plazo. Ahora China y Corea son los grandes competidores con los países desarrollados antes mencionados. Tanto así que, en parte, han influido en los cambios políticos recientes a nivel mundial. Por ejemplo, la guerra de los aranceles es porque ya hay competencia industrial entre esos países. México, en cambio, no ha tenido esa planeación de largo plazo, sino sólo gobiernos con buenas intenciones sexenales, unos más corruptos que otros, pero con resultados similares en cuanto a nuestro crecimiento económico, medido en PIB per cápita. Esto nos condena a una cada vez mayor dependencia, a ser maquiladores para las empresas transnacionales y a ser un mercado esencialmente consumidor para esas industrias. O sea, un país con un PIB per cápita cada vez más alejado de aquel de los países desarrollados, causando la necesidad de esa migración que ahora se nos revela como una debilidad ante la irracionalidad de los dirigentes en el país vecino, que llaman delincuentes y criminales a nuestros compatriotas migrantes.
Por eso, lo mejor que se puede hacer es asegurar que el nuevo desarrollo industrial en nuestro país sea planeado a largo plazo, de forma que su realización no se vea interrumpido por los cambios de gobierno sexenales, sean estos o no del mismo partido. Pero lo planeado tiene que realizarse mediante políticas nacionales con incentivos para el establecimiento de la nueva industria, y con atracción de talento y generación de conocimiento que evolucionen conjunta y coherentemente con el desarrollo planeado. En pocas palabras, requerimos de una visión global de los problemas nacionales, con una participación integral (gobierno, legisladores, inversionistas, académicos, etc.) en su solución. Actuar de manera sectorial y sexenal sólo nos lleva a seguir siendo el país dependiente, dispuesto a mandar miles de efectivos de la Guardia Nacional a nuestras fronteras, ante la amenaza de aranceles por parte de gobernantes en los países vecinos.
También por eso debemos estar dispuestos a percibir señales que nos indiquen posibles proyectos que puedan estar surgiendo más por buenas intenciones que por un interés de verdadero desarrollo planeado y de largo plazo. Un Centro Nacional de Diseño de Semiconductores causa dudas sobre su objetivo al no tener incluso el nombre apropiado, pues lo que se anunció en realidad es un centro de diseño de circuitos integrados, y no de semiconductores. Confundir nombres implica también confundir objetivos y alcances en el largo plazo. Implica, además, no informar apropiadamente a los ciudadanos que no tengan el conocimiento que les permita diferenciar esto. Seamos un poco más claros: los materiales semiconductores son aquellos que, como su nombre lo indica, tienen propiedades intermedias entre los buenos conductores, como los metales, y los aislantes, como el “vidrio”. Además, tienen características o propiedades ópticas también diferentes a los conductores y aislantes. Pueden absorber y emitir luz (radiación) visible. Por eso, además de los transistores (elemento básico en la electrónica moderna), también se utilizan para fabricar otros dispositivos como las celdas solares (convertidores de la radiación solar en energía eléctrica), y diodos emisores de luz (LED) que son la base de las actuales lámparas o luminarias, las pantallas de los celulares o las de los televisores. Se pueden usar para captar imágenes, sensar presión o gases peligrosos, etc. Es decir, los semiconductores son una parte fundamental de la mayoría de los componentes que usamos cotidianamente. En la actualidad, los circuitos electrónicos integrados, que son parte de los procesadores en las computadoras, se hacen a partir de un semiconductor llamado silicio. Pero la naturaleza nos proporciona muchos otros materiales semiconductores además del silicio, e incluso hoy se sintetizan y fabrican materiales semiconductores que no existen en la naturaleza misma (por ejemplo, CuInGaSe, GaAs, InP, perovskitas híbridas, y muchos otros), pero que son parte de los dispositivos electrónicos modernos, y que tienen funciones como las antes mencionadas. Por lo tanto, contar con un verdadero Centro de Diseño de Semiconductores iría más allá de lo que en realidad se propuso el pasado día 6 de febrero. De igual manera, la industria de los semiconductores es mucho más amplia que la industria de fabricación de circuitos electrónicos integrados, y su potencial económico es también mucho mayor a la de esta última. Por eso es importante que esté claro que no se debe llamar Centro Nacional de Diseño de Semiconductores a lo que debiera llamarse un Centro de Diseño de Circuitos Integrados basados en silicio. Incluso se mencionó que Kutsari significa “arena”, haciendo referencia a que el silicio se extrae de la arena.
En la presentación se hizo notar que el Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del IPN (Cinvestav) en su unidad Guadalajara y el Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica (INAOE), en Puebla, serían líderes en el mencionado proyecto, dada su experiencia de más de cuarenta años en el diseño de circuitos integrados, que incluso ya han generado productos para la industria. Pero, ante la confusión de términos, los investigadores que trabajan en semiconductores se han preguntado por qué otros centros no han sido involucrados. Por ejemplo, el Instituto de Física de la UNAM, o centros de investigación en otras universidades (Veracruz, San Luis Potosí, Baja California, Zacatecas, etc.), o incluso el Cinvestav en Ciudad de México, cuyos Departamentos de Física y de Ingeniería Eléctrica iniciaron el trabajo en semiconductores y en dispositivos con semiconductores hace más de sesenta años. La razón nuevamente es que no se trata de un Centro de Diseño de Semiconductores sino de un Centro de Diseño de Circuitos Integrados, como ya se explicó antes.
Por lo tanto, la propuesta aquí es que se nombre adecuadamente el Centro de Diseño recientemente propuesto, y el cual se ideó desde el sexenio pasado, como respuesta a la posible relocalización de la industria de circuitos integrados desde China hacia Norteamérica. Algo que ahora es incierto ante las nuevas políticas de Estados Unidos. Sin embargo, podemos estar de acuerdo con que un Centro Nacional de Diseño de Circuitos Integrados puede ser atractivo para esta industria, independientemente de donde se fabriquen y ensamblen. Es claro que se tendría que competir con centros similares en otros países como India, Brasil, Rusia, etc.
Finalmente, se pueden hacer varias preguntas, ¿no puede México planear una industria propia de materiales y dispositivos basados en semiconductores que no implique los niveles de inversión requeridos para una industria de circuitos integrados? ¿No puede México planear industrias nacionales en los campos de la biotecnología, de la inteligencia artificial, de las fuentes renovables de energía (celdas solares), de los sensores y otras? ¿Tenemos que esperar a que la industria transnacional quiera relocalizarse y venir a México porque no hay inversionistas mexicanos que quieran competir en este tipo de industria de alta tecnología?
Mientras nos sigamos confundiendo a nosotros mismos, y no haya la planeación integral de largo plazo para el desarrollo de nuestra industria, seguiremos condenados a la dependencia maquiladora, con un crecimiento económico insuficiente para el necesario y verdadero desarrollo de nuestro país.
Arturo Morales Acevedo
Profesor titular del Departamento de Ingeniería Eléctrica del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del IPN (Cinvestav) e Investigador Nacional Emérito (SNI).