El día después: nuestro once de septiembre

Despertar es siempre una actividad difícil. Entre la rutina y las circunstancias desconocidas, comenzar un día en este país se torna un verdadero acto de fe. Así, las personas intentan vivir ante la incertidumbre de un contexto que a duras penas les proporciona insumos para tener certeza en el futuro.

Ilustración: Víctor Solís

Sin embargo, para muchos ciudadanos, amanecer el 11 de septiembre en México se sintió distinto. Abrir los ojos fue algo parecido a un accidente, como si algo de pronto se hubiera quebrado y la ya de por sí enmarañada realidad se tornara aún más espinosa. Parecería que el presente dejó de tener sentido por unos instantes. Ese es uno de los mayores riesgos de la reforma judicial morenista recién aprobada: su impacto no será palpable una vez que comience la jornada laboral ni tampoco en el corto plazo. Las consecuencias de este error histórico vendrán los próximos meses y los años venideros, cuando nada del sistema de justicia haya cambiado (o incluso empeore) y se compruebe cómo millones de pesos del presupuesto público se desperdiciaron en ocasión de un capricho.

Sin la menor consideración por recibir a las minorías y dejando en claro que la vocación de Morena nunca fue escuchar o aceptar alguna crítica, este nuevo régimen conjuga los peores vicios de los partidos políticos con los renovados discursos populistas.

Aunque muchos partidarios del oficialismo estén felices con la aprobación de la reforma judicial, llenándose la boca de que el pueblo votó por esto y vociferando que sigue siendo un honor estar con Obrador (de la irrelevancia de Sheinbaum mejor ni hablar), lo cierto es que después de ver la forma tan desaseada en que se desarrolló dicho proceso hay poco que celebrar.

Quedará para la historia la alianza de Morena con el Partido Verde, la ayuda que recibieron del INE y del Tribunal Electoral con la sobrerrepresentación, la compra de un par de senadores del PRD, y que, al final, haya sido un panista (que tan sólo hace unos meses llamó “loco y vividor del sistema” a López Obrador) quien inclinara la balanza para aprobar un profundo cambio a la Constitución a deshoras, de espalda a la ciudadanía, entre protestas sociales y granaderos gaseando estudiantes.

Lo que presenciamos el 11 de septiembre de 2024 es un parteaguas en las trayectorias de la política mexicana contemporánea: un antes y un después respecto a una democracia que durante los últimos treinta años pretendimos adjetivar como constitucional.

Cabe recordar que tener la mayoría no significa tener la razón, o acaso permitirse cualquier burdo atropello. Habrá que decirlo claro: políticamente los de Morena consiguieron lo que pretendían, pero moralmente se han humillado. Sus supuestos baños de pureza no bastan para limpiar su cochinero, ni para decir que son diferentes.

La obstinación de un presidente irresponsable ha llevado a la deriva la paulatina construcción de un mejor sistema de justicia en México. Termina un ciclo en ocasión de un cambio de régimen político guiado por la venganza, la improvisación y las ocurrencias.

Mientras millones de individuos conviven cotidianamente con la impunidad y la inseguridad, gobernantes y gobernados se desentienden de los sistemas de justicia para dejarse guiar por la arbitrariedad y la ley del más fuerte. Es momento de que Morena se haga cargo de su desastre y sus mentiras.

Tal vez, en lo inmediato, la única ley que valga sea la del hielo, aquella que exige ignorar a quienes soberbios y borrachos de poder creen que le han hecho un favor al país con esta pésima reforma, a esos pseudojuristas que se cansaron de desinformar y maquinar falacias en favor de sus propios intereses.

Ya vendrán otros tiempos para seguir adelante, reinventarse e imaginar mejores escenarios. Por lo pronto se torna un imperativo democrático dejar registro de lo sucedió y exhortar un debate serio sobre aspectos críticos del sistema de justicia como el uso indiscriminado de la prisión preventiva oficiosa, la militarización de la seguridad pública, la regulación de la profesión jurídica, las defensorías públicas o el trabajo de las fiscalías.

Frente a la desinstitucionalización y la indiferencia gubernamental, no queda más que replantear el trabajo realizado desde diferentes trincheras y organizarnos de otras formas. Hoy, una vez más, se acaba el día con los ánimos por los suelos, asumiendo que la orquesta del Titanic ha dejado de tocar, pues México es un país más autoritario… Pero mañana, cuando otra vez tengamos que despertar y enfrentar la realidad, habrá que seguir, pues, como diría un clásico, “vencieron, pero no convencieron”. De eso, precisamente, depende la estructuración de una verdadera democracia y el futuro del Derecho.

 

Juan Jesús Garza Onofre
Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM y profesor de Derecho Constitucional en El Colegio de México

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Publicado en: Política

2 comentarios en “El día después: nuestro once de septiembre

  1. ¿No hablarán de la defensa del castillo de chapultepec, los niños he´roes, el batallón de san blas, el batallónd e san patricio, del grito de hidalgo, de los sentimientos de la nación?

  2. El 11 de septiembre cuando la República, la democracia y estado de derecho perdió. Espero que los partidos de oposición tomen responsabilidades de lo que no hicieron y dejaron de hacer a tiempo, a la sociedad civil, la mayoría, despierten y dejen la apatía a un lado, muy probablemente despertarán, cuando comiencen afectarlo. Por el bien de todos que la economía no se estrese y tengamos consecuencias, sobretodo a los jóvenes. Despierten

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