Cacaposteo: ¿humor o herramienta política?

El shitposting o cacaposteo es una forma poco convencional de hacer política digital por medio de la saturación de imágenes y conceptos. Muchas veces utiliza como fachada elementos de humor y de crítica social. En la actualidad lo podemos ver expresado en diversas cuentas de redes sociales. En ocasiones estas publicaciones tienen implicaciones políticas, informativas y sociales y en contextos electorales pueden ser aprovechadas para desestabilizar el mercado informativo al generar caos y desinformación.

Al ser una práctica relativamente nueva, existen poca información y estudios sobre el tema. Incluso resulta complicado encontrar una definición concreta y sencilla del cacaposteo. De acuerdo con el Urban Dictionary, el cacaposteo es una publicación “rara” que busca insultar o retar alguna norma de forma divertida. El periódico español El País ha generado sus propias interpretaciones de lo que es. Por su parte, la BBC al tratar de explicar el fenómeno mismo fue acusada de incurrir en cacaposteo también, lo cual la hizo sujeta a críticas y ataques de otros medios, que acusaban a la editora Laura Kuenssberg de no haber hecho bien su trabajo de investigación, o simplemente de no entender la “cultura de internet”. 

Ilustración: Patricio Betteo

El cacaposteo cuenta típicamente con ciertos elementos del antihumor o el metahumor, los cuales consisten en generar diversión o risa por medio de algo que no es chistoso como tal.

Un precursor podría haber sido el comediante Andy Kaufman, cuyo sentido del humor creaba caos y controversia: como lo personifica Jim Carrey en la película Man On The Moon, la persona pública de Kaufman era capaz de retar a luchar a mujeres por considerarlas “inferiores”, cuando todo era parte de un elaborado comentario social.

Este tipo de antihumor suele dejar al espectador con una sensación de confusión ya que muchas veces es solo el comediante, y no el público, quien parece entender su propio humor.

El cacaposteo ha llegado a engendrar debates sobre los límites de lo políticamente correcto y la libertad de expresión. Una manera de entender este fenómeno es a través de la ventana de Overton. Nombrada en honor al ingeniero Joseph P. Overton, la ventana plantea que existe un espacio –a manera de ventana– que enmarca el rango de mensajes, políticas e ideas aceptables para la opinión pública. Lo que está fuera de esta “ventana” se puede catalogar como extremo o radical. El shitposting, en su mayoría, juega en las orillas de este rango, retando constantemente al espectador a evaluar lo que es válido (o no) de expresar.

Fuente: @TripsPrecarios.

Por ejemplo, esta imagen compartida por la cuenta @TripsPrecarios en Instagram asocia temas propios del ámbito privado y los incluye en el marco de lo político, de una forma que no acaba de ser clara pero nos hace sentir que “algo alcanzamos a entender”.

Una de las fortalezas del shitposting radica en su facilidad y rapidez para ser elaborado y transmitido. Por el bajo o nulo costo de creación de estas imágenes, sus autores son capaces de crear cientos de estímulos rápidamente. Es similar a lo que sucede con los memes: parecen brotar de la nada.

Ahora bien, el cacaposteo puede utilizarse como un ataque reiterado a nuestra capacidad de procesar y dar sentido a las imágenes políticas que consumimos. ¿Cómo funciona este fenómeno? Nuestra mente solo puede atender y ordenar un cierto número de estímulos al mismo tiempo, si no es capaz de hacerlo los dejará en un estado inconcluso, haciendo que sea difusa la postura que tomemos frente a estos, y producto de ese ataque-saturación la ventana se ensancha, al normalizar la exposición a dicho tipo de mensajes.

Fuente: @somoslanuevaola.

Es común ver cacaposteos que utilizan figuras, iconos, personajes propios de un espacio en el espectro político de izquierda-derecha, pero con mensajes que contradicen las narrativas a las que suelen ir asociadas. Por ejemplo, Bob Esponja equiparando la violación con los hechizos de amor, o a los personajes de la popular teleserie “Betty la Fea” citando al economista y sociólogo Carlos Marx mientras participan en una fastuosa reunión con comida y vino.

Este último meme transitó desde una cuenta de Instagram con menos de 20,000 seguidores a Memelas de Orizaba, quizás la cuenta más famosa de memes en México, que al día de hoy tiene más de millón y medio de seguidores en Instagram. Memelas normalmente funge como un espacio de humor y entretenimiento políticamente neutral; al llevar este tipo de mensajes de espacios menos conocidos a otros con un público más amplio se puede alterar de forma efectiva los rangos de la ventana de Overton.

Cabe mencionar que esta práctica es utilizada por distintas ideologías y muchas veces con una motivación política concreta. En la campaña presidencial de Estados Unidos en 2016, los seguidores de Donald Trump aprovecharon las nuevas herramientas para crear imágenes, videoclips y gifs con mensajes y consignas. El caso icónico es la utilización de “Pepe the Frog” por grupos xenófobos y antisemitas. Este personajefue utilizado como estandarte y lienzo para expresar ideas políticamente inviables y hasta fascistas, en foros como 4Chan y 8Chan (hoy 8kun), e incluso llegó a espacios más comunes como Twitter y Facebook.

Imágenes recopiladas por la ADL Anti-Defamation League sobre el uso de Pepe The Frog.

La diferencia entre los memes políticos, la comunicación política digital y el shitposting es de forma y de fondo. En términos de forma, el meme político suele utilizar herramientas o signos existentes para ayudar a difundir mensajes de grupos específicos en el plano electoral. Cualquier ciudadano de a pie podría entonces usar una foto de su candidato favorito y agregar un mensaje de apoyo. La comunicación política digital es mucho más amplia porque incluye audios, videos, imágenes, interfaces que buscan agrupar y fortalecer a distintos individuos o grupos de la población respecto a temas de la agenda política. Por su parte, el shitposting se identifica por su estilo transgresor, ya que no busca generar un equilibrio visual; es más cercano al glitch, al collage y se reconoce por la saturación simbólica o estética.

En términos de fondo es un poco más complejo trazar la diferencia. En grandes líneas se podría argumentar que el cacaposteo suele ser adoptado por individuos, agrupaciones o entidades que no necesariamente quieren ser reconocidas, pues el anonimato permite mantener la libertad de publicar mensajes en las orillas de la civilidad. Por el contrario, los memes políticos y la política digital suelen ser claramente identificables en su intención y sobre todo en el beneficiario y objetivo del mensaje.

En México, este año estamos por iniciar un periodo electoral sin precedentes donde la tecnología seguirá brindando ventajas competitivas reales a quien la sepa aprovechar. Vale la pena preguntarse qué tanto este tipo de herramientas más marginales han sido ya desplegadas para permitir nuevas narrativas, o qué tanto podrían estar dentro del kit de estrategas y grupos en todo lo ancho del espectro ideológico.

Todavía faltan mayores estudios, pero podríamos suponer que el efecto de la exposición constante a este tipo de mensajes puede generar huellas afectivas, detonar conversaciones que no sucederían o simplemente radicalizar a quién tiene ya una visión específica de lo político.

Hay quien podría argumentar que esta opción da voz a grupos que constantemente son oprimidos o se encuentran fuera de la agenda pública, ya sea por decisión u omisión. Sin embargo, las características del cacaposteo hacen difícil verificar la veracidad de cualquier mensaje, y mantienen en el anonimato a dichos grupos, lo que en principio iría en contra del interés de la representatividad.

En México existen decenas de cuentas de cacaposteo1 que constantemente retan y pelean con el algoritmo. Sus bromas y contenidos juegan en el límite de los términos y condiciones, haciendo de facto que esos términos sean los que tracen el contorno de lo aceptable en la discusión política.

Es entonces un buen momento para continuar el análisis y no menospreciar que con recursos y una buena estrategia electoral de cacaposteo, la agenda política del país podría no solo generar desinformación, sino radicalizarse y ganar más adeptos en cualquiera de sus extremos.

 

Marcelo Torres y José Alfaro


1 Entre ellas encontramos a DripsTensos (y antes a TripsDensos), SomosLaNuevaOla, TripsPrecarios, como buenos ejemplos del fenómeno planteado.

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Publicado en: Política

Un comentario en “Cacaposteo: ¿humor o herramienta política?

  1. Felicitaciones a Marcelo y José por el interesante artículo, es un trabajo que nos ayuda a entender el fenómeno de posteo cada vez más intenso e intrusivo en nuestras vidas. Muchas veces tenemos que decidir de que manera interactuamos con amigos, cmpañeros de trabajo y familiares cuando nos envían posteos desagradables para nosotros.

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